Niños!! Desarmen, tiren, exploren … !!!

niños juego soga

Antes de estudiar Psicología, siempre pensé que cuando un bebé tiraba un objeto en forma recurrente, además de querer llamar la atención de los adultos, y buscar a alguien que interactúe con él, su conducta tenía una función exploratoria guiada por una incipiente curiosidad y necesidad de descubrir regularidades de su entorno. Me preguntaba que pasaría dentro de su cerebro, con sus sistemas sensoriales en pleno desarrollo en esa etapa de la vida, pero que debían hacer frente a un mundo que se le presentaría tan inconmensurable para ser abordado desde sus rudimentarias herramientas construidas a partir del ver,  oír, tocar , chupar…

Cuando hace unos años trabajamos en un proyecto de extensión de la UNC con un equipo de colegas del área psi y profesores de la FAMAF , Fac Matemática Física y Astronomía, investigábamos las nociones o ideas que tienen los niños de nivel pre-escolar 4 y 5 años  acerca de regularidades de la interacción de los objetos con la naturaleza y el entorno, las estimaciones cuantitativas previas al signo, previas a la notación matemática, y nos dábamos cuenta por sus respuestas y sobre todo por las preguntas que realizaban  los niños, que , a esa edad ya son “pequeños físicos y matemáticos ” en potencia y  tienen ávida curiosidad y sobre todo gran motivación por investigar y compartir con los adultos sus hipótesis y pensamientos.

Recientes estudios de la Universidad Johns Hopkins publicados en la revista Science sugieren que los bebés elaboran pronósticos sobre el mundo y utilizan esta información para guiar su conducta. Y sobre todo, que aprenden con más entusiasmo de lo inesperado, de la posibilidad de experimentar una interacción con objetos que desafíen la lógica, que requieran desarmar , desmontar una estructura en sus partes para ver como está construida, procurar “desentrañar” que funciones cumplen sus partes.

No me canso de re-leer tampoco las observaciones que hacía Melanie Klein sobre el juego de los niños, o el maravilloso artículo de Freud sobre el juego del Fort-Da, momento inaugural de ingreso al mundo simbólico del niño.

La Psicopedagogía, así como la Psicomotricidad nos brindan numerosas evidencias sobre cómo  las posibilidades de  interacción con los objetos del mundo en la temprana infancia, serán claves para sentar bases sobre las modalidades de aprendizaje del niño a medida que crece, sobre su posicionamiento frente al conocimiento, sobre su apertura o no, hacia la oferta educativa del adulto y sobre su actitud hacia el tránsito a la vida adulta.

Por eso, les pido, padres y educadores, un poco menos de tablets para los niños pequeños ,  y que les ofrezcan  oportunidades de poder reflexionar, de generar conflicto cognitivo, brindándoles objetos que puedan ser chupados, tocados, olidos, que puedan manipular, desarmar, ” de-construir” , porque más allá de la experiencia de “contacto” con el objeto, hay sinapsis reverberando, hay deseo,  hay un ser que quiere aprender… para ser.

Silvia Pérez Fonticiella.
Neuropsicóloga.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos…”

miraa nilña llave

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.. ” escribía Pablo Neruda.

Ya lo decía Freud, hay que escuchar más a los poetas…

A nivel mundial, los profesionales que trabajamos en los campos de la Salud y la Educación estamos francamente preocupados en conocer las diferentes variables que están determinando el incremento creciente de consultas por problemas de atención, de conducta y dificultades de aprendizaje, y las quejas de padres y educadores sobre un fenómeno aun más complejo y difícil de resolver, la poca motivación y compromiso que tienen los niños y jóvenes hacia el estudio.

Ahora, ¿esto es un problema sólo de los chicos?  ¿por qué la sospecha de “enfermedad”, disfunción o trastorno recae siempre sobre los niños y jóvenes?

Si la sociedad cambia, la oferta cultural también, los modelos identificatorios, los modos de vinculación y hacer lazo social entre las personas se modifican…  todo esto retroalimenta, sin duda,  en forma dialéctica transformaciones en los modos de vestir, de actuar, de ser, de pensar, en los modos de percibir la realidad, y por supuesto en los modos de apropiarnos del conocimiento, ¿no es lógico pensar que nuestros niños, nuestro adolescentes, nuestros jóvenes ya no son los mismos que los de generaciones anteriores?

“El modo de la percepción cambia junto con el modo total de la existencia de los colectivos históricos .. ” señalaba Walter Benjamin ya en el año 1936 !!

Si hemos transitado rápidamente del universo del  Homo tipográfico al del  Homo iconográfico, pero los mediadores, docentes, terapeutas, padres, cuidadores y otros actores que se vinculan con los chicos no se adecuan a este cambio vertiginoso, y hablo de una adecuación no solo de los medios, de  usar tecnología u otros recursos didácticos y terapéuticos, sino , fundamentalmente, de reciclar la mirada, la mente, la forma de “ver”  y pensar ¿quién y qué es hoy un niño o un adolescente ? ¿qué necesita el chico de hoy?, ¿ qué le puedo aportar yo hoy,  para acompañarlo en ese difícil trayecto de crecer, y sobre todo de aprender para ser ?

Si fijo la mirada desde el paradigma del “disciplinamiento”, de la “normalidad estadística”, siempre tenderé a ver enfermedad o trastornos en los niños que en realidad se aburren en algunas clases porque no se ha modificado su oferta educativa por años, veré hiperactividad en la movilidad, impulsividad y atropellamiento común que tienen los niños en su infancia, comportamiento oposicionista desafiante en el adolescente que está en búsqueda de la necesaria marca de diferencia durante la turbulenta construcción  de su identidad, veré obstáculos en el alumno que prefiere desarrollar un tema en viñetas, en lugar de hacer una “redacción” o contar un cuento en forma de prosa tradicional.

Los hábitos perceptivos de nuestros niños y jóvenes vienen siendo modelados en gran parte por la cultura multimedial,así como por nuevos diseños de convivencia familiar mediados también por tecnología que se va incorporando con estatus de “escencialidad” a la casa y que obtura el compartir charlas y juegos con los hijos..La forma en que la familia se relaciona ya no es la misma, y el formato escolar, no ha cambiado demasiado desde la escuela de la Modernidad. .Entonces ¿”la mala de la película ” es la tecnología?, claro que no!, un objeto no es bueno ni malo, todo depende cómo el humano lo use;  el problema está en la dificultad de discriminación, racionalización, en el establecimiento de prioridades  y la  puesta de límites a la misma que hagamos los adultos…padres y educadores fundamentalmente. La clave está en el diseño, en la forma que configuro un vínculo con el otro, en la capacidad de sorprender y dejarme sorprender , en que con,  o sin tecnología, la familia y la escuela puedan lograr que el conocimiento, sea cual sea el formato para acceder a él, se vuelva un objeto de deseo para el niño o el adolescente.

Desde la neurociencia sabemos que los cambios en el medio ambiente, nuestros modos de intervenir e interacturar con los modifican el programa genético, sabemos que hay una memoria genética que conserva los cambios del ADN entre generaciones, no será tiempo de usar una suerte de ingeniería genética neuro-psico-pedagógica para provocar cambios reales y actualizados en el ADN del sistema educativo?.

Silvia Pérez Fonticiella.
Neuropsicóloga.

ESE GRAN DESCONOCIDO… LO FAMILIAR…

NIÑA JUEGO MUÑECAS

Señalaba Hegel, ” Lo familiar no por ello nos es conocido”, y esta frase bien la podemos aplicar al niño.  Desde muchas disciplinas y prácticas humanas se lo mira al niño, cada una,  procura atrapar un trozo de su realidad y realiza interpretaciones de acuerdo a sus cimientos teóricos, y los objetivos a que responde. Pero si de pronto alguien nos pregunta rápidamente…

¿Qué es un niño?, seguramente nos tomaremos algunos segundos o minutos para responder. Una cascada de pensamientos se deslizará por nuestra mente… ¿desde dónde responder esa pregunta? , ¿Desde lo biológico, desde lo afectivo, desde lo social, desde lo psicológico?

Las investigaciones en Neurociencia Cognitiva, han aportado evidencia científica que los estados emocionales y procesos cognitivos que sustentan al aprendizaje,  (memoria, atención, lenguaje, entre otros), tienen  una base biológica, lo que implica que  cada profesional, cada educador, no debe poner el acento sólo en lo que el alumno no puede, mirando desde paradigmas más tradicionales, sino que debe actualizarse y conocer cuáles son los mecanismos genéticos y neurofuncionales básicos que subyacen al aprendizaje, de modo de desarrollar estrategias didácticas que contemplen la forma en que nuestro cerebro “aprende”, procesa  información y modela formas de respuestas cognitivas y afectivas, frente a los desafíos y conflictos que le presenta el mundo exterior, ya sea en situaciones controladas de aprendizaje formal o en espacios extracurriculares.

    Por eso es muy pertinente la cita de Hegel, porque aquello que nos parece tan cercano, tan cotidiano, no por ello deja de tener complejas dimensiones, lo cotidiano nos cuestiona, nos interpela, nos obliga a seguir estudiando,  a darnos cuenta que en nuestro complejo mundo actual, donde cada vez hay menos mojones de certezas, ya no podemos dar respuestas al ser humano  parados en una sola ciencia, disciplina, o práctica, sin caer inevitablemente en el terreno de la  doxa.

“La sabiduría del niño se expresa en sutiles palabras. ¡Qué pocos son los que pueden comprender su sentido! Si no habla, es que tiene sus razones.” Nos explica Rabindranath Tagore, y cuánto valoraba Freud, la voz de los poetas y escritores.

Sin intentar dar una definición de un ser tan complejo, podemos pensar algunas ideas. Por ejemplo, que el niño es un ser humano cuya especificidad está en la acción, en un movimiento creador de previsibles e imprevisibles novedades, como diría el poeta Paul Valéry. Podemos hablar de previsibilidad, porque como lo estudió Piaget, el niño alternará estadios sucesivos de estructuraciones ordenadas de sus funciones intelectuales y afectivas, de sistemas de acción y representación. Pero también hablaremos de imprevisibilidad,  y creo que aquí está una clave muy importante para comprender al niño; hay un dinamismo creador del psiquismo, hay un potencial cognitivo y afectivo  que excede nuestras previsiones y que toma formas muy particulares dentro de cada pequeño sujeto. Cada niño , investirá representaciones , con una determinada carga afectiva, con determinada energía libidinal, y des-investirá otras; hará “elecciones”, seleccionará a qué atender y a qué no, y todo esto estará co-determinado, no sólo por sus aptitudes , por su código genético, por su particular cableado neuronal, sino también por su inconsciente, y por toda una herencia cultural y generacional.

Tanto la sociedad como la familia canalizan deseos, imponen prohibiciones, proponen ideales y modelos de identificación que van conformando un ethos social que se hace parte del entramado de la personalidad. Las sucesivas generaciones inscriben sus huellas en cada uno de los miembros de una familia, modos de vida, modos de afrontamiento de los conflictos , modos de interrogarse por quiénes son, formas de circulación de la información, de lo que se dice y de lo que no se dice, paradigmas científicos, costumbres y valoraciones.

Por lo anteriormente expuesto, sostenemos que responder a la pregunta ¿Qué es un niño?, sólo puede realizarse desde una postura de multidisciplinariedad y esencialmente de des-rotulación,  que aborde los diferentes avatares de un sujeto histórico, neuroplástico, un ser que se “narra” con otros, y cuya característica destacada , es la imprevisibilidad, la sorpresa, la posibilidad de vencer sus propios  récords sin necesidad de tener que compararse a tipos ideales, la posibilidad de ser autor y lector de su propia historia de vida.

“Nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos”  E. Galeano

Prof.   Silvia Pérez Fonticiella.
Li.c en Psicología y Psicopedagogía
MP: P-12-4061
Ing en Sistemas.
Esp. Neuropsicología
Consultora en Neurociencia cognitiva.
IINNUAR

¿LA IDENTIDAD SE HEREDA? EL PROYECTO PARENTAL Y SUS CONTRADICCIONES – Por Silvia Pérez Fonticiella y Mario Valdez

hrencia

 “Somos hijos de las propias representaciones que nuestra mente guarda

de aquellos que nos engendraron “.

Silvia Bleichmar.

La familia es un sitio privilegiado en la incorporación de la historia y la fabricación de los “herederos”, la herencia es la estructura de trasmisión que determina el marco en el cual el niño es inscripto y sobre esta base se apoya el proyecto parental, es decir el conjunto de representaciones que los padres se hacen del futuro de sus hijos. El proyecto parental funciona a modo de “correa de trasmisión” de la historia, ya que por un lado impulsa elementos que marcarán la trayectoria posterior del niño y opera como lugar de inscripción del deseo inconsciente de los padres. Funciona a modo de “modelo registrado” en cada niño que se encuentra en la frontera entre el narcisismo infantil y el imaginario parental.

Se registra un movimiento circular dialéctico en el cual se reactualiza la trama generacional, ya que los padres reactualizan lo que han vivido con sus propios padres, perpetuando así cada nueva etapa. El proyecto parental es un proyecto socio-psicológico que trasmite, no sólo los deseos conscientes e inconscientes de los padres respecto a sus hijos, sino también un proyecto social portador de las aspiraciones del medio familiar y cultural, condicionados por el contexto social que favorece u obstaculiza su realización. Es por esto que de Gaulejac enfatiza que este proyecto se actualiza constantemente en la medida que las aspiraciones se modifican en función de condiciones objetivas de realización, así como de la posición social que los padres ocupan; y más importante aun, de la relación que ellos mantienen frente a esa posición.

El proyecto parental se ajusta a las condiciones sociales de existencia, a las que son confrontados los padres en su propia trayectoria, por lo que reflejan sus estrategias de ascenso social y sus temores de descenso. Esta dinámica de trasmisión permitirá comprender la dinámica interna de la historia familiar  y en particular, las contradicciones que van a influir la trayectoria futura de sus hijos.

CONTRADICCIONES DEL PROYECTO PARENTAL

“Los niños han dejado de ser los depositarios de los sueños fallidos de los adultos”. 

Silvia Bleichmar.

Los padres operan a través de dos lógicas diferentes: por un lado incitan al niño a la reproducción y por la otra, lo instan a la diferenciación; su proyecto de transmisión expresa miedos y deseos contradictorios: Miedo a que el hijo llegue a ser como ellos pero a la vez sienten miedo de que sea alguien diferente. La lógica de reproducción conduce a la imitación, al conformismo, pero a la vez desean que el hijo realice todos los deseos que ellos no pudieron concretar. Es decir, que sea “alguien” diferente a ellos. Esta contradicción divide al niño entre el deseo de realizar el ideal de sus padres y el deseo de escapar a la ilusión de ese niño imaginario.

De esta manera, es necesario considerar el proyecto parental como un conjunto contradictorio que propone objetivos a alcanzar y a la vez evitar la ambivalencia de modelos y anti-modelos. El proyecto parental determina identificaciones posibles e imposibles, deseos de logro social, identificación con ciertos modelos e ideologías que estructuran los ideales personales; pero la realidad social impone sus propias lógicas y rupturas que determinan la naturaleza del guión que el proyecto propone.

Aquellos niños que pertenecen a la clases menos favorecidas se ven confrontados a un doble mensaje, ya que si bien los padres desean que tengan mejor calidad vida, desean a su vez que sigan siendo solidarios con su medio y luchen contra las clases dominantes. Esto configura un mensaje contradictorio en sí mismo, ya que se le imprime un discurso que le impulsa a ser burgués, pero por otro lado a luchar contra los burgueses. Ante esta situación contradictoria, el hijo generará “culpa” si no lo logra, por no satisfacer el proyecto parental, pero también culpa si lo logra, por la distancia social que lo distará de sus padres. Esta culpa del niño se contrapone al resentimiento de los padres si el hijo no lo logra, debido a que tomará conciencia de la reproducción de su propia miseria. A su vez sentirán el resentimiento si lo logra porque lo verán adquirir nuevos habitus.

En el caso de las familias de medios conservadores o en regresión existe un fenómeno de peso ideológico que retrasa la evolución de los sistemas de valores, ideas, y la evolución de condiciones concretas de vida. En estos casos, los padres proponen principios morales y valores, tomados de los abuelos, pero en condiciones socio-históricas diferentes a aquellas. Esta contradicción se ve acentuada en familias que pasan de un contexto rural a un contexto urbano o en aquellas familias en descenso social. Es decir que el proyecto parental se sitúa en la articulación de los juegos del deseo entre padres e hijos y de las estrategias sociales de adaptación de los individuos a las plazas sociales disponibles en el mercado de la distribución antroponómica (Bertaux, 1979)

PROYECTO PATERNO – PROYECTO MATERNO

Cada uno de los padres es portador de su propio proyecto en virtud de su trayectoria y posición social singular, que pueden entrar también en contradicción y conflicto con el proyecto parental. El proyecto parental representa en general la lucha entre dos linajes que tratan de asegurarse la perpetuación de la herencia familiar. Esta lucha será más intensa en la medida en que los proyectos singulares de los padres sean más opuestos, (diferencias sociales, ideológicas, culturales y económicas). Lo que se pone en juego, en realidad, son las relaciones de dominación que tienden a perpetuarse en la pareja; el hijo se encuentra confrontado con ellas a través de los conflictos entre el proyecto paterno y el materno. En estos procesos pueden destacarse en el proyecto parental, tres niveles de contradicciones:

  1. Contradicciones internas del proyecto

Son las contradicciones vividas por cada uno de los padres y/o de los padres entre sí. Estas recaen directamente sobre el hijo, quien asume la misión de concretar lo que los padres no han logrado, reparar sus errores o realizar sus deseos inconclusos.

  1. Contradicciones en relación con el proyecto

Expresan la relación de los padres con los hijos y especialmente reflejan la puesta en lo real de los conflictos edípicos.

  1. Contradicciones en la realización del proyecto

Aquí se expresa el desfasaje existente entre los ideales que se proponen y los medios que se le dan al niño para alcanzarlo, o bien entre el contenido del proyecto y sus condiciones objetivas de realización. Estas contradicciones deben ser entendidas interactuando unas con otras dentro de un sistema.

De Gaulejac propone analizar este fenómeno desde una perspectiva dinámica que comprenda el proyecto parental como un movimiento que conduce a cada individuo a ser a la vez hijo y padre.El hijo que se convierte en padre tiende a transmitir a sus propios hijos las estrategias que el inventó para enfrentar las contradicciones que lo atravesaron. Estas estrategias y mediaciones forman parte de la identidad heredada.

¿CUÁNTO INCIDE LA FAMILIA EN EL APRENDIZAJE DE LOS NIÑOS?

family

Familia y aprendizaje: enfoque interdisciplinario y ética de la diversidad – Por María Cristina Rojas

La conexión entre las modalidades vinculares y funcionales de una familia asociada a las aptitudes y a los problemas de los niños con aprendizaje ha sido trabajada ampliamente en distintos ámbitos. Sin embargo, la compleja trama de condiciones operantes en la producción de tales modalidades y problemáticas se extiende más allá de lo familiar: se incluyen también condiciones sociales y subjetivas, así como las características de cada uno de los grupos de pertenencia del niño, hoy múltiples desde la edad temprana.

Un enfoque complejo de las problemáticas del conocer y del aprender, que implica distintas perspectivas, abre las puertas a los abordajes múltiples y al trabajo en equipos interdisciplinarios. Ello contribuye a que cada disciplina pierda la ilusión de constituir una totalidad explicativa; se remueven convicciones y se combaten los dogmatismos. El desafío, además, es la conformación de equipos con un modelo heterárquico, donde el liderazgo y el saber circulen. Modelo claramente diferenciado de una concepción jerárquica, marcada por una verticalidad cristalizada.

Me propongo aquí, desde mi perspectiva como terapeuta familiar, analizar cuestiones relativas a la trasmisión intergeneracional de significaciones, y el despliegue en el contexto de la familia de mentiras, de secretos y de verdades, todas de peculiar incidencia en el psiquismo y en sus patologías.

En la clínica del niño, en los diagnósticos y tratamientos psicopedagógicos, es destacable el valor del trabajo con los distintos ejes mencionados: me centraré aquí en el trabajo familiar, una vez que la familia con niños configura un campo privilegiado en la conformación del psiquismo, donde su abordaje se hace relevante. La problemática de la trasmisión, que aquí analizaré, ha venido a complejizar la red que sobredetermina dicha construcción psíquica.

Las familias que llegan hoy a la consulta son variadas en su conformación, vínculos y acuerdos básicos: adquieren así formas singulares, muchas veces diferenciadas del padrón nuclear burgués; por ende, si las pensamos con paradigmas únicos y fijos, podemos producir alguna índole de exclusión y sufrimiento a partir de nuestras intervenciones. En relación con esto, es necesario operar con cada familia a partir de una ética de la diversidad, que reconozca la originalidad de cada grupo; sin comparaciones desvalorizantes con un modelo central, tal como ocurriera durante la vigencia del modelo conyugal moderno. Es desde esta posición que consideraré ahora el tema específico de la trasmisión intergeneracional.

Acerca de la trasmisión

Con distintas denominaciones y puntos de vista, las consideraciones sobre trasmisión se despliegan en distintas corrientes de la psicología a partir de la década de los años ´60, y los desarrollos psicoanalíticos al respecto se suceden especialmente desde los años ´70 y ´80. Reconocemos, no obstante, la presencia en Freud de distintas conceptualizaciones que dan basamento a dichos desarrollos, tanto aquellas que sostienen al sujeto como fin en sí mismo y a la vez eslabón dentro de una cadena, (Freud, 1973ª), como las que proponen una herencia cultural (Freud, 1973b). Es en “Tótem y tabú” (Freud, 1973c) donde la transmisión entre generaciones aparece como inevitable y necesaria: “Si los procesos psíquicos no se continuaran de una generación a la siguiente…no existiría en este ámbito progreso ni desarrollo alguno”. Allí cita, haciéndola suya, una hermosa frase de Goethe: “lo que has heredado de tus padres adquiérelo para poseerlo”. (Freud, 1973c, pág. 193).

A partir de estas concepciones, y desarrollos posteriores, se hace posible enunciar que las vicisitudes de la conformación de los sujetos se asientan también sobre la trasmisión familiar, la cual en su dimensión ligada al narcisismo de vida sostiene las bases mismas del psiquismo. El sujeto se construye y conquista una singularidad diferenciada a través de una apropiación transformadora de lo heredado, con lo cual establece su semejanza y su diversidad. El corte o desconocimiento de toda herencia puede afectar las raíces de la identidad; pero también la falta de una transcripción que torne singular lo recibido puede situarlo en posición de objeto, arrasado en distintos grados por un discurso alienante que afecta su diferenciación.

Kaës diferencia lo que se trasmite “entre sujetos” de lo que se trasmite “a través” de ellos. La trasmisión intersubjetiva implica la existencia de un espacio de transcripción transformadora de la trasmisión; la trasmisión transpsíquica supone en cambio la abolición de los límites y del espacio subjetivo. (Kaës, 1993).

En la práctica clínica operamos con la trasmisión entre generaciones en sus dos vertientes; una de ellas, constructiva, favorece la pertenencia y el arraigo y sitúa a cada sujeto y grupo familiar como eslabón entre las generaciones. En relación con esto, pienso a la construcción histórica como una herramienta clínica que favorece la configuración del lazo familiar, intervención relevante, por ejemplo, en familias de vinculaciones frágiles, donde el trabajo historizante contribuye a la pertenencia, los apegos y el consiguiente sostén intersubjetivo.

Veamos esto al menos en dos situaciones clínicas diferenciadas, el caso de las familias ensambladas – es decir, aquellas nacidas a partir del divorcio y los nuevos casamientos – y de las adoptantes.

Durante la conformación de los grupos familiares ensamblados, se complejiza la dimensión histórica, dado que se entrecruzan otras líneas, ya no pertenecientes a la consanguinidad. La construcción de una historia familiar nueva, inclusiva de prehistorias no desechables, puede contribuir al desarrollo de una nueva identidad familiar, que incluya lo anterior transformado. Entiendo que esta posibilidad se articula íntimamente con la problemática de los duelos y de la novedad, tan propia de los trabajos psíquicos que conllevan el divorcio y el ensamble.

En familias adoptantes el tejido de la historia intergeneracional lanzado a partir del hecho de la adopción, y de la información parental acerca de la misma, contribuye a la consolidación de la familia como tal. La construcción histórica favorecerá los procesos metabolizadores, en tanto dicha historia contenga la ruptura biológica y habilite nuevas formas de continuidad histórica, social y familiar. (Rojas, 2007).

La otra vertiente de la trasmisión transgeneracional se presentifica en las patologías severas y se refiere a lo no elaborado que, por fuera del campo representacional, puede irrumpir como trastorno en el cuerpo o en el acto, o como perturbación grave del psiquismo. Así, formas actuales de la patología de los vínculos familiares se conectan con sucesos históricos – catástrofes sociales, eventos familiares traumáticos- vividos por generaciones anteriores. Acontecimientos que no pudieron tramitarse y cobrar significación, poco reconocidos y faltos de palabra, persisten como actuales en tanto productores de efectos. Las situaciones de índole traumática involucran de forma global al grupo familiar y abarcan a los descendientes; es decir, el trauma vivido por unos adquiere valor de tal para los otros.

Por ende, el diagnóstico de las perturbaciones emocionales del aprendizaje se enriquece cuando consideramos la cuestión de lo no dicho, de los secretos, de las mentiras, o contenidos ausentes en el discurso familiar que lesionan la mente en vías de conformación. Más adelante consideraré también los excesos de la verdad.

Aquello no tramitado en el psiquismo de padres y antepasados puede inundar el psiquismo infantil, por vías identificatorias. De tal modo, excesos no elaborables ocupan al niño, cuyo psiquismo se encuentra “demasiado lleno” (Faimberg, 1993); esto obstaculiza al pensamiento y desfavorece los tiempos de la simbolización y la apertura al conocimiento.

En tales casos, el trabajo con el grupo familiar se torna fundamental para complementar el acercamiento individual al niño, quien no puede realizar estos procesos de semantización sin el recurso de los otros y en intervenciones que comprometan la presencia de las figuras significativas. Por otra parte, los integrantes de la familia son portadores posibles de la historia faltante y los intercambios intersubjetivos constituyen facilitadores privilegiados de la elaboración del trauma.

El proceso analítico familiar conforma un contexto privilegiado para la aproximación a estas cuestiones: favorece el armado del rompecabezas en cuya fragmentación se sostiene lo no elaborado/ silenciado, así como permite el desmontaje de los mecanismos de desmentida apoyados en pactos vinculares implícitos. Es posible también, desde el propio contexto del trabajo del psicopedagogo, incluir intervenciones vinculares con el niño y su familia para poner en circulación aquello que ha cristalizado en la psique infantil obstruyendo sus potencialidades.

Es importante la incidencia de las patologías de la trasmisión en los trastornos tempranos de la infancia. Raíces y anticipaciones son imprescindibles para la constitución del sujeto psíquico, tal como señala Piera Aulagnier, cuando dice que la versión propuesta al niño por el discurso materno acerca del tiempo que lo ha precedido “puede ser una fábula: es mejor esto que el silencio”. (Aulagnier, 1986, pág. 198).

Dicho de otro modo, los trastornos de la infancia temprana se articulan, en ocasiones, con déficits semánticos propios de la trama familiar, y ponen de manifiesto el efecto traumático de situaciones actuales o pasadas que el grupo familiar no puede tramitar elaborativamente. Esto se aquieta y fija en el espacio psíquico del niño pequeño, dado que dicho espacio, aún escasamente diferenciado, opone escasos límites y fronteras indefinidas a la irrupción de lo trasmitido. Hablan así – a través del trastorno – enunciados pertenecientes al más allá de la singularidad, a veces correspondientes a huellas que transitan entre generaciones, configurando una potencialidad traumática transgeneracional. (Rojas, 1998).

La información – relato acerca de sucesos significativos, o de lo nunca dicho u omitido – es solamente un hito de un proceso que supone cambio y metabolización.

Volvamos al ejemplo de la adopción, ya que es un terreno donde ha sido ampliamente observada la eficacia patógena del secreto: la información al niño sobre su situación de hijo adoptivo no es más que un punto de un camino, que no preserva al niño y sus padres de otros modos de sufrimiento implicados en la cuestión del adoptar/ ser adoptado, como en otras situaciones humanas. Porque ¿es acaso un saber manifiesto el que preserva de la muerte, la enfermedad o el dolor? Y por otra parte, cuando la verdad se dice ¿qué se dice?

Como en la información sexual, y otras de fuerte compromiso afectivo, quien organiza la narración se halla apresado en su propia necesidad tanto de trasmitir como de interrumpir en ciertos puntos la trasmisión. Profundamente comprometido en su discurso, a la vez que dice traslada en el destinatario del relato aquello que hasta a sí mismo le es ajeno: trasmite, pues, más allá de lo visible, para sí y para el otro.

Ahora bien ¿por qué decir, entonces, la verdadera historia si ella no anulará todo sufrimiento? Según mi experiencia como terapeuta familiar, es escasa la confiabilidad que pueden adquirir vínculos sostenidos en la mentira y el ocultamiento de cuestiones vitales trascendentes. El secreto se va expandiendo: para sostenerlo es necesario mentir más, evitar temas, soslayar preguntas; a veces, eludir los encuentros del conjunto familiar. Los niños van percibiendo silencios y contradicciones, indicios inquietantes que no comprenden. Todo ello suele plantear una pérdida de espontaneidad con efectos de cierre en la comunicación del grupo; a veces, se inventan historias que los propios narradores terminan casi por creer, desmintiendo la verdad. Otras, lo no dicho se transforma en un “secreto a voces”, una suerte de rompecabezas, del cual cada uno posee algunas piezas, a las que tampoco puede dar significado. En tales casos, el tema omitido se va configurando como aquello que designamos “secreto familiar”.

El secreto es condición para el funcionamiento del yo, pero en tanto derecho a la creación de pensamientos que pueden o no comunicarse por decisión propia, es decir, se establece zonas de intimidad. (Aulagnier, 1980) Intimidad y secreto que, por su parte, favorecen los procesos de simbolización; los secretos familiares, por el contrario, afectan el pensamiento, el sostén y la identidad.

¿A qué denomino aquí entonces secreto familiar? Se trata, como he venido delineando, de datos históricos parcialmente conocidos por los integrantes del grupo; a menudo, cada uno sabe y silencia un aspecto de un tema cuya mención en el conjunto está vedada; hay acuerdos no manifiestos en relación con la evitación del mismo. Se impone un sé /no sé, al modo del “ya lo sé, pero aun así…” propio del mecanismo de la desmentida. (Mannoni, O., 1990, pág. 9) En este caso no es sólo un ocultamiento, sino la falta de palabras que indica ausencia de simbolización: secretos, desmentidas y ausencia de palabra son rasgos que pueden dar lugar a fallas en el sostén y la interdicción, funciones fundantes del psiquismo; estimulan así situaciones de fuerte riesgo psíquico para los integrantes de la familia. Cuando invisibles pactos familiares dejan afuera la historicidad de situaciones relacionadas con duelo y trauma, a fin de sostener dicha exclusión organizan un sistema defensivo que va perturbando los modos de conexión y la circulación de los afectos. Aparecen configuraciones vinculares que impiden confrontar lo silenciado: inhibiciones del pensamiento y la curiosidad – de fuerte incidencia en los aprendizajes, silencio o vacuidad de la palabra, rigidez en las interacciones y dificultad de reunión familiar que junto con patologías del acto e implosiones somáticas conforman, entre otros, indicios vinculados a problemáticas de la trasmisión.

El proceso elaborativo de historias y verdades se inaugura o prosigue con la información, implica pues un devenir cuyos puntos de inflexión se dan durante las crisis evolutivas y accidentales que la vida provee; es una producción de los vínculos familiares y de su inserción en otras redes sociales. Esto es, la información no causa por sí sola la mejoría del sujeto afectado por secretos u omisiones, pero es un momento fundamental en el proceso; del mismo modo que la trasmisión trasgeneracional no constituye una causa única de patología alguna: se entrama, por el contrario, en la operancia simultánea de condiciones múltiples.

La verdad desnuda y su eficacia traumatizante

Me referiré también a los excesos de la verdad; ahora bien ¿puede la verdad ser excesiva? ¿si la verdad es una, es posible excederse en la sinceridad? En relación con esto, diría: el modo de decir es significante, de manera que hay tantas verdades como formas posibles del enunciado, sin contar, además, las innumerables formas de recepción del mismo. La presentación sin revestimiento simbólico imaginario de acontecimientos realmente acontecidos, “verdaderos”, confronta a veces con un real descarnado, y puede resultar traumatizante (cito al respecto el decir de unos padres adoptantes a su hijo: “te dejaron en un tacho de basura” o “naciste en un inodoro de la terminal de micros”).

En relación con esto, en un reportaje, de modo coloquial, Silvia Bleichmar habla de “sincericidio” cuando un decir no corresponde y daña a un tercero: “La moral – dice – pasa por el respeto al tercero y no por la defensa de la verdad en sí misma”. La verdad es, pues, un bien que debe ser administrado con prudencia. (S. Bleichmar, 2007, pág. 34).

En este punto, nos vemos requeridos de abordajes y diagnósticos diferenciales, es decir, hay distintas cualidades del no decir en las familias, que han de ser cuidadosamente pensadas en su originalidad: hay el secreto familiar patógeno, asentado sobre pactos de desmentida; hay lo transgeneracional, no ligado, que invade y a veces arrasa el psiquismo; hay mentiras piadosas; hay ocultamientos generosos o egoístas, pero no enloquecedores; hay complicidades perversas y hay clandestinidad disfrazada de intimidad.

A modo de cierre

La propuesta de este trabajo es, entonces, pensar al sujeto, su aprendizaje y problemáticas, dentro del conjunto de factores que interjuegan en su trama vital, en sus múltiples facetas y pertenencias. Esta perspectiva clínica destaca, junto al estudio y tratamiento de las problemáticas del niño, la comprensión y abordaje de la familia, que se enriquece y amplía con el análisis de los modos de la trasmisión que aquí he presentado. También implica la consideración de otros grupos que el niño habita – escuela, recreación y otros -; de tal manera, toda perturbación se descentra de su ubicación exclusiva en el psiquismo infantil. Al mismo tiempo, ello convoca a la conformación de equipos interdisciplinarios que, contraponiéndose a los reduccionismos de cualquier signo, trazan distintos senderos para la comprensión y transformación de los complejos fenómenos humanos, en el marco de una ética de la diversidad.

Referências

AULAGNIER, Piera. El aprendiz de historiador y el maestro brujo. Buenos Aires, Amorrortu Ed., 1986, pág. 198.

AULAGNIER, Piera. El sentido perdido. Buenos Aires, Trieb, 1980.

BLEICHMAR, Silvia. “La identidad como construcción”, en Homoparentalidades. Rotenberg y Agrest comp., Buenos Aires, Lugar, 2007, pág. 34.

FREUD, Sigmund. Introducción del narcisismo. Buenos Aires, Amorrortu Ed., 1973ª, tomo XIV.

FREUD, Sigmund. Moisés y la religión monoteísta. Buenos Aires, 1973b, tomo XXIII.

FREUD, Sigmund. Tótem y tabú. Buenos Aires, Amorrortu Ed., 1973c, tomo XIII, pág. 159.

KAËS, R, FAIMBERG, H., ENRIQUEZ, M., BARANES, J. Trasmisión de la vida psíquica entre generaciones, Buenos Aires, Amorrortu Ed., 1996.

KAËS, René. Polifonía del relato y trabajo de la intersubjetividad en la elaboración de la experiencia traumática, en Revista de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, 2, Buenos Aires, 2002.

MANNONI. Octave. La otra escena. Claves de lo imaginario, Buenos Aires, Amorrortu Ed., 1990, pág. 9.

ROJAS María Cristina. Ser una familia: los trabajos de la adopción, Revista Adoptare. Buenos Aires, 2007.

ROJAS, María Cristina. Trastornos infantiles: una lectura familiar, Revista Cuestiones de infancia, 3, Buenos Aires, 1998.

UNA DESCONEXIÓN NEURONAL PODRÍA EXPLICAR LA CRUELDAD HUMANA

crueldad

La capacidad de cometer atrocidades comienza con la inhabilitación de una red de células cerebrales que nos permite empatizar con otros, sugiere un estudio

Los seres humanos a veces son capaces de cometer grandes atrocidades y actos horribles, prácticamente inconcebibles. ¿Por qué? Un estudio reciente realizado por investigadores de la Duke University y de la Princeton University, de Estados Unidos, sugiere que estos comportamientos podrían tener su origen en el fallo de una red neuronal implicada en la interacción social y que hace posible que reconozcamos a otras personas como “humanos”. Por Yaiza Martínez.

Los seres humanos a veces son capaces de cometer grandes atrocidades y actos horribles, prácticamente inconcebibles. ¿Por qué?

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Duke Universityy de la Princeton University, de Estados Unidos, sugiere que la clave de estos comportamientos podría estar en el fallo de una red neuronal implicada en la interacción social y en el reconocimiento de otras personas como “humanos”.

Dicha red puede desconectarse ante los individuos que causan disgusto o rechazo, afirman los autores del estudio. Como consecuencia, la gente deshumaniza a otros individuos y olvida que éstos tienen pensamientos y sentimientos.

Según explica el director del estudio, el psicólogo Lasana Harris, en uncomunicado de la Duke University: “Cuando nos encontramos con otra persona, normalmente deducimos algo sobre sus pensamientos. Pero, a veces, esta función cognitiva falla, lo que abre la posibilidad de que no percibamos al otro como completamente humano”.

Red neuronal y empatía

En los últimos años, la neurociencia social (que es el estudio simultáneo de dos cerebros en interrelación mutua) ha demostrado que, en el cerebro humano, normalmente se activa una red neuronal concreta cuando vemos imágenes de otras personas o reflexionamos acerca de lo que están pensando otros individuos.

Esta red ha sido identificada gracias a la tecnología IRM o de imagen por resonancia magnética, que permite, de manera no invasiva, registrar imágenes de la actividad cerebral.

Los científicos han sabido que esta red de conexiones neuronales está relacionada con la cognición social, facultad gracias a la cual podemos tener determinados pensamientos o sentimientos –como la empatía- al interactuar con otros individuos.

En la investigación de Harris, realizada en colaboración con Susan Fiske, una profesora de psicología de la Universidad de Princeton especializada en la formación de impresiones sobre los demás y en cómo afectan los prejuicios culturales a las relaciones humanas, participaron 119 estudiantes de la Universidad de Princeton, de una media de edad de 20 años. Todos ellos completaron una encuesta sobre juicios y toma de decisiones, a medida que iban viendo imágenes de personas.

Resultados obtenidos

Con esta encuesta, los científicos determinaron si los estudiantes presentaban respuestas emocionales esperables ante ciertas imágenes, como orgullo al ver a una estudiante de universidad o a un bombero americano; envidia al ver a una mujer de negocios y a un hombre rico; compasión, ante un hombre anciano y una mujer discapacitada o rechazo, al ver a una mujer sin hogar y a un hombre drogadicto.

Tras imaginar un día en la vida de estas personas, se pidió a los participantes que evaluaran sus potenciales características: su grado de calidez, de competencia, de responsabilidad hacia su propia situación, de control sobre su situación, de inteligencia, de autoconciencia, etc.

Por último, los estudiantes fueron sometidos a un escáner de IRM para registrar su actividad cerebral, al mismo tiempo que veían las imágenes.

Los resultados obtenidos demostraron lo siguiente: la red neuronal clave para la interacción social de los estudiantes no se activó ante las imágenes de drogadictos, personas sin hogar, inmigrantes y otras personas pobres.

Por otro lado, los científicos descubrieron que otras regiones cerebrales influían en la tendencia a deshumanizar a cierto tipo de personas. Dichas regiones fueron las relacionadas con el rechazo, la atención y el control cognitivo.

Es necesario ponerse en la piel de otros

Según Harris: “Estos resultados sugieren que la deshumanización de otras personas tiene raíces múltiples y es un fenómeno complejo. Habrá que hacer nuevas investigaciones para delimitar con mayor exactitud esta complejidad”.

Lo científicos afirman, por otra parte, que resulta muy sorprendente constatar cómo la gente atribuye fácilmente cognición social –vida interna o emociones- a animales y a coches, pero, en cambio, elude establecer contacto ocular con los mendigos sin hogar que se encuentra por la calle.

A este respecto, Fiske señala que “necesitamos pensar en la experiencia de otras personas, eso es lo que nos hace completamente humanos”. De lo contrario, fomentaremos una disfuncionalidad neuronal que favorece la “percepción deshumanizada” o la incapacidad de considerar la vida interior de los demás.

En una situación extrema, esta desconexión cerebral podría explicar, por ejemplo, cómo la propaganda contra los judíos en la Alemania nazi contribuyó a la tortura y el genocidio de millones de personas, afirman los investigadores.

Los resultados de esta investigación han aparecido detallados en el Journal of Psychology bajo el título “Dehumanized Perception: A Psychological Means to Facilitate Atrocities, Torture, and Genocide?” (La percepción deshumanizada: ¿Un instrumento psicológico para posibilitar atrocidades, tortura y genocidio?).

Estudios previos habían establecido ya relaciones entre el funcionamiento del cerebro y las capacidades sociales. Es el caso, por ejemplo, de una investigación sobre psicópatas realizada en 2010 por psicólogos de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, en la que se constató que los cerebros de este tipo de individuos presentan una actividad mayor de lo normal en cierta área del cerebro relacionada con la sensación de recompensa o de placer.

Como consecuencia, los psicópatas buscan siempre su propio beneficio sin importarles los efectos de sus actos sobre otras personas o los peligros que puedan conllevar dichos actos.

Fuente:tendencias21.net

PSICOLOGÍA: ¿QUÉ SON LOS SUEÑOS LÚCIDOS?

sueños lucidos

http://www.despiertaterapias.com/psicolologia/que-son-los-suenos-lucidos/