¿QUÉ SUCEDE EN LA PSIQUE LUEGO DE TENER UNA EXPERIENCIA CERCANA A LA MUERTE?

Sobrevivir a un roce con la muerte puede dejar un legado duradero en la psique humana, y quizá nos ayude a entender cómo funciona el cerebro en situaciones límite.

Las experiencias cercanas a la muerte se producen cuando el organismo sufre una conmoción repentina, como un infarto de miocardio, un shock o un traumatismo a causa de una explosión o una caída.

Estas vivencias tienen varios rasgos en común: la ausencia de dolor, la visión de una luz brillante al final de un túnel o el abandono del cuerpo físico para flotar e incluso salir volando hacia el espacio exterior.

Sigue siendo un misterio por qué la mente, que lucha por continuar funcionando ante la privación de sangre y oxígeno, compone un cuadro de felicidad y bienestar en vez de infundirle pánico al individuo.

Ernest Hemingway, malherido de joven en un campo de batalla de la Primera Guerra Mundial por la explosión de un proyectil, escribió en una carta a su familia: «Morir es algo muy sencillo. He visto la muerte y por eso lo sé. Si me hubiese muerto, me habría resultado muy fácil, lo más fácil que hubiese hecho jamás».

Paz más allá de la razón

Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) se producen a raíz de un episodio que entraña un riesgo inminente de morir, como una fuerte contusión, un infarto de miocardio, la asfixia, el shock, etcétera. De cada diez pacientes en parada cardíaca en los hospitales, uno tiene una experiencia de este tipo. Miles de personas aseguran haber vivido algo estremecedor: abandonar el cuerpo maltrecho y encontrarse en un lugar más allá de la existencia terrenal, un reino liberado de los límites del espacio y el tiempo. En muchos casos, la experiencia mística es tan poderosa que induce una transformación permanente en la persona.

Las ECM no son caprichos de la imaginación. Tienen varios rasgos en común: dejar de sufrir dolor, ver una luz brillante al final de un túnel y otros fenómenos visuales, desprenderse del cuerpo y flotar por encima de él, e incluso salir volando hacia el espacio (experiencias extracorpóreas). Puede haber encuentros con seres queridos (vivos o muertos) o con espíritus celestiales como ángeles, un recuerdo proustiano o una revisión autobiográfica de lo bueno y lo malo («me pasó toda la vida por delante de los ojos») y una distorsión de la noción del tiempo y el espacio. Algunas de estas percepciones tienen una explicación fisiológica: por ejemplo, la visión en forma de túnel se estrecha progresivamente porque el flujo sanguíneo decae antes en la periferia de la retina, de modo que allí es donde primero se pierde la vista.

Las ECM pueden ser vivencias positivas o negativas. Se habla sobre todo de las primeras, caracterizadas por la sensación de una presencia arrebatadora, algo empíreo o divino. Una desconexión radical entre el deterioro físico y la sensación de paz y comunión con el universo. Pero no todas las ECM son agradables: algunas son aterradoras, marcadas por el miedo intenso, la angustia, la soledad y la desesperación.

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EL ESTRÉS SOCIAL PUEDE GENERAR MUERTE PRECOZ

hombres q piensan silencio

Las relaciones sociales estresantes en la vida privada se asocian con un aumento de entre dos y tres veces del riesgo de muerte. Las preocupaciones y las exigencias de las parejas y los hijos, y los conflictos en general, parecen los factores de riesgo más importantes.

Los investigadores recogieron datos sobre 9.875 hombres y mujeres de 36-52 años que participaron en un estudio longitudinal danés sobre trabajo, desempleo y salud. Se preguntó a los participantes sobre sus relaciones sociales diarias, sobre todo quién (pareja, hijos, otros parientes, amigos, vecinos) era una fuente de conflicto o preocupación y con qué frecuencia surgían esos problemas. Durante el seguimiento de 12 años fallecieron 196 mujeres (4%) y 226 hombres (6%). Casi la mitad de las muertes se debieron al cáncer, seguido de enfermedades cardiacas, ictus, trastornos hepáticos, accidentes y suicidio.

Alrededor de uno de cada diez dijeron que sus hijos eran una fuente frecuente de exigencias excesivas y preocupaciones. El 9% dijeron que era el cónyuge; el 6% citaron problemas con sus parientes, y el 2%, con amigos. Un 6% afirmó tener siempre o con frecuencia conflictos con su cónyuge o hijos, el 2% con otros parientes y el 1% con amigos o vecinos.

Tomando esto en cuenta, los investigadores calcularon que ese estrés se vinculaba con un aumento del 50% en el riesgo de morir por todas las causas. De esos tipos de estrés, las discusiones fueron lo más nocivo. Las discusiones frecuentes con la pareja, los parientes, los amigos o los vecinos se asociaron con el doble o el triple de riesgo de muerte por todas las causas, en comparación con los que afirmaron que dichos incidentes eran poco habituales.

Artículo completo en :  Revista de neurología