¿Que es el síndrome de Ulises?

desQbre - Psicología y Formación

La emigración ha acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia. Siempre han existido fenómenos migratorios con mayor o menor importancia en las sociedades, y en momentos de crisis económica como la actual, buscar nuevas oportunidades en otros países puede ser una solución. El desarrollo de las sociedades actuales no se puede concebir sin este fenómeno ya que gracias a él la humanidad ha evolucionado en su forma de vida y de ver el mundo, compartiendo experiencias, inventos, avances, pensamientos, valores, etc…

En el fenómeno de la emigración habrá múltiples razones diferentes para cada caso, personales o circunstanciales, pero una razón común es el deseo y la esperanza de comenzar una nueva etapa y lograr una mejora en la vida personal. Si la persona creyera que lo que le espera no va a ser mejor que lo que tiene en la actualidad, no tomaría esa decisión de…

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La Neurosis de Clase, ¿es la patología de la postmodernidad? Por Silvia Pérez Fonticiella y Mario A. Valdez. (*)

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¿Qué es la neurosis de clase ?

Para Laplanche y Pontalis (1971): “El psicoanálisis define a la neurosis como una afección psicogénica, cuyos síntomas son la expresión simbólica de un conflicto psíquico que tiene sus raíces en la historia infantil del sujeto y constituye compromisos entre el deseo y la defensa.”

De Gaulejac acuñó el término: “Neurosis de clase”, para describir cómo se establece en la subjetividad, un vínculo muy estrecho entre la trayectoria social de las personas y las dificultades psicológicas que enfrentan, debido a los fenómenos de movilidad social que caracterizan a la sociedad actual. Estos fenómenos de desplazamiento social pueden tomar formas diversas: cambios de oficio ligado a fluctuaciones de la producción, cambio de la zona de residencia en procura mejores opciones o también ligado a procesos de ascenso y descenso social, entre otros casos, pero que muchas veces implica abandonar el lugar de origen con largo tiempo de arraigo.

La denominación neurosis de clase no se refiere a una patología de grupo ni a una patología de la sociedad en su conjunto; las neurosis siempre son individuales, aunque en determinado momento algunas clases sociales pueden desarrollar síntomas neuróticos entre sus miembros. Se trata, en general, de un cuadro clínico característico de los individuos cuyos trastornos se relacionan consciente o inconscientemente con un desplazamiento social.

Para de Gaulejac, el término Neurosis de clase especifica un conflicto que emerge de la articulación entre la historia personal, la historia familiar y la historia social de un individuo. Por lo tanto, el término se utiliza metafóricamente para describir un tipo de funcionamiento psíquico y no un tipo de funcionamiento colectivo; tampoco es una tipificación nosográfica, sino que tiene valor descriptivo. Por su parte, para comprender el desarrollo de los trastornos neuróticos, tenemos que manejar la noción de estructura y la noción de conflicto: Una estructura es un sistema de transformación que incluye leyes y que se conserva y se enriquece por el juego mismo de las transformaciones; la estructura incluye totalidad, transformación y autorregulación. (Ej. El aparato psíquico). La persona es una estructura, un conjunto organizado de partes interdependientes, regido por el equilibrio interno y el ajuste externo y por ello, tiende a la coherencia y a la permanencia.

En cuanto a la noción de conflicto, se caracteriza por la oposición en el sujeto de exigencias internas contrarias. El psicoanálisis considera al conflicto como constitutivo del ser humano. Por lo tanto, hay neurosis desde el momento en que los conflictos relacionados con la trayectoria social y los conflictos relacionados con el desarrollo psicosexual, se apuntalan recíprocamente y generan un fortalecimiento mutuo.

La psiquis actúa como un filtro que toma de lo social algunos elementos que le llevará a mantener inhibiciones, reforzar defensas y amplificar conflictos internos; recíprocamente, los conflictos sociales a los cuales se ve confrontado, dan forma a su personalidad y resuenan en su funcionamiento psíquico sin que pueda establecerse al respecto, una anterioridad de las influencias.  La neurosis se instala por oleadas sucesivas y el individuo, desde su nacimiento, está inmerso en las relaciones familiares y sociales que condicionan su desarrollo psíquico. De esta manera, la neurosis de clase es al mismo tiempo el producto de conflictos sexuales, relacionales y sociales, que se sostienen unos a otros mediante un sistema de influencia recíproca.

Lo que diferencia a la neurosis de clase de las demás formas de neurosis, es la importancia de los conflictos relacionados con el desplazamiento social. El individuo vive un desfase conflictivo entre su posición objetiva y su posición subjetiva, desfase que influirá en su desarrollo psíquico hasta llegar incluso, en algunos casos, a provocar trastornos mentales. Es decir que la neurosis de clase es una forma de neurosis clásica (trastorno psíquico) en la que los factores sociales jugaron un factor esencial; el desclasamiento es en estos casos, uno de los componentes troncales del conflicto inicial que provoca la neurosis. Algunas de las manifestaciones clínicas que caracterizan a este tipo de neurosis son: sentimiento de culpa y de inferioridad, dificultades en la tramitación del Edipo, profusa actividad fantasmática sustentada por el modelo de la novela familiar, como mecanismo de defensa frente a la inferioridad social, aislamiento, repliegue sobre si mismo, entre otros.

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La génesis social de los conflictos psíquicos.

Es importante señalar el carácter autónomo y a la vez heterónomo de los procesos sociales y los procesos psíquicos, pues si bien cada uno obedece a sus propias lógicas y mecanismos específicos, ambos interactúan retroalimentándose permanentemente. En el período de latencia el niño desplaza sus relaciones e identificaciones con los padres, hacia  modelos aportados por el contexto próximo a su núcleo familiar de origen: profesores, amigos y otros adultos, quienes le proveen patrones éticos, sociales, físicos e intelectuales, sobre los cuales erigir nuevas identificaciones.

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En su obra “El yo y el ello”, Freud señala que cuando las identificaciones del “yo” con los objetos sexuales se vuelven demasiado numerosas o intensas, además muchas veces incompatibles unas con otras: “nos encontramos en presencia de una situación patológica (…) que puede producir una disociación del <yo>.”

Especialmente a partir de la latencia, el niño percibe con mayor agudeza las discordancias sociales o ideológicas  como pares de opuestos, cartografiando al mundo en dos regiones: “los de adentro”, constituidos por su  familia y “los de afuera”, quienes siempre parecen mejor que “los de adentro”; el compañerito de banco tiene los mejores padres, la comida en otra casa sabe mejor; de este modo se produce una paulatina desvalorización de los padres, un desinvestimento que tiene como función hacerlo más permeable a la oferta simbólica de la cultura. El niño habrá de elegir entonces entre dos mundos, situación que lo llevará, inconscientemente, a “odiar” a sus padres para poder ser un sujeto de la cultura e integrar nuevas identificaciones.

Para De Gaulejac, será precisamente en esa elección cuando se arraiga el proceso de disociación del “Yo”, del que hablaba Freud. Para el aprendizaje, este es un momento crucial, ya que abandonar en parte las identificaciones originales le permitirá hacer su entrada al mundo del “saber”, de la cultura, del poder, un mundo donde presupone que  “existe una unidad y una coherencia entre las satisfacciones narcisistas, las relaciones objetales y el reconocimiento social.

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Se producen así tensiones entre el “Yo” y el “Súper-yo”, generadas en la dificultad para identificarse con padres invalidados, padres que se vuelven objeto de amor y de odio a la vez, situación que promueve finalmente en el niño, ambivalencia y culpa. Por su parte, las tensiones entre el Ideal del yo y el yo, debido al choque de modelos ofrecidos: los padres y los modelos del contexto exogámico: mundo rico/mundo pobre, mundo culto y distinguido/mundo pobre e inculto, provoca sentimientos de inferioridad y humillación, por el temor a no estar a la altura de la situación. Por su parte la tensión que se produce entre el Superyó y el Ideal del yo, debido a que el primero tiende a la obediencia y sumisión, y el segundo a cuestionar e invalidar las imagos parentales, produce disociaciones y desdoblamiento en el Yo.

Para Vincent de Gaulejac, los fenómenos de movilidad social descriptos por Bourdieu en varias de sus obras, se han acentuado. La exigencia de movilidad impuesta por el mercado laboral, ha llevado a que cada vez más personas tengan que adaptarse a universos sociales diferentes y a tener que enfrentar reconversiones subjetivas, a la vez que  desarrollar estrategias de afrontamiento de los conflictos que generan esos desplazamientos.

Los procesos de dominación que en la sociedad industrial estaban estructurados en torno a las relaciones de “clase”, se ven agravados debido al desarrollo de lo que de Gaulejac ha denominado: “la lucha de los lugares”[1]; este fenómeno se produce en las sociedades híper-modernas donde las diferencias entre las clases sociales se hacen menos visibles debido a que tienen demarcaciones más lábiles o inestables y se vincula a la lucha por el lugar social, por la visibilidad, por la adquisición de una “existencia social” que permita al individuo superar la precariedad profesional, la vulnerabilidad y los conflictos de identidad que los procesos de promoción o regresión social producen en su psiquismo.

PISAR A LOS DEMAS COMPETIR

De Gaulejac define entonces la neurosis de clase como el cuadro clínico que caracteriza a los conflictos psicológicos vivenciados por individuos que cambian de posición en el espacio social. Es decir que no habría un vínculo entre la posición de clase y tal o cual síntoma, sino entre la evolución de las relaciones sociales y los conflictos psicológicos que se plantean los individuos. La sociología clínica propone una perspectiva que permite captar aquellas condiciones sociales como los antagonismos, la lucha por los lugares, las lógicas de segregación y las sutiles relaciones de poder que topografían el espacio social y que se tejen en un entramado conjunto con los conflictos psíquicos que toman su forma singular en cada individuo de un contexto socio-histórico-cultural y económico determinado.

Freud plantea que el sentimiento de inferioridad tiene fuertes raíces eróticas y que:

El niño se siente inferior cuando nota que no es amado y lo mismo ocurre con el adulto. La causa principal del sentimiento de inferioridad, entonces, debe ser buscado en la relación del Yo con el superyó, puesto que dicho sentimiento, al igual que el sentimiento de culpa, refleja la tensión entre ambos” (Nuevas conferencias de introd. al psicoanálisis).

De Gaulejac plantea que si bien es posible considerar que todo conflicto psicológico es mediatizado por el funcionamiento del aparato psíquico, no por ello las causas pueden buscarse exclusivamente en las tensiones entre dichas instancias. Un niño que sufre la humillación de la pobreza frente a sus compañeros de escuela, se ve confrontado con una inferioridad objetiva frente a la cual podrá reaccionar subjetivamente de múltiples formas, especialmente si ha vivenciado la sensación de no haber sido amado o deseado o si considera no estar a la altura de las aspiraciones parentales; en estos casos, los factores psíquicos amplificarán el sentimiento de inferioridad.

También juega un rol importante la forma en que los padres se ubiquen ante las diferencias sociales. Si ellos tienen una postura de resignación, participan de su propia invalidación, internalizan la humillación ligada a la imagen negativa de su posición social, será probable que el niño, por identificación, internalice también el sentimiento de inferioridad. En cambio si los padres no aceptan pasivamente las secuelas de los mecanismos de dominación, evitando funcionar a partir de una lógica de superioridad– inferioridad, el niño aprenderá a diferenciar lo que se relaciona con el estatus social de sus padres y aquello que se relaciona con el estatus afectivo, con su identidad sexual y con su posición narcisista. El niño podría en este caso, instaurar una identificación positiva con sus padres, sin resignarse por ello a reproducir su posición social.

Se delimitan entonces dos niveles de realidad diferentes (social y psíquica) que funcionan según lógicas distintas: la lógica de la dominación social y del poder, para la primera y la lógica del deseo y del amor para la segunda, pero que se internalizan y se influyen recíprocamente. De Gaulejac plantea que es la interacción entre las “raíces eróticas” y las “raíces sociales”, lo que en la neurosis de clase explica el desarrollo del sentimiento de inferioridad.

Desde el marco teórico de la sociología clínica articulado con el psicoanálisis, la desvalorización narcisista que surge en el discurso de algunos pacientes, puede provenir de dos fuentes diferentes o bien de una que reactualiza la otra. De este modo, un niño al que su medio social, escuela, pares, le devuelve una imagen cargada de connotaciones descalificadoras, tenderá a producir una imagen desvalorizada de sí, una desvalorización narcisista que se nutrirá de la desvalorización social.

Silvia Pérez Fonticiella   –  Mario A. Valdez

(*) Extracto del libro de los autores : “La Clínica Psicopedagógica como laboratorio de investigación social” de próxima publicación.

MEMORIA GENÉTICA: ¿CÓMO SABEMOS COSAS QUE NUNCA APRENDIMOS? (Adaptado y traducido al español por la Prof. Neuropsic. Silvia Pérez Fonticiella)

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Leslie Lemke es un músico virtuoso que nunca recibió una lección de música en su vida.  Como “El ciego” Tom Wiggins, un siglo antes de aquél, su genio musical afloró temprana y espontáneamente como algo “ya instalado” en él.

En ambos casos, músicos profesionales pudieron constatar y confirmar que tanto Lemke como Wiggins, sin haber tenido un entrenamiento formal poseían un acceso innato a lo que ellos llamarían: “las reglas” o la sintaxis de la música.

Alonzo Clemons nunca tuvo un entrenamiento formal o una lección de arte en su vida. Siendo niño y después de una lesión en su cabeza, comenzó a hacer esculturas con cualquier material que tenía a mano; en la actualidad, Clemons es un escultor célebre que en menos de una hora puede modelar un espécimen de algún animal que haya visto; cada músculo y tendón están perfectamente posicionados.

Para explicar ese “genio” que le permite un acceso innato a la vasta sintaxis y reglas de diferentes artes: de las matemáticas y de idiomas, sin entrenamiento previo y sin presencia de una discapacidad, la “memoria genética” sería, para el autor del artículo, el Dr. Treffert, una hipótesis plausible. Esta memoria genética formaría parte de los circuitos de memoria más conocidos y reconocidos como los de la memoria semántica y los de la memoria procedural que maneja los hábitos.

La Memoria genética implica, en pocas palaras, habilidades complejas y un sofisticado conocimiento real que se hereda junto con otras características físicas y de comportamiento, más típicos y comúnmente aceptados. En los “sabios” de la música, del arte en general o de las matemáticas, “el “chip” viene pre-instalado de fábrica”.

La Memoria genética no es un concepto enteramente nuevo. En 1940, A. A. Brill cita al Dr. William Carpenter, quien comparó los poderes de cálculo del prodigio de las matemáticas, Zera Colburn, con la maestría de Mozart en la composición musical:

“En cada uno de los casos mencionados, tenemos un ejemplo peculiar de la posesión de una aptitud congénita extraordinaria para cierta actividad mental, que se puso en juego en etapas tan tempranas que debemos excluir la idea de que podría haber sido adquirida por la experiencia y aprendizaje posterior del individuo. Para tales “dones” congénitos hemos acuñado el nombre de intuiciones: apenas puede ponerse en duda que al igual que los instintos de los animales inferiores, esos “dones” son las expresiones de tendencias constitucionales consagrados en el organismo de las personas que las manifiestan”.

En 1910, Carl Jung utiliza el término “inconsciente colectivo” para definir un concepto más amplio de rasgos heredados, intuiciones y “sabiduría” colectiva del pasado.

Penfield, en su libro “El secreto de la mente” de 1978, fue pionero al referirse a tres tipos de memoria. Allí escribe: “Los animales, particularmente muestran evidencia de lo que podría llamarse “memoria racial”, esto sería para Treffert el equivalente a la memoria genética.

El segundo tipo de memoria en la clasificación de Penfield sería la memoria asociada a los reflejos condicionados y el tercer tipo la memoria “experimental”,

Estos dos últimos tipos de memoria serían consistentes con la terminología que comúnmente se aplica a “hábito“ o “procedimiento”. Y finalmente la memoria “cognitiva o semántica”.

En su libro de 1998, “El pasado de la mente”, Michael Gazzaniga escribió:

“El bebé no aprende trigonometría, pero lo sabe; no aprende a distinguir la figura de la tierra, pero lo sabe; no tiene la motivación y especialización para aprenderlo en esa etapa de su vida, pero lo sabe; sabe que cuando un objeto con masa golpea a otro, se moverá el objeto … La gran corteza cerebral humana está llena de sistemas especializados, listos, dispuestos y capaces de ser utilizados para tareas específicas. Por otra parte, el cerebro está construido bajo un fuerte control genético. Tan pronto como se construye el cerebro, comienza a expresar lo que sabe, “lo que viene de fábrica”.

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Utilizando la metáfora de la informática, podríamos decir que el  cerebro viene “cargado” de software preinstalado.

El número de dispositivos especiales que están en su lugar y activos es asombroso. Todo, desde los fenómenos de percepción a la física intuitiva de las reglas de cambios sociales, viene con el cerebro. Estas cosas no se aprenden;  se estructuran de forma innata. Cada dispositivo resuelve un problema diferente;  la multitud de dispositivos que tenemos para hacer lo que hacemos son instalados de fábrica; en el momento en que sabemos de una acción, los dispositivos ya han realizado la misma. ”

El libro de Steven Pinker: La tabla rasa (2003), plantea la negación moderna de la naturaleza humana, refuta las teorías de la “pizarra en blanco” del desarrollo humano. Brian Butterworth, en su libro de 1999, nos  cuenta: ¿Cómo está cableado cada cerebro para las Matemáticas y señala que los bebés tienen muchas habilidades innatas especializadas, incluidos las numéricas que atribuye a un “módulo número” codificada en el genoma humano de antepasados de hace unos  30.000 años atrás.

Marshall Nivenberg, del Instituto Nacional del Corazón, proporcionó información sobre la mecánica de ADN/ARN reales de este conocimiento innato en un artículo titulado “memoria genética” publicado en 1968 en la revista JAMA.

Ya sea llamado memoria genética ancestral o racial, o intuiciones o regalos congénitos, el concepto de una transmisión genética de conocimiento sofisticado va mucho más allá de los instintos; es necesario explicar cómo los  sabios, los prodigios pueden saber cosas que nunca aprendieron.

Tendemos a pensar en nosotros como nacidos con una pieza magnífica y compleja de maquinaria orgánica (“hardware”) que llamamos: el cerebro, junto con un disco duro de gran capacidad pero en blanco (memoria). Lo que hacemos, o lo que comúnmente se cree, es una acumulación y culminación de lo que hemos aprendido y vivido como continuos, que se añaden uno por uno a la memoria. Pero el sabio prodigioso parecer ya viene programado con una gran cantidad de habilidad innata y conocimientos en su área de “software”,  experiencia instalada de fábrica-se podría decir, que da cuenta de las extraordinarias habilidades sobre las que el sabio muestra innata maestría, frente a enormes desventajas de aprendizaje cognitivo y otros que a menudo se le presentan en otras áreas. Es un área de la función de memoria digna de mucha más exploración y estudio.

“De hecho, los recientes casos de “sabios adquiridos” o “genio accidental” me han convencido de que todos tenemos este tipo de software instalado de fábrica”, menciona Treffert. En resumen, ciertas personas, después de una lesión en la cabeza o enfermedad, muestran una habilidad explosiva y a veces prodigiosa en el campo musical, en el arte o en las  matemáticas, las que permanecían  inactivas hasta ser liberadas por un proceso de reclutamiento de las áreas del cerebro todavía intactas y no lesionadas, re-cableando nuevas áreas y liberando una capacidad latente.

Por último, el reino animal ofrece muchos ejemplos de las capacidades heredadas complejas, más allá de las características físicas. Las “mariposas monarca”, cada año hacen un viaje de 2.500 kilómetros desde Canadá hasta una pequeña parcela de tierra en México, donde pasan el invierno. En primavera comienzan el largo viaje de regreso al norte, pero lleva tres generaciones concretarlo. De modo que ninguna mariposa que arriban, ha hecho la ruta del  viaje de regreso antes. ¿Cómo “saben” cuál es la ruta si nunca aprendieron? Tiene que ser un software de GPS como mecanismo heredado, no una ruta aprendida.

Algunas aves como los gorriones, tordos y currucas aprenden sus canciones de escuchar a los demás. Otras especies como los mosqueros y sus familiares, por el contrario, heredan todas las instrucciones genéticas necesarias para ejecutar unas complejas arias. Aunque criado en aislamiento a prueba de sonido, esas aves  pueden dar la llamada habitual a sus especies sin ningún entrenamiento formal o aprendizaje. Hay muchos más ejemplos del reino animal en el que rasgos muy complejos, comportamientos y habilidades, son heredadas e innatos. Llamamos a eso: instintos,  en los animales, pero no hemos aplicado este concepto a las complejas herencias de habilidades y conocimientos en los seres humanos.

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Algunos argumentarán que lo que el sabio prodigioso hereda es la “proclividad” o andamio en el que el aprendizaje se puede aplicar inusualmente rápido, más que el conocimiento mismo, y al igual que en algunas especies de aves se aprenden de otros. Treffert sostiene que el sabio prodigioso es un ejemplo convincente de la herencia genética e instrucciones reales y conocimiento que precede al aprendizaje. Eso no quiere decir que tales habilidades heredadas (la naturaleza) no pueden ser cultivadas, ni mejorada en el ambiente (crianza). Puede ser, dice el Dr. Treffert, pero acuerda con el Dr. William Carpenter, que los sabios demuestran una “aptitud congénita para cierta actividad mental, que se mostró tan temprana en un período de la vida,  como para excluir la idea de que podría haber sido adquirida por la experiencia de la persona”.

Treffert llama a esto la memoria genética y propone que existe en todos nosotros. El desafío es cómo aprovechar esa capacidad latente no intrusiva y sin una lesión cerebral o un incidente similar.

El Dr. DaroldTreffert es un psiquiatra de Wisconsin, USA, que ha estudiado el Síndrome de Savant por más de 40 años. Su más reciente publicación es: “Isla de Genios”. Ha ganado varios importantes premios referidos a publicación de libros de Psicología. El Dr. Treffert fue consultor en la película “Rain Man”, protagonizada por Dustin Hoffman en la que  interpreta a un autista “savant”.

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Para tener las últimas informaciones sobre el Síndrome Savant, visite la “web site” del Dr. Treffert en la Sociedad Medica de Wisconsin.