La nueva vida. Lecturas de Orhan Pamuk.

MUJER LIBRO CABEZA

A los fanáticos de los libros, nos suceden algunas experiencias sensoriales que provocan extrañeza en nosotros mismos, y creo son de tal intensidad y naturaleza que lindan con la alucinación y el delirio. Pero debo confesar que me parecen bienvenidas las percepciones extremas provocadas por un libro!! En estos días, tratando de salir un poco de mi rutina de lecturas digitales, palimpestos y hojas en blanco donde garabateo las impresiones que me dejan mis lecturas  neuro-psico-pedagógicas diarias, me sorprendí gratamente al “chocarme” con un libro de Orham Pamuk. Lo empecé a leer anoche, pero quería compartir con Uds unas primeras ideas del autor con las que me siento muy identificada, y estoy segura, los amantes de la lectura y de los libros también se sentirán “tocados” de algún modo. Bueno, ahora les dejo para que las palabras de Pamuk empiecen a “burbujear”  en su alma, a tomar vida propia en la singularidad de cada uno de Uds; espero que deseen hacerlas una partecita suya también. Un abrazo. Silvia.

“Un día leí un libro y toda mi vida cambio. Ya desde las primeras páginas sentí de tal manera la fuerza del libro que creí que mi cuerpo se distanciaba de la mesa y la silla en la que estaba sentado. Pero, a pesar de tener la sensación de que mi cuerpo se alejaba de mi, era como si más que nunca estuviera ante la mesa y en la silla con todo mi cuerpo y todo lo que era mio y el influjo del libro no solo se mostrara en mi espíritu sino en todo lo que me hacía ser yo. Era aquel un influjo tan poderoso que creí que de las páginas del libro emanaba una luz que se reflejaba en mi cara: una luz brillantísima que al mismo tiempo cegaba mi mente y la hacía refulgir. Pensé que con aquella luz podría hacerme de nuevo a mi mismo, note que con aquella luz podría salir de los caminos trillados, en aquella luz, en aquella luz senti las sombras de una vida que conocería y con la que me identificaría mas tarde. Estaba sentado a la mesa, un rincón de mi mente sabia que estaba sentado, volvía las páginas y mientras mi vida cambiaba yo leia nuevas palabras y paginas. Un rato
después me sentí tan poco preparado y tan impotente con respecto a las cosas que habrían de sucederme, que por un momento aparte instintivamente mi rostro de las paginas como si quisiera protegerme de la fuerza que emanaba del libro. Fue entonces cuando me di cuenta aterrorizado de que el mundo que me rodeaba había cambiado también de arriba abajo y me deje llevar por una impresión de soledad como jamás había sentido hasta ese momento. Era como si me encontrara completamente solo en un país cuya lengua, costumbres y geografía ignorara.
La impotencia que me produjo aquella sensación de soledad me ato de repente con mas fuerza al libro. El libro me mostraría todo lo que debía hacer en aquel nuevo país en el que había caído, lo que quería creer, lo que vería, el rumbo que seguiría mi vida.

Ahora, pasando las paginas una a una, leia el libro como si fuera una guía que me mostrara el camino a seguir en un pais salvaje y extraño. Ayúdame, me apetecía decirle, ayúdame para que pueda encontrar una vida nueva sin tropezar con accidentes ni catástrofes. Pero también sabía que esa vida nueva estaba formada por las palabras del libro. Mientras leía las palabras una a una intentaba, por un lado, encontrar mi camino, y, por otro, recreaba admirado cada una de las imaginarias maravillas que me harían
perderlo por completo.

A lo largo de todo aquel tiempo, mientras reposaba sobre mi mesa y proyectaba su luz en mi cara, el libro me resultaba algo cotidiano, parecido al resto de los objetos de mi habitación. Lo note mientras asumía maravillado y alegre la existencia de una vida nueva, de un mundo nuevo, que se abría ante mi: aquel libro capaz de cambiar de tal manera mi vida solo era un objeto vulgar. Mientras las ventanas de mi imaginación se abrían lentamente a las maravillas y a los terrores del mundo nuevo que me prometían sus palabras, volvía a pensar en la coincidencia que me había llevado hasta el libro, pero aquello era una fantasía que se quedaba en la superficie de mi mente y que no descendía hasta sus profundidades. El hecho de que me volcara en esa fantasía según leía parecía deberse a un cierto miedo: el mundo nuevo que me ofrecía el libro me era tan ajeno, era tan extraño y sorprendente que para no sumergirme por completo en el notaba la necesidad de sentir algo que se relacionara con el presente. Porque en mi corazón se estaba asentando el miedo a que, si levantaba la cabeza del libro, si miraba mi habitación, mi armario, mi cama, si echaba una ojeada por la ventana, no podría encontrar el mundo tal y como lo había dejado.

Los minutos y las paginas se sucedieron, pasaron trenes a lo lejos, oi como mi madre salía de casa y como regresaba mucho después; oi el estruendo habitual de la ciudad, la campanilla del vendedor de yogur que pasaba ante la puerta y los motores de los coches y todos aquellos sonidos que tan bien conocía me parecieron extraños. En cierto momento creí que fuera llovía a cantaros, pero me llegaron unos gritos de niñas que saltaban a la comba. Crei que se abriría el cielo y que saldría el sol, pero en el cristal de mi
ventana repiquetearon gotas de lluvia. Leí la pagina siguiente, otra más, otras; vi la luz que se filtraba desde el umbral de la otra vida; vi lo que hasta entonces sabia y lo que ignoraba; vi mi propia vida, el camino que creía que tomaría mi vida…

Pasando lentamente las paginas penetro en mi alma un mundo cuya existencia hasta entonces habia ignorado, en el que nunca había pensado, que nunca había sentido, y alli se quedo. Muchas cosas que hasta entonces sabia y sobre las que había meditado se convirtieron en detalles en los que no valía la pena insistir y otras que ignoraba surgieron de sus escondrijos y me enviaron señales. Si mientras leía me hubieran preguntado que era aquello, no habría podido responder porque sabia que leyendo avanzaba lentamente
por un camino sin retorno, notaba que había perdido todo mi interés y curiosidad por ciertas cosas que había dejado atrás, pero sentía tal entusiasmo e ilusión por la nueva vida que se extendía ante mi que me daba la impresión de que todo lo que existía era digno de interés. Justo cuando me abrazaba entusiasmado a ese interés, cuando comenzaba a balancear nervioso las piernas, la profusión, la riqueza y la complejidad de
todas las posibilidades se convirtieron en mi corazón en una especie de terror.”

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Orhan Pamuk

La nueva vida.

mujer libro hojas mar

LA VIDA JUNTO A MI HIJO CON AUTISMO.

©Jim Dalyniño juegos trompo

Al decir de Isabelle Rapin, el autismo no es una enfermedad sino una disfunción del cerebro que se manifiesta en el área de la conducta, pero su diagnóstico por sí mismo no determina las causas que lo originaron ni las zonas específicas del cerebro con disfunción. Este desorden de las funciones cerebrales, al igual que en la mayoría, es de 3 a 4 veces más frecuente en varones que en niñas; las razones de esta preponderancia está aún en estudio y la teoría de los efectos de la testosterona en la maduración cerebral el desarrollo intrauterina del sistema inmunológico, no se encuentra validada por la ciencia hasta este momento. Las características propias del niño autista se manifiesta claramente en los ámbitos de su desempeño:

Juegos: Los niños con autismo muestran un cierto empobrecimiento de su juego. Comúnmente, manipulan los objetos en vez de jugar con ellos. Cuando realizan juegos imaginativos, repiten con reiteración llamativa, algún escenario aprendido con anterioridad. Otra de sus características es que tienden a jugar solos, ya que les resulta casi imposible incorporar a otro niño en el juego.

Sociabilidad: Este ámbito es siempre deficiente en los niños autistas, pero puede variar desde el absoluto desinterés por la presencia cercana de otras personas, hasta un esquema de preguntas permanentes al adulto, como manera de interactuar socialmente. También pueden presentar conductas opuestas, según los casos,  que oscilan desde lucir distantes y evasivos hasta entrometerse en el espacio de otros, sin inhibición alguna para tocarlos, olerlos o besarlos. Es un error pensar que todos los niños autistas son incapaces de expresar afecto de manera espontánea; algunos rehuyen el contacto físico alejando a quienes quieran abrazarlos, pero otros, se cuelgan de otras personas, -en general adultos de la familia-, o incluso hasta llegar a ser indiscriminadamente afectuosos con extraños.

Afecto: Sólo una parte de los niños con autismo son severamente aislados afectivamente. En la mayoría de los casos, sólo se trata de un entorpecimiento de la relación afectiva, producto del deterioro de sus impulsos comunicativos. Algunos niños autistas sienten temor de objetos inofensivos como escaleras, rociadores o incluso, algunos juguetes. Otros persisten en la compañía de un objeto de su agrado, como un palo, un trozo de tela o un hilo. Su extrema ansiedad, los lleva a rechazar su cooperación en tareas  que para nada son amenazantes. Respecto de su expresión afectiva, es en general muy lábil: suelen presentar lágrimas, risas o impulsos agresivos, sin motivación aparente. Por otra parte, pueden producir berrinches o comportamientos auto-agresivos, si no se hacen las cosas a su manera.

La familia:

Dado las circunstancias especiales que rodean al niño autista, está claro que el funcionamiento de la familia estará siempre altamente condicionado por sus deseos y particularidades; es probable que sea él mismo quien determine qué almorzará la familia, cuándo es hora de dormir y dónde dormirá cada uno. En la adolescencia, tal vez con mayor conciencia de su aislamiento social y sus limitaciones, es probable que el joven autista presente síntomas de enojo o depresión.

Lenguaje: Una de las mayores preocupaciones de los padres de niños autistas en edad preescolar, es la falta o escaso desarrollo del lenguaje expresivo. Sólo en el caso de niños con Síndrome de Asperger, que suelen hablar a temprana edad, aunque lo hacen con oraciones que han aprendido bien o comerciales televisivos y que repiten de manera estereotipada. Cuando finalmente los niños autistas comienzan a hablar, suelen hacerlo a través de algunas ecolalias, que es la repetición sin sentido de algunas palabras o frases escuchadas en el ámbito adecuado, pero en general, tienen dificultades para comprender el lenguaje conectado. Estos niños suelen acompañar sus juegos con una catarata de discursos inconexos e irrelevantes; en suma, el desarrollo del lenguaje de los niños autistas, se ve severamente retrasado.

Memoria: Muchos niños autistas, tienen una memoria verbal y/o visual, de características sorprendentemente superior a la media. Recuerdan citas textuales, lugares rutinarios recorridos, comerciales televisivos, etc,, aunque esto contrasta con la marcada limitación de comprender y recordar lo que el educador intenta enseñarles.

MENTIRAS Y VERDADES SOBRE EL AUTISMO

1 – Es falso que los niños autistas tienen siempre un menor coeficiente intelectual. Dentro del espectro autista encontramos niños con diferente nivel intelectual.

2 – Es falso que los problemas de lenguaje en niños autistas no tienen solución. Tienen un lenguaje desordenado y requieren terapias específicas.

3 – Para poder contactarnos con ellos, es necesario trabajar cara a cara e inducirlos a mirar, sin llegar a forzarlos para que lo hagan.

4 – Es falso que sólo los médicos pueden detectar el autismo. Los propios padres o luego las maestras de preescolar, suelen ser las primeras personas que detectan características acordes con esta disfunción.

5 – Es falso que el autismo es causado por una mala actitud de los padres. Ésta sólo puede exacerbar o atenuar los trastornos, pero no causarlos.

RECOMENDACIONES PARA TRATAR CON NIÑOS CON AUTISMO.

                             SI                            NO
Reconocimiento y aceptación Negativa y contradicción
Guía, soporte y acompañamiento Culpas, negación, intolerancia
Valorización y sentimientos Rechazo, reclusión, impaciencia
Ambiente predecible y regular Cambio de rutinas y órdenes
Directivas claras de las conductas deseadas Desidia o sobreprotección
Firmeza en las directivas y control verbal Enojo, rigidez y castigos

MI HIJO FUE DIAGNOSTICADO COMO T.G.D., (TRASTORNO GENERALIZADO DEL DESARROLLO). ¿CÓMO DEBO TRATARLO?

Los niños con TGD, funcionan a partir de las sensaciones. Para relacionarse con ellos, sea como papá como así también el terapeuta que trabaja su reeducación, habrá que crear situaciones que lo pongan en contacto con su propio cuerpo y el del adulto. Más tarde habrá una representación gráfica y finalmente, una representación verbal. De esta forma, se estimulará el desarrollo de sus destrezas de conocimientos y su atención focalizada en lo que se le intenta enseñar. Esto le permitirá relacionarse mejor con su entorno y favorecerá el desarrollo de sus destrezas de aprendizaje: imitación, aprendizaje a partir de la observación, etc. Es necesario organizarles el espacio y el tiempo.

Cada niño TGD, debe tener su espacio propio, algo suyo, único, como también organizarles horarios y actividades concretas como referencia.

Es necesario que los padres de estos niños, sepan que el camino es largo y deben armarse de paciencia, amor y entrega. Muchas veces, sucede que lo adquirido se pierde y debemos regresar a un punto anterior, el que creíamos superado. Sucede como en el juego de la oca, que de pronto el dado nos lleva a un casillero que marca: “Retrocede diez casilleros”. Con paciencia, retrocedemos y seguimos jugando con pesar, pero también con la rebeldía y enjundia de un caballero real.

El programa educativo para niños con TGD, debe ser único e individual, a la medida de cada niño portador de este trastorno. Aun así, se trabaja en grupos muy pequeños, de manera de facilitar y apoyar la percepción y transferencia de aprendizaje, a partir de los riesgos existentes con sus conductas fácticas, no reflexivas. Un niño TGD actúa sin la capacidad crítica de evaluar ningún tipo de riesgos, lo que obliga a los adultos a seguir sus pasos de manera constante y permanente. El aprendizaje de la discriminación de actos según sus riesgos, será entonces un factor relevante en el aprendizaje de estos niños.

Los ambientes educativos donde concurran estos niños, deben ser estructurados, previsibles para el niño y sin complejidades. El Dr. Ángel Riviére, un español especialista en patologías del espectro autista, propone contenidos especiales en los programas educativos, orientados especialmente para estos niños; en ellos, resalta con énfasis la importancia de los ambientes adaptados, donde el niño se desarrolla, tanto el hogar como la escuela.

EL JUEGO, ESTRATEGIA PARA EL ABORDAJE DE ESTOS NIÑOS

Los juegos son la manera espontánea más idóneas para abordar las tareas de aprendizaje y obtener el desarrollo de sus potencialidades y habilidades, las que seguirá descubriendo durante toda su vida.

Con estos niños se trabaja creando movimientos con las manos. Por ejemplo, el papá, docente o terapeuta, toma con sus manos las del niño y se realizan acciones conjuntas de movimientos, como tirar, empujar, apretar, enrollar, torcer o golpear, utilizando para ello los juguetes adecuados. También, juegos que requieran sentarse en el suelo y escuchar música. En este último caso, resulta interesante acompañar el ritmo con el cuerpo y con las palmas.  También se puede incorporar un instrumento musical o un juguete con sonido o movimiento, debiendo ponerlo cerca del rostro del niño. Al cabo de unos minutos se frena su marcha o sonido y se le pregunta si desea que se lo vuelva a poner en marcha. Si no hay señales, se repite la acción varias veces, hasta que exista una opción de su parte. Es muy importante, trabajar sobre los estímulos sensoriales; es recomendable utilizar diferentes texturas, (arena, agua y semisólidos).  Los juegos que implican esperar turno, o dar y recibir, son algo complejo para estos niños. Es preferible aquellos que consisten en correr y atrapar al otro, intentando siempre establecer contacto visual y que no se sobresalte.

 Prof. Lic. Mario A. Valdez

Picopedagogía Clínica

Neuropsicología del Aprendizaje