SUJETO, CULTURA Y DIVERSIDAD – Por Mario Valdez

Aceptar y respetar la diferencia, es una de esas virtudes

 sin las cuales la escucha no se puede dar. 

PAULO FREIRE

Desde el momento mismo del nacimiento, el sujeto recibe inscripciones que el semejante instaura, y es allí, a partir de las primeas huellas mnémicas, que se funda el inconsciente. Es decir que, en esos momentos primitivos de la vida humana, el sujeto comienza, sin saberlo, a incorporar cultura, cultura que formará parte de su constitución subjetiva y determinará también, más allá de las experiencias netamente subjetivas, un modo de ser, de aprender, de pensar. A partir de esta premisa, cada uno es “diverso” en el sentido de que al momento de incursionar en la socialización secundaria, será el producto de ese “hábitus”, de esas huellas culturales, de esa lógica propia de su círculo. Cuando utilizo el término “diverso”, lo hago porque consideramos a diversidad a todo aquello que resulta diferente a uno mismo, a nuestra concepción, hábitus y cultura. Para ello, bien lo dice Freire, es necesario el ejercicio de oír y de hablar para poder comprender el mundo de los otros. Escuchar al otro, para apropiarnos de parte de su universo vocabular, entrar en su lógica, en la profundidad de su campo semántico, para que cuando le hablemos, experimente empatía, pueda sentir nuestro interés y nuestra preocupación por comprender sus inquietudes, sus expectativas, sus temores.

Las experiencias llevadas a cabo por investigadoras con compromiso en el campo de la diversidad aportan en ese sentido una visión clara de la incomunicación existente entre la sociedad y la diversidad. El trabajo de Elena Achilli sobre la disputa de los “Espacios urbanos en disputa”, dan cuenta de la “tensión” que se palpa entre las percepciones y representaciones de los docentes en las escuelas que albergan a sectores marginales y la comunidad educativa. Este problema, dice Achilli, trae consigo las dificultades de aprendizajes de niños pobres y aún más en migrantes de culturas diferentes, en especial en este caso de personas peruanas y bolivianas. Graciela Frigerio habla también de los sueños. En tiempos en que la “Modernidad ha muerto”, dice Frigerio, se reconoce que esta era le dio a la escuela fachada, volumen, extensión y la pobló de muchos sueños, tanto en los poderes públicos como en los sujetos sociales. ¿Esos sueños habrán muerto, también? Lo cierto es que las políticas del estado persisten en igualar y fabricar, según aquel efecto Pigmalión, al que se refería Meirieu: “Pigmalión nos da pues, acceso a comprender el mito de la fabricación: todo educador, sin duda es siempre en alguna medida, un Pigmalión que quiere dar vida a lo que fabrica.”, decía Phillipe Meirieu. Pero, en realidad, colide con la verdadera diversidad, la diversidad de sujetos cuya constitución psíquica está empapada de cultura “diversa” y que no es escuchada. No podemos dejar de lado que la escuela, como dice Mariana Karol, es la institución fundamental en la vida del niño, que da cuenta del pasaje de lo privado a lo público, de lo endogámico a lo exogámico; es en este pasaje, -dice la autora-, donde se ponen en juego aspectos de la constitución psíquica del niño y de la continuidad de lo social.

Cada sujeto tiene su manera de expresar, tanto lo que quiere como lo que necesita; en el ambiente escolar, estas diversas formas de “estar en el mundo”, de ser y de pedir, que no siempre pasan por la comunicación verbal, muchas veces no son bien interpretadas, leídas, decodificadas, y justamente, allí se producen “los malentendidos”, la discriminación y la “sospecha”. El carácter único del “yo” se esconde precisamente en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El yo individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar.”, Milan Kundera

Los supuestos sociales respecto a cuáles son las cualidades para enseñar y aprender, lo que se espera que un alumno ponga en juego durante un ciclo escolar, su postura frente a la vida, la clase social a la que pertenece, la escuela a la que concurre, los hábitos de vida que tiene, su etnia, entre otras variables, la mirada social de aprobación o desaprobación, así como los discursos que legitiman supuestos y prácticas discriminatorias,  le van devolviendo una imagen, que el propio sujeto “compra”, sobre la que constituye su idea de sí, y a partir de la que aparece un empobrecimiento y reducción del campo de interés  y de sus niveles de actividad. Ante este “arrinconamiento” del deseo, su expresión en general se reduce a dos formas de expresión, o aquellas formas “socialmente permitidas”, o a las que denotan importantes sentimientos autodefensivos, oposicionistas y que se traducen fenoménicamente como formas de transgresión del orden social, con un componente previsible de violencia. Violencia que sería una forma de externalización de la violencia simbólica o psicológica de la que ha sido objeto. El fracaso escolar produce efectos de desubjetivación que profundizan la devastación subjetiva que suelen padecer los niños socialmente marginados. La desubjetivación es entendida por S.Duschatzky y C. Corea como aquello que hace referencia a «una posición de impotencia, a la percepción de no poder hacer nada diferente de lo que se presenta». No hay cabida para ellos en el seno de la sociedad, como tampoco la hay para sus padres, desocupados en su gran mayoría, otros presos, en definitiva, padeciendo el exilio de los escenarios públicos.

El hombre, a medida que transcurre a través de diferentes etapas de maduración y desarrollo, genera vínculos, que le permite entrar a ese universo discursivo que lo codifica, así se va edificando a través del proceso secundario como autor de su propia diégesis. La narración de ese sujeto como autor, enriquecida por, la potencialidad del mundo de la vida sobre el que se sustenta nuestra capacidad de interpretar: tradiciones, lenguajes, (códigos, presuposiciones), formatos narrativos, mundos posibles, modelos de mundo, se transforma en texto colectivo productor de nuevos símbolos que vuelven al sujeto a través de sus vínculos con los otros.

“Sólo el sujeto puede decidir aprender” pero, aunque a veces quizá haya que renunciar a enseñar, no hay que renunciar nunca a hacer aprender. “Existe el peligro, al descubrir la dificultad de transmitir saberes de modo mecánico, de caer en el despecho y el abandono” (Meirieu 1991).

Eso sería tomar la decisión de mantener deliberadamente a alguien fuera del circulo de lo humano; seria condenarle, por otra vía, a la violencia. Por eso es tan grave alegar la dificultad de “enseñar” a determinados alumnos para justificar una renuncia educativa a su respecto. Por eso hay que intentar escapar al dilema de la exclusión o el enfrentamiento y a nuestro entender, el único modo de conseguirlo es admitir una vez por todas que nadie puede tomar por otro la decisión de aprender.” Cuando la escuela no respeta el origen sociocultural de los niños, desvalorizando sus modismos, sus costumbres, sus creencias, sus valores, o simplemente desconociéndolos, imponiendo un lenguaje, incurre en un exceso de lo que Bourdieu llama, “violencia simbólica”. Podemos observar que el paso de una escuela a otra significa para los alumnos y sus familias, ascender y descender en la jerarquía de las instituciones educativas. “El ámbito educativo desigual, emerge como campo de batalla de sendas luchas simbólicas de clasificaciones o categorizaciones anudadas en torno a los términos de educable-ineducable e inteligente-no inteligente”, Silvia Pérez Fonticiella.

Esta incomunicación, esta falta de voluntad política por resolver el problema de fondo, ha traído como respuesta-paliativo, la asistencia económica para los sectores desfavorecidos. Es innegable que esta asistencia no puede criticarse, pero la naturalización de esta condición de “asistidos” produce una “discriminación positiva” que acalla las voces del reclamo para dar lugar a un discurso “agradecido” que es integrado a la identidad misma de los beneficiarios. El estado, mientras tanto, se ufana por su sensibilidad humana en la asistencia y recoge votos. Las clases dominantes silencian el desvío de sus fondos públicos, dado que esta forma de “paz social” les otorga tranquilidad para continuar con su modo de vida. Los asistidos, mientras tantos reciben la marca social, el estigma que los identifica. Dice Goffman: Las personas que tienen un estigma particular, tienden a pasar por las mismas experiencias de aprendizaje relativas a su condición y por las mismas modificaciones en la concepción del yo, causa y efecto del compromiso con una secuencia semejante de ajustes personales”. Quiero cerrar este trabajo con una frase de Silvia Duschatzky, en referencia a estas políticas focalizadas que parecen haber llegado para quedarse en los escenarios sociales de nuestra América Latina. Dice S.D.: “En los límites de un discurso de rígidas fronteras, se construye la posición de los receptores. Más agradecidos que “competentes”, los destinatarios del plan perciben los beneficios como salvadores y prefieren someterse al conjunto de demandas, muchas veces arbitrarias, con tal de no retornar a la precariedad del punto de partida”

Al modo de Durkheim, todo parece encontrar así un equilibrio surgido del consenso de todos los actores sociales, pero esta no es, ciertamente, la sociedad que soñé y sigo soñando. Los planes asistenciales son cada vez más, los destinatarios de las políticas focalizadas parecen aceptar con agrado su “marginación asistida” y como decía Joan Manuel Serrat: “…y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas…”.

Así las cosas, los actores sociales luchan por posicionarse dentro de sus campos sociales, pero es evidente que nuevos intercambios simbólicos se imponen silenciosamente en nuestras vidas; la pregunta es entonces: ¿Cómo se reconfigura la subjetividad y las formas de representación de lo real, a partir de los nuevos intercambios?; ¿Cómo impactan estas nuevas subjetividades en las prácticas de las enseñanzas?; ¿Qué tipo de sociedad se formará con estas nuevas configuraciones?

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EL ENVEJECIMIENTO CAMBIA LA PERCEPCIÓN DEL DOLOR

El envejecimiento provoca cambios en la estructura cerebral, y con ello, en la manera en que las personas mayores perciben los estímulos dolorosos. Un equipo de investigadores ha publicado un estudio en el cual aportan nuevos conocimientos sobre la evolución de las redes corticales durante el envejecimiento y su relevancia para la percepción del dolor.

Lee la nota completa:

https://www.neurologia.com/noticia/7742/como-el-envejecimiento-cambia-la-percepcion-del-dolor

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¿POR QUÉ ASOCIAR LA NEUROPSICOLOGÍA A LA EDUCACIÓN? – Por Mario Valdez

Todos hemos vivido, aunque los más jóvenes lo han leído, que a hasta hace no tantos años la educación escolar era muy diferente de la que hoy se imparte. Aquélla era rígida, vertical, de discurso unívoco brindado por un docente colocado en un pedestal de “portador del saber”. Lejos ha quedado aquello, por suerte, pero la transición hacia una educación inclusiva, moldeable, dinámica, provocadora de conflicto cognitivo, seductora a los impulsos de aprender, no se logra sólo por una determinación de los tiempos, ni por una decisión de los ministerios, ni sólo con la voluntad del profesional docente. Claro que no. Las transformaciones sociales recorren un largo y espinoso camino de aciertos y errores, de amalgama de lo nuevo, de ensayo y error. En el medio están los docentes de aula, los docentes integradores y también los terapeutas a quienes se derivan los niños con dificultades varias del aprendizaje. Todos, atónitos, buscan afanosamente la inspiración didáctica que allane las dificultades que entorpecen el ansiado camino al aprendizaje de cada niño, cada sujeto que con una historia personal y sociocultural, llega al aula cargado de un imperativo cultural y un deseo cognoscitivo moldeado por la historia de su vida.

¿La didáctica tiene todas las respuestas?

Indudablemente que la didáctica se adapta a las necesidades de la “nueva era” en la enseñanza, pero no tiene todas las respuestas, precisamente porque la subjetividad de cada niño está ineludiblemente ligada a una historia diferente y única. Por lo tanto, nos enfrentamos a habilidades diferentes y dificultades de etiología diferente. Pero, entonces, ¿Qué pueden hacer, tanto terapeutas como docentes? La respuesta no está sólo en la pedagogía ni en la didáctica; la respuesta deberá construirse en forma multidisciplinar. Para ello, capacitarse en Neuropsicología dará a docentes y terapeutas un conocimiento más acabado del origen de las dificultades, su forma de abordaje, su modo de impactar en el aprendizaje y finalmente, le aportará herramientas y estrategias que le permitan desarrollar una “llegada” didáctica que potencie y transforme el vínculo que el alumno realiza con el aprendizaje.

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CUENTO: “BEATRIZ, LA POLUCIÓN” – de Mario Benedetti

Para disfrutar durante el fin de semana

Dijo el tío Rolando que esta ciudad se está poniendo imbancable de tanta polución que tiene. Yo no dije nada para no quedar como burra, pero de toda la frase sólo entendí la palabra ciudad. Después fui al diccionario y busqué la palabra imbancable y no está. El domingo, cuando fui a visitar al abuelo le pregunté qué quería decir imbancable y él se rio y me explicó con buenos modos que quería decir insoportable. Ahí sí comprendí el significado porque Graciela, o sea mi mami, me dice algunas veces, o más bien casi todos los días, por favor, Beatriz por favor a veces te pones verdaderamente insoportable. Precisamente ese mismo domingo a la tarde me lo dijo, aunque esta vez repitió tres veces por favor por favor por favor, Beatriz a veces te pones verdaderamente insoportable, y yo muy serena, habrás querido decir que estoy imbancable, y a ella le hizo gracia, aunque no demasiada, pero me quitó la penitencia y eso fue muy importante. La otra palabra, polución, es bastante más difícil. Esa sí está en el diccionario. Dice, polución: efusión de semen. Qué será efusión y qué será semen. Busqué efusión y dice: derramamiento de un líquido. También me fijé en semen y dice: semilla, simiente, líquido que sirve para la reproducción. O sea que lo que dijo el tío Rolando quiere decir esto: esta ciudad se está poniendo insoportable de tanto derramamiento de semen. Tampoco entendí, así que la primera vez que me encontré con Rosita mi amiga, le dije mi grave problema y todo lo que decía el diccionario. Y ella: tengo la impresión de que semen es una palabra sensual, pero no sé qué quiere decir. Entonces me prometió que lo consultaría con su prima Sandra, porque es mayor y en su escuela dan clase de educación sensual. El jueves vino a verme muy misteriosa, yo la conozco bien cuando tiene un misterio se le arruga la nariz, y como en la casa estaba Graciela, esperó con muchísima paciencia que se fuera a la cocina a preparar las milanesas, para decirme, ya averigüé, semen es una cosa que tienen los hombres grandes, no los niños, y yo, entonces nosotras todavía no tenemos semen, y ella, no seas bruta, ni ahora ni nunca, semen sólo tienen los hombres cuando son viejos como mi padre o tu papi el que está preso, las niñas no tenemos semen ni siquiera cuando seamos abuelas, y yo, qué raro eh, y ella, Sandra dice que todos los niños y las niñas venimos del semen porque este líquido tiene bichitos que se llaman espermatozoides y Sandra estaba contenta porque en la clase había aprendido que espermatozoide se escribe con zeta. Cuando se fue Rosita yo me quedé pensando y me pareció que el tío Rolando quizá había querido decir que la ciudad estaba insoportable de tantos espermatozoides (con zeta) que tenía. Así que fui otra vez a lo del abuelo, porque él siempre me entiende y me ayuda aunque no exageradamente, y cuando le conté lo que había dicho tío Rolando y le pregunté si era cierto que la ciudad estaba poniéndose imbancable porque tenía muchos espermatozoides, al abuelo le vino una risa tan grande que casi se ahoga y tuve que traerle un vaso de agua y se puso bien colorado y a mí me dio miedo de que le diera un patatús y conmigo solita en una situación tan espantosa. Por suerte de a poco se fue calmando y cuando pudo hablar me dijo, entre tos y tos, que lo que tío Rolando había dicho se refería a la contaminación atmosférica. Yo me sentí más bruta todavía, pero enseguida él me explicó que la atmósfera era el aire, y como en esta ciudad hay muchas fábricas y automóviles todo ese humo ensucia el aire o sea la atmósfera y eso es la maldita polución y no el semen que dice el diccionario, y no tendríamos que respirarla, pero como si no respiramos igualito nos morimos, no tenemos más remedio que respirar toda esa porquería. Yo le dije al abuelo que ahora sacaba la cuenta que mi papá tenía entonces una ventajita allá donde está preso porque en ese lugar no hay muchas fábricas y tampoco hay muchos automóviles porque los familiares de los presos políticos son pobres y no tienen automóviles. Y el abuelo dijo que sí, que yo tenía mucha razón, y que siempre había que encontrar el lado bueno a las cosas. Entonces yo le di un beso muy grande y la barba me pinchó más que otras veces y me fui corriendo a buscar a Rosita y como en su casa estaba la mami de ella que se llama Asunción, igualito que la capital de Paraguay, esperamos las dos con mucha paciencia hasta que por fin se fue a regar las plantas y entonces yo muy misteriosa, vas a decirle de mi parte a tu prima Sandra que ella es mucho más burra que vos y que yo, porque ahora sí lo averigüé todo y nosotras no venimos del semen sino de la atmósfera.

FIN

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL – Por Mario Valdez

Hace años, cuando me tocó vivir este problema, el que me alejó de manera casi permanente de mis hijos biológicos, no pude darle la dimensión al problema ni conocer la raíz de este sufrimiento. Más tarde, como profesional, pude explicar que las situaciones emergentes de las separaciones son múltiples, son diversas y que exponen, de manera bien manifiesta, las características de personalidad con las que nos constituimos como sujetos, Características del orden subjetivo, en parte, pero también socioculturales y contextuales.

Las separaciones suelen activar mecanismos hasta entonces latentes y desconocidos, que sólo pueden tramitarse en terapia. Es así que, a la sensación de que el/la otro/a traicionó el amor que se juraron, le sigue una serie de actitudes de ambos lados más ligadas al inconsciente primitivo que a la racionalidad. Como primera medida, debemos hacer pie en un suelo que trastabilla y amenaza con destruir la estructura del hogar, la estructura de la familia constituida y sin dudas, la estructura de nuestra propia integridad psíquica, la que comienza a “soltar” de las amarras aspectos desconocidos de la propia personalidad de cada uno del binomio conyugal. Una sensación de que necesitamos permanecer de pie con dignidad, con fortaleza y con racionalidad, (sin saber que ésta está afectada). Recurrimos entonces a diferentes mecanismos de defensa como un modo de evitar la angustia, la depresión y las heridas de la autoestima: De este modo y sin saberlo, recurrimos a la proyección (ver sus propias dificultades en el otro) , la negación,  (bloquear conscientemente los eventos que no deseamos enfrentar), el desplazamiento, (canalizar la agresión sobre objetos o personas), la represión, (quitar de la consciencia los hechos a los que no queremos enfrentarnos), la sublimación, (la derivación de las pulsiones hacia otro repentino objeto de deseo) y así sucesivamente.

De manera casi infalible, cuando fallan los mecanismos de defensa, nos convertimos en seres fragmentados, dolidos y enojados, sin capacidad de resolver por nosotros mismos la situación de “final” que tenemos por delante y espera para ser resuelta. En el centro del campo de batalla, finalmente, quedan los retazos de las diferencias, pero estos retazos ¿son sólo bienes materiales? Claro que no. Ocupados en permanecer de pie dejamos en el centro del conflicto a nuestros hijos. Personitas que están constituyéndose como personas, como seres individuales y sociales y que se reflejan en el espejo de sus modelos parentales, que somos nosotros, ambos vencidos en una guerra sin sentido ni futuro.

Hasta allí, algunos más, otros menos, es lo que vivimos ante este fin de etapa que no debería ser más que eso: un final de etapa que cada cual elaborará de acuerdo a sus recursos y posibilidades y con la ayuda ineludible de la terapia. Pero cuando no es ésta la dimensión que le otorgamos al problema, los hijos comienzan a tener un inmerecido protagonismo en una lucha inacabada que se prolongará en el tiempo, indefinidamente. Cada uno que haya vivido esta experiencia podrá recolectar de su memoria aquellos recursos a los que apeló en estas situaciones y seguramente, con la perspectiva que otorga el paso del tiempo, comenzará a reconocer que fueron inválidos e innecesarios, como también igualmente idealizada e inexistente, la búsqueda de un poder vacío y cruento que sólo agregó dolor, distancia y desamor. Todos ellos fueron síntomas que configuran un síndrome depredador e innecesario para cada uno de los contendientes y mucho más para los hijos.

Es así como esta lucha, cuando permanece en el tiempo, se alimenta de influir en el pensamiento de los niños con el fin de desdibujar, borrar y finalmente aniquilar del sentimiento de los niños la figura amorosa que puedan haber construido del “otro cónyuge”, contaminando la posibilidad de que ellos construyan o deconstruyan esa imagen a partir de sus propias vivencias.

¿De qué está hecho ese efímero poder que le otorga a cada uno tratar de quitar de su mente a los hijos su imagen arrebatada de ese “papá” o mamá” que ya no convive con ellos?; ¿Qué beneficio real pudo haber conseguido el cónyuge alienador, luego de tanto socavo de la representación ilegitimada del otro?; ¿Qué modelo podremos dejar en nuestros hijos, impelidos a “elegir” entre el bueno y el malo, en una familia que se conformó en el amor de ambos hacia ellos?

El síndrome de Alienación Parental es sólo una muestra de la debilidad yoica, de la falta de autoestima, de una sociedad individualista y competitiva y de la mezquindad de algunos padres o madres que quizá, no debieron serlo nunca.

APRENDER A PENSAR: ¿QUÉ ES EL PENSAMIENTO LATERAL?

El pensamiento lateral es un concepto que creó en 1967 el psicólogo Edward de Bono en su libro El uso del pensamiento lateral. Este tipo de pensamiento busca soluciones a los problemas que no siguen las pautas lógicas utilizadas normalmente, se apoya en ideas que se salen de lo habitual, busca caminos alternativos de resolución. Se trata de un tipo de pensamiento creativo, que escapa de las ideas preconcebidas.

Leer nota completa: https://aprenderapensar.net/2012/12/26/pensamiento-lateral-y-resolucion-de-problemas/

SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL

El SAP puede ocurrir cuando el hijo es influido por un progenitor (progenitor A) para rechazar al otro progenitor (progenitor B).

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un conjunto de síntomas que son consecuencia del uso de diferentes estrategias por parte de un progenitor, en las que ejerce influencia en el pensamiento de los hijos con la intención de destruir la relación con el otro progenitor.

Lee la nota completa:

https://psicologiaymente.com/desarrollo/sindrome-alienacion-parental-maltrato-infantil