SEMINARIOS Y CURSOS DE POSGRADO VERANO 2016

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EQUIPO MULTIDISCIPLINARIO- ASISTENCIA, INVESTIGACIÓN, CAPACITACIÓN. NEUROPSICOLOGÍA – NEUROLOGÍA – PSICOPEDAGOGIA- PSICOLOGÍA-  SOCIOLOGÍA CLÍNICA –NEUROCIENCIA  COGNITIVA.

***   Niños – Adolescentes  y Adultos ***

Especialistas en Evaluación Neurocognitiva y Tratamientos de Estimulación Cognitiva 

SEMINARIOS  Y CURSOS  DE POSGRADO   VERANO  2016

Cursos Presenciales                              ENERO 2016.

PRESENCIALES

  • CURSO INTENSIVO DE ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE LAS BATERÍAS DE INTELIGENCIA DE WECHSLER:

 WISC IV – WPPSI III – WAIS III.

Duración: 6 encuentros Total: 25 hs Comienza: 6/enero Finaliza: 10/ febrero.

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  • DIAGNÓSTICO PSICOPEDAGÓGICO CON APORTES DE LA NEUROCIENCIA COGNITIVA.

Duración: 8 encuentros Total: 30 hs Comienza: 7/enero Finaliza: 25/febrero.

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FEBRERO  2016.

PRESENCIAL

  • SEMINARIO : PSICOANÁLISIS PARA PSICOPEDAGOGOS.

LECTURAS E INTERPRETACIONES  PSICOANALÍTICAS EN LA CLÍNICA PSICOPEDAGÓGICA. Del síntoma al deseo de saber.

Duración: 6 encuentros Total 20 hs Comienza: 1/febrero Finaliza: 7/marzo.

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A  DISTANCIA    Y/0    SEMIPRESENCIAL

Cursos a Distancia. Modalidad virtual y también Semipresencial.

  • CURSO INTENSIVO DE ANALISIS E INTERPRETACIÓN DE LAS BATERÍAS DE INTELIGENCIA DE WECHSLER:

 WISC IV – WPPSI III – WAIS III.

            Carga Horaria: 25 hs.  Comienza a partir del 6/enero 2016.


    INFORMES E INSCRIPCIONES : 

 E -mail:   cordobaaprendizaje@gmail.com

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Estos cursos de Verano están destinados a: Psicopedagogos – Lic en Psicopedagogía- Lic en Psicología – Estudiantes avanzados de las respectivas carreras.

 Grupos presenciales reducidos (Hasta 7 personas) de modo de poder brindar mayor atención al intercambio,  inquietudes y perspectivas de los participantes en las diferentes temáticas, y en especial los aportes en los estudios de casos.

 Profesores con amplia formación y experiencia clínica y docente, e invitados especiales acorde a las temáticas tratadas.

 Córdoba Capital – Centro.

 Seminario y Cursos con instancias de Evaluación y Certificación

ATENCIÓN

En   ABRIL 2016 comienza …

DIPLOMATURA EN INTEGRACIÓN SOCIO-EDUCATIVA CON APORTE DE LAS NEUROCIENCIAS en UBP –  Universidad Blas Pascal. (Presencial).

Destinado a: Lic en Ciencias de la Educación, Prof de Educación Especial, Psicopedagogos, Psicólogos, Docentes de educación primaria y secundaria, Docentes integradores, directivos de instituciones educativas y de salud, acompañantes terapéuticos, profesionales y estudiantes avanzados de carreras del campo de la salud y la educación en general.


     INFORMES E INSCRIPCIONES :

UNIVERSIDAD BLAS PASCAL

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 Visita nuestro Blog: http//:cordobapsicopedagogianeuropsicologia.com

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Grupos: Neurociencias Latinoamerica   y Neuropsicologia del Lenguaje.


 Prof. Silvia Pérez Fonticiella

  • Prof en Psicopedagogía. Universidad Blas Pascal
  • Lic. en Psicopedagogía.  Universidad Blas Pascal
  • Lic.  en Psicología. Universidad de la República Oriental del Uruguay. UDELAR.
  • Directora de la Diplomatura en Integración socio-educativa: abordaje de la diversidad en el aula desde una perspectiva multidisciplinar y con aporte de las Neurociencias. Universidad Blas Pascal.
  • Especialista en Neuropsicología. CEIS – Uruguay.
  • Diploma superior en Psicoanálisis y prácticas psicoeducativas. FLACSO
  • Ingeniero en Sistemas. UDELAR.
  • Consultora en Neuropsicología y Neurociencia cognitiva Unidad de Cirugía de Epilepsia Sanatorio Allende.
  • Consultora y Conferencista a nivel nacional e internacional en Neuropsicología y Neurociencia Cognitiva.
  • Especialista en aplicación de Tecnología de Informática y Comunicaciones  a la Educación. Diploma superior Univ. De Cambridge  Reino Unido.
  • Directora IINNUAR Equipo interdisciplinario de Capacitación, Investigación y Asistencia en Neuropsicología, Psicopedagogía, Psicología, Sociología Clínica y Neurociencia cognitiva.
  • Asesora y Supervisora de profesionales en  clínica y  Trabajos de Tesis
  • Experiencia clínica: 25 años.
  • Co-autora de “La clínica psicopedagógica como laboratorio de investigación social” . Aportes de la Psicopedagogía a los nuevos escenarios. En prensa 2015  UBP.

 

Prof. Mario A. Valdez.

  • Prof. en Psicopedagogía.  Universidad Blas Pascal.
  • Lic en Psicopedagogía.  Universidad Blas Pascal.
  • Especialista en Neuropsicología del Aprendizaje. Hospital Italiano de Buenos Aires.
  • Especialista en Neuropsicología del Lenguaje.   CEIS – Uruguay.
  • Docente de la Diplomatura en Integración socio-educativa: abordaje de la diversidad en el aula desde una perspectiva multidisciplinar y con aporte de las Neurociencias. Universidad Blas Pascal.
  • Prof de la Escuela de Arte Poética del Conservatorio Literario de Rosario.
  • Director del Centro de Perfeccionamiento Literario VCP – Córdoba.
  • Director de Talleres terapéuticos de expresión literaria y creatividad.
  • Consultor y conferencista a nivel nacional e internacional en Neuropsicología del aprendizaje.
  • Director IINNUAR Equipo interdisciplinario de Capacitación, Investigación y Asistencia en Neuropsicología, Psicopedagogía, Psicología, Sociología Clínica y Neurociencia cognitiva.
  • Asesoría y supervisión clínica y de Trabajos de Tesis.
  • Co-autor de “La clínica psicopedagógica como laboratorio de investigación social” Aportes de la Psicopedagogía a los nuevos escenarios. En prensa UBP.

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¿CÓMO LEER LAS PALABRAS AHOGADAS DE UN NIÑO? Por Lic. Mario Valdez

El vértigo cotidiano, los desesperantes ejercicios de supervivencia, la sociedad del individualismo, son algunos de los tantos condicionantes que nos impide detenernos a comprender el espíritu de un niño que ahoga en el silencio sus dolores. El escritor José Saramago, en su cuento: “La nieve negra”, exhibió esta “discapacidad” de nosotros los adultos para percibir la claridad y la simpleza de un niño que se expresa, quien seguramente al no ser comprendido o “leído”, se le otorgará la insignia lacerante que tan prontamente otorgamos: -Este niño padece de “tal” patología…, habrá que medicarlo.

En este espacio les invitamos a leer este cuento con detenimiento y atención, para luego pensar cuánto habita en nosotros de la mirada rápida y juicio pronto de la docente del cuento. “La nieve negra” es una herramienta preciosa para releer y en el caso de los terapeutas que trabajan con niños, aplicar en la labor cotidiana. Tómese su tiempo y luego escriba como comentario qué de nuevo ha sentido en la imagen descrita por el genial autor portugués.

 Niña pensamiento

La nieve negra

 Ya sé que estamos fuera de la estación: el invierno se fue, y tenemos ahí el calor, la playa, las sombras de los grandes árboles, el sol duro que nos ablanda, las tardes apacibles, las noches tibias que se ondulan como pesados y blandos terciopelos negros. Hablar de nieve en junio supone una lamentable falta de oportunidad. Pero, como de debajo de los pies se alzan los trabajos, también el azar de los encuentros puede invertir el orden de las estaciones y traer el invierno a los pinos del verano, y hacer que nos traspase un frío terrible que nada será capaz de vencer. Porque, nunca me cansaré de decirlo, hay que tener mucho cuidado con los niños.

Estos minúsculos hijos de los hombres han aparecido a veces en mis crónicas. Y de niños he hablado como quien los conoce bien, porque también uno ha pasado por eso. Y ahora pregunto: ¿qué son los niños? Diez mil pedagogos se disponen a responderme. Dejo de lado, de antemano, sus respuestas, unas porque ya las conozco, otras porque las adivino, y vuelvo a preguntar: ¿Qué son los niños? ¿Qué seres extraños son esos que vuelven hacia nosotros sus rostros lozanos, que nos turban a veces con una mirada súbitamente profunda y sabia, que son irónicos y gentiles, débiles e implacables, y siempre tan ajenos? Tenemos prisa por verlos crecer, por admitirlos en el clan de los adultos sin sorpresa. Nos mostramos impacientes, nerviosos, porque estamos ante una especie desconocida. Cuando ya son nuestros iguales, les hablamos de la infancia que tuvieron (la que recordamos, como observadores desde el lado de afuera) y nos sentimos casi ofendidos porque a ellos no les gusta nada que se les recuerde una situación en la que no se reconocen ya. Ahora son adultos: es decir, otra especie humana.

En esa infancia está, por ejemplo, la historia que voy a contar y que debo a uno de esos encuentros casuales. Y después de reproducida aquí me dirán si no tengo razones para insistir: hay que tener mucho cuidado con los niños. No el cuidado común, el que tiende a prevenir accidentes, esos que bajo tal rúbrica aparecen en las noticias de los periódicos, sino otro tipo de cuidado, más minucioso y sutil. Me explicaré.

Una maestra mandó un día a sus alumnos que hicieran una composición plástica sobre la Navidad. No lo dijo así, claro. Dijo, más o menos, una frase como ésta: “Haced un dibujo sobre la Navidad. Podéis usar lápices de colores, o acuarelas, o papel satinado, lo que prefiráis. Y me lo traéis el lunes.” Que lo dijera así o no, es igual, el caso es que los alumnos llevaron el trabajo. Aparecía allí todo cuanto suele aparecer en estos casos: el pesebre, los Reyes Magos, los pastores, San José, La Virgen y el Niño. Mal hechos, bien hechos, toscos o hábiles, los dibujos cayeron el lunes sobre la mesa de la maestra.

Allí mismo, ella los vio y calificó. Iba marcando “bien”, “mal”, “suficiente”, en fin, el trance por el que todos hemos pasado. De repente, ¡ah, hay que tener mucho cuidado con los niños! La maestra coge un dibujo, un dibujo que no es ni mejor ni peor que los demás. Pero ella tiene los ojos clavados en el papel, y está desconcertada: el dibujo muestra el inevitable pesebre, la vaca y el burrito, y toda la demás figuración del caso. Sobre esta escena sin misterio cae la nieve, y esa nieve es negra. ¿Por qué?

“¿Por qué?, pregunta la maestra en voz alta al niño. El chiquillo no responde. Más nerviosa quizá de lo que aparenta, la maestra insiste. Hay en el aula los crueles murmullos y sonrisas de rigor en estas situaciones. El niño está de pie, muy serio, algo tembloroso. Y, al fin, responde: “Puse la nieve negra porque esta Navidad murió mi madre”.

Dentro de un mes llegamos a la luna. Pero, ¿cuándo y cómo llegaremos al espíritu de un niño que pinta la nieve negra porque murió su madre?

 SARAMAGO, José (1997) “La nieve negra”,

en De este Mundo y del Otro. Ronsel, Barcelona.

Gracias por dedicar su tiempo para nuestra propuesta.

Prof. Lic. Mario Valdez

 

EL LENGUAJE SIMBÓLICO EN LOS CUENTOS INFANTILES – Víctor Montoya

cuentos infantiles

Los cuentos populares son alimentos para el alma del niño, estimulan su fantasía y cumplen una función terapéutica; primero, porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos; y, segundo, porque le ayudan a superar sus ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico, haciendo hincapié en todas las etapas -periodos o fases- por las que atraviesa a lo largo de su infancia.

Cuando el niño lee o escucha un cuento popular, pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud de que el tema de los cuentos le permiten trabajar con los conflictos de su fuero interno. El psicoanalista Bruno Bettelheim ha manifestado que en el campo de la literatura infantil no existe otra cosa más enriquecedora que los viejos cuentos populares, no sólo por su forma literaria y su belleza estética, sino también porque son comprensibles para el niño, cosa que ninguna otra forma de arte es capaz de conseguir. Bettelheim, en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas, afirma que: “A través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado. Aplicando el modelo psicoanalítico de personalidad humana, los cuentos aportan importantes mensajes al consciente, preconsciente e inconsciente, sea cual sea el nivel de funcionamiento de cada uno en aquel instante. Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo, mientras que, al mismo tiempo, liberan al preconsciente y al inconsciente de sus pulsiones. A medida que las historias se van descifrando, dan crédito consciente y cuerpo a las pulsiones del ello y muestran los distintos modos de satisfacerlas, de acuerdo con las exigencias del yo y del super-yo” (Bettelheim, B., 1986, p. 12-13).

Conforme a lo señalado por Bettelheim, no cabe duda de que casi todos los cuentos que provienen de la tradición oral abordan el mismo tema: la sublimación de los conflictos emocionales y los problemas existenciales que aquejan a los niños. No es extraño que las niñas, que son víctimas de abusos sexuales, asocien a sus violadores con los personajes “malditos” de los cuentos populares, cuyos protagonistas -lobos, ogros, gnomos, brujas y otros- se tornan en individuos del mundo real.

Si bien existen libros pedagógicos que ayudan a desarrollar las funciones cognoscitivas del niño, existen también libros que ayudan a superar los traumas psicológicos por medio de la ficción y el lenguaje simbólico, que representa cosas que no están al alcance del entendimiento humano. Ya Carl G. Jung, en “El hombre y sus símbolos”, dice: “usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes. Pero esta utilización consciente de los símbolos es sólo un aspecto de un hecho psicológico de gran importancia: el hombre también produce símbolos inconscientes y espontáneamente en forma de sueños” (Jung, C.G., 1995, p. 21).

La tesis de Betellheim parte de la base de que todos los cuentos populares reflejan la evolución física, psíquica, intelectual y social del niño; por ejemplo, el fracaso del egocentrismo, la soledad y falta de afecto, la satisfacción del deseo (casa de chocolate) y el triunfo sobre el peligro (la bruja) está simbolizado en el cuento “Hansel y Gretel”; el complejo de Edipo en “Blancanieves”; la pubertad en “Caperucita roja”; la rivalidad entre hermanos en “La Cenicienta”; el temor sexual en “La Bella y la Bestia” y el incesto en “Piel de asno”, un tema tabú del que todos saben algo, pero del que pocos se atreven a hablar. El rey y la reina simbolizan a los padres, la flor al desarrollo sexual y la casa a la seguridad y armonía en el hogar. El árbol simboliza la vida, el crecimiento o la maduración física y psíquica del individuo. Así como el perro simboliza la fidelidad, las aves simbolizan la libertad y la ayuda; esto ocurre en el cuento de “La Cenicienta”, cuando su madrastra echa ante ella un montón de guisantes buenos y malos y le dice que los separe. Aunque parece una tarea imposible, Cenicienta comienza, pacientemente, a separarlos y, de pronto, las palomas (los ratones, según otras versiones) acuden a ayudarla. Asimismo, la rama que Cenicienta planta en la tumba de su madre, se convierte en un árbol, en cuyas ramas vive un pájaro que, cada vez que Cenicienta llora, le concede sus deseos; por lo tanto, el árbol y el pájaro simbolizan el espíritu o la reencarnación de la madre de Cenicienta.

En el cuento de “Blancanieves”, justo cuando ésta yace en el ataúd de vidrio, que simboliza su muerte espiritual, tres pájaros acuden a llorar junto a los siete enanitos; la lechuza (pájaro de la muerte y la sabiduría), el cuervo (pájaro de Odín, jefe de las fuerzas oscuras) y la paloma (pájaro de Afrodita, de la inocencia y el amor). Los tres pájaros, aparte de constituir piezas claves en la trama del cuento, simbolizan un número mágico que también aparece en otros cuentos. El genio en Las mil y una noches concede tres deseos a Aladino; tres son las dificultades o pruebas que deben vencer los héroes de los cuentos fantásticos para liberar a la mujer amada y coronar su triunfo; tres veces la madrastra de Blancanieves visita la casa de los siete enanitos. “En su primera visita, disfrazada de una vieja buhonera, intenta estrangular a la hijastra con un corsé (no un “lasito” como dice la versión española), dramatizando su deseo de contrarrestar la pubescencia en proceso de la joven. Blancanieves, medio muerta, es reavivada por los enanos, y el espejo informa a la reina malvada del hecho. En la segunda visita la madrastra le da un peine envenenado, que igualmente la deja ‘como muerta’. El envenenar los cabellos parece ser otro signo de la culpa que la madrastra le achaca a Blancanieves por crecer. Esto es confirmado por la tercera visita, después de que los enanos nuevamente procuran salvarla. Esta vez la madrastra, disfrazada de campesina, le ofrece una manzana ‘con un veneno de lo más virulento’. La bruja come de la mitad blanca para demostrar su inofensividad, pero cuando Blancanieves la recoge y come de la mitad roja, se desmaya con la manzana atorada en la garganta” (Heisig, J.W., 1976, p. 76).

El siete es otro de los números mágicos en los cuentos populares. Ahí tenemos a los siete enanitos en el cuento de “Blancanieves”, quien se convierte en una niña hermosa a los siete años. Siete son los colores primarios, siete los días de la semana, siete los planetas de la antigüedad, siete las virtudes, siete los pecados capitales, siete los misterios, siete las maravillas del mundo y, según el mito de creación, el séptimo día es sagrado y de descanso.

Los animales salvajes simbolizan los conflictos no resueltos y los instintos de agresión. La víbora y el elefante, por su forma, pueden simbolizar la masculinidad, mientras que la manzana (los senos de la madre) es un viejo símbolo del amor y el matrimonio, pero también del peligro y el pecado. En la Biblia se dice que Adán y Eva incurren en el pecado por comer la fruta (manzana) del árbol de la ciencia del bien y del mal. La madrastra de Blancanieves, asaltada por los celos y la envidia, le procura la muerte con una manzana envenenada. De otro lado, el color rojo o colorado de la manzana -simbolismo extensamente repetido en ritos primitivos de la pubertad- representa la menstruación, la culminación de la etapa latente y la maduración sexual; lo mismo que la caperuza roja es un atributo de la primera menstruación de Caperucita roja, quien, aparte de sentirse acosada por la sexualidad masculina, es capaz de concebir y ser madre desde el punto de vista biológico.

La belleza está simbolizada por el color rojo, blanco y negro. De ahí que el cuento de “Blancanieves”, en algunas versiones, comienza con un rey y una reina que viajan por un camino cubierto de nieve, circunstancia en que el rey dice: “Deseo tener una hija blanca como la nieve“, Más adelante, al divisar un hueso lleno de sangre, exclama: “Deseo tener una hija con las mejillas rojas como la sangre“ y cuando ve a tres cuervos, volando a cielo abierto, el rey dice: “Deseo tener una hija con los cabellos color de cuervo”. En otras versiones modernas, el cuento comienza así: Es invierno y la nieve cae como ovillos blancos. La reina está cosiendo junto a la ventana, cuyos marcos están decorados en ébano. De pronto, la reina se pincha en la mano y saca el dedo herido a través de la ventana, dejando caer tres gotas de sangre sobre la nieve. Entonces se dice: “Quiero tener una hija blanca como la nieve, con las mejillas rojas como la sangre y los cabellos negros como el ébano“.

El complejo de Edipo, ese conjunto de sentimientos amorosos y hostiles que cada niño siente en relación con sus padres (atracción sexual hacia el progenitor del sexo opuesto y odio hacia el del mismo sexo, que considera rival), está simbolizado en varios cuentos populares. . Ahora bien, ¿qué es el complejo de Edipo? Según refiere una de las tragedias griegas, un oráculo había predicho que Edipo, hijo del rey de Tebas, mataría a su padre y se casaría con su propia madre, profecía que se cumplió fatalmente. Los psicólogos -a partir de Freud- designan con este nombre la atracción que el niño -alrededor de los 4-6 años de edad- experimenta por el progenitor del sexo contrario.

En los cuentos populares, de un modo general, el conflicto de Edipo está representado por el héroe que mata al dragón para liberar a la princesa; un hecho que simboliza la rivalidad inconsciente que el niño experimenta contra el padre (dragón) y el amor desmedido que siente por la madre (princesa). El conflicto de Electra, a su vez, está representado por Cenicienta y Blancanieves, quienes, en procura de liberar el amor sojuzgado del padre, se enfrentan a la crueldad de la madrastra, figura que, desde el principio, encarna el peligro y la maldad. Empero, valga aclarar que el complejo de Edipo, en algunas versiones adaptadas para los niños, es apenas una sugerencia sutil, debido a que un mensaje más directo podría provocarles angustias y ahondar sus conflictos emocionales.

El tema de la envidia y la rivalidad entre hermanos está simbolizado en el cuento de “La Cenicienta”, quien no sólo es presa del trato inhumano de su madrastra, sino también del odio y la envidia de sus hermanastras. Otros símbolos constituyen el zapato de cristal (en la versión antigua era una zapatilla de cuero suave), que Cenicienta pierde al salir de la fiesta, en la ceniza (símbolo del desprecio y la humillación), en el árbol que planta en la tumba de su madre y en el príncipe que la revive y la toma por esposa.

El narcisismo de la madrastra de Blancanieves está simbolizado por el espejo mágico y la madurez sexual por el corpiño, el anillo y la manzana. Si la combinación del color rojo, blanco y negro es símbolo de belleza, entonces el “Príncipe sapo” y “la Bestia” son símbolos de la agresividad inconsciente de la personalidad humana.

El incesto, al menos como intento, aparece expuesto en “Piel de asno”. Todo comienza con un rey todopoderoso, amado y respetado por su pueblo, y una reina que, sintiendo acercarse su última hora, le dice al rey: “Cuando te vuelvas a casar, júrame que lo harás con una princesa que sea más bella y mejor formada que yo.” El rey le jura que así lo hará. Sin embargo, al cabo de un tiempo, no resiste a la tentación de pensar en la princesa -su hija-, quien no sólo es bella y admirablemente bien formada, sino que sobrepasa en mucho a la reina -su madre- en donaire y encantos. De modo que el rey, seducido por la juventud y belleza de su hija, decide tomarla en matrimonio. La princesa, consternada por la actitud de su padre, le ruega no obligarla a cometer un crimen. Mas el rey no desiste en su propósito y manda a preparar la boda. La princesa pide ayuda a la Hada de las Lilas -su madrina-, quien, para salvarla del dolor y el infortunio, le aconseja pedirle al rey la piel de un asno. Entonces el rey, obsesionado por casarse con su hija, no le niega su deseo y deja matar a su asno preferido. La princesa se disfraza con la piel del animal y huye del palacio sin ser reconocida. El rey moviliza a sus guardias y mosqueteros para dar con el paradero de la princesa, quien se convierte en fugitiva y llega hasta tierras lejanas, donde contrae matrimonio con un príncipe que la pone a salvo del incesto y la conducta perversa de su padre.

La relación de las niñas con su sexualidad está reflejada en varios cuentos. Pero quizás el más representativo sea “La Bella y la Bestia”. La versión más conocida de esta historia cuenta cómo la Bella, la menor de cuatro hermanas, se convierte en la favorita de su padre, debido a su bondad desinteresada y su actitud cariñosa. No obstante, lo que desconoce la Bella es que, al pedir una rosa blanca, pone en peligro la vida de su padre y las relaciones ideales con él, pues la rosa blanca es robada en el jardín encantado de la Bestia, quien, llena de cólera, le impone el castigo de que en el lapso de tres meses debe entregarle a su hija menor, a cambio de poner a salvo su vida. Así es como la Bella se ve obligada a vivir con la Bestia, hasta el día en que, redimido por el amor, vuelve a su condición humana trocado en un hermoso príncipe. De entrada, el cuento simboliza la animalidad integrada en la condición humana, pues en muchísimos mitos y cuentos populares se habla de un príncipe convertido por arte de hechicería en un animal salvaje o en un monstruo, que es redimido por el beso y el amor de una doncella; un proceso que, según el psiquiatra M-L. von Franz, simboliza la forma en que el ánimus se hace consciente. En muchos mitos, el amante de una mujer es una figura misteriosa y desconocida que ella nunca debe ver y al que sólo puede encontrar en la oscuridad. De lo contrario, si enciende una luz y revela su identidad, corre el riesgo de no redimirlo de su condición monstruosa. El ejemplo está en la doncella Psique, quien era amada por Eros, pero tenía prohibido que intentara mirarlo. Eros la visitaba sólo por las noches y desaparecía al despuntar el alba. Las hermanas de Psique le advirtieron que el hombre con quien vivía era un monstruo horrible que no se atrevía a mostrarse a la luz del día. Entonces Psique, curiosa por descubrir el misterio que guardaba su amante, encendió el mechero y se enfrentó a la hermosa imagen del hombre que dormía a su lado. Pero como estaba nerviosa y sorprendida, agitó el mechero y dejó caer una gota de aceite sobre el hombro de Eros, quien despertó y la abandonó por haber visto lo que no debía. De modo que Psique pudo recuperar su amor sólo después de larga búsqueda y muchos sufrimientos.

Cabe añadir que en los cuentos populares, como en gran parte de los cuentos de la literatura infantil moderna, existe una dicotomía maniquea entre los personajes, cuyos atributos representan la bondad o la maldad, dependiendo del rol que se les asigna en la trama del cuento. Las fuerzas del bien están simbolizadas por el protagonista central y los personajes secundarios -el príncipe, las hadas, las palomas y los magos-, entretanto las fuerzas tenebrosas del mal están simbolizadas por los personajes -humanos y animales- que representan la insensatez, la astucia y el peligro, como es el caso del lobo feroz, los gnomos, las brujas y los ogros.