LO CONTRARIO DE LA FELICIDAD ES LA REALIDAD – Gregorio Luri

La realidad

¿ES POSIBLE APRENDER A SER FELIZ?

¿Por qué algunas personas son felices con cualquier cosa y otras no pueden serlo, a pesar de tenerlo todo?

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LA FELICIDAD, ¿ES UN VALOR A CONQUISTAR O DEPENDE DE NUESTRO MAPA GENÉTICO?

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 Nuevos estudios sobre el ADN sugieren que es un estado en parte hereditario, que depende también de la raza

Muchas veces nos preguntamos de qué depende que seamos o no felices. Pues bien, un estudio realizado por varias universidades, y en el que han participado 1.000 pares de gemelos concluye que aproximadamente un tercio de la variación en el grado de felicidad de las personas es hereditario. Uno de los investigadores, el profesor Jan-Emmanuel De Neve, ha tratado de descubrir concretamente cómo funciona el gen que transporta la serotonina, y relacionarlo con los niveles de felicidad por países o razas.

Por Maricar García.

La felicidad depende en parte de nuestra genética. Fuente: Chris Willis.

La idea de que la personalidad humana es una pizarra en blanco, para ser escrita a través de la experiencia, se impuso durante la segunda mitad del siglo XX. Durante las últimas dos décadas, sin embargo, esta idea ha ido cambiando. Los estudios que comparan a los gemelos idénticos y no idénticos han ayudado a establecer el carácter hereditario de muchos aspectos del comportamiento, y los exámenes de ADN han puesto al descubierto algunos de los genes responsables de nuestras conductas. Trabajos recientes en ambos frentes sugieren que la felicidad, en concreto, es altamente heredable, según publica la revista The Economist.
Como cualquier ser humano sabe, hay muchos factores que influyen para que la gente sea feliz o infeliz. Las circunstancias externas son importantes: las personas empleadas son más felices que las desempleadas, al igual que las personas en mejor situación económica respecto a las pobres. La edad juega también su papel: los jóvenes y los ancianos son más felices que los individuos de mediana edad. Pero de todos estos factores, la personalidad es el determinante más importante: los extrovertidos son más felices que los introvertidos, y la gente segura es más feliz que la que anda por la vida preocupada constantemente.

Que la personalidad y la inteligencia se heredan es un hecho cada vez más claro y obvio, de modo que, presumiblemente, la tendencia a ser feliz o desdichado es, en cierta medida, difundida a través del ADN.

Para tratar de establecer en qué consiste esto, un grupo de científicos del University College de Londres, de la Harvard Medical School, de la Universidad de California en San Diego y de la Universidad de Zurichexaminaron a más de 1.000 pares de gemelos en un gigantesco estudio sobre la salud de los adolescentes estadounidenses.

El estudio, del Instituto de Investigación Empírica en Economía de la Universidad de Zurich, titulado “Los genes, la economía y la felicidad” concluye que aproximadamente un tercio de la variación en la felicidad de las personas es hereditario. Este resultado es algo inferior a las estimaciones anteriores sobre el tema.

Cómo funcionan los genes de la felicidad

Sin embargo, aunque los estudios de gemelos son útiles para establecer el grado en que una característica es heredable, no aclara cómo funcionan estos genes. Uno de los investigadores, Jan-Emmanuel De Neve, del University College de Londres y la Escuela de Económicas de Londres, ha tratado de descubrir precisamente eso, al seleccionar un gen específico: el que codifica una proteína que transporta serotonina, y examinar cómo las variantes de dicho gen condicionan los niveles de felicidad.

La serotonina está relacionada con la regulación del humor. Los transportadores de la serotonina son cruciales en este estudio: El gen transportador de la serotonina se presenta en dos variantes funcionales de largo y corto plazo.

La larga produce más moléculas transportadoras de proteínas que la corta. La gente tiene dos versiones (conocidas como alelos de cada gen, uno de cada padre. Por lo que algunos tienen dos alelos cortos, algunos tienen dos largos, y el resto tiene uno de cada uno.

A los adolescentes del estudio del doctor De Neve se les pidió que se evaluaran a sí mismos de satisfechos a muy insatisfechos.

De Neve halló que aquellos chicos con un alelo largo en el gen analizado eran un 8% más propensos a describirse como muy satisfechos que aquellos que no tenían ninguno, mientras que las personas con dos alelos largos fueron un 17% más propensas, lo cual es bastante interesante.

El gen y el origen étnico

Donde la historia podría llegar a ser controvertida es cuando el origen étnico de los participantes se toma en cuenta. Todos eran estadounidenses, pero se les pidió que se clasificaran por raza. De media, los estadounidenses de origen asiático tenían 0,69 genes largos, los estadounidenses negros tenían 1,47, y los estadounidenses blancos tenían 1,12.

Ese resultado concuerda perfectamente con otros estudios que muestran que, en líneas generales, los países asiáticos tienen menores niveles de felicidad que lo que su PIB per cápita podría sugerir. Los países africanos, en cambio, se encuentran por encima de otros lugares, y son los más sabios en cuanto a la felicidad.

Pero eso no es de extrañar, ya que África es el continente con mayor diversidad genética. Es allí donde la humanidad evolucionó (asiáticos, europeos, australianos y amerindios son descendientes de unos pocos aventureros que salieron de África hace unos 60.000 años). Los negros americanos, en su mayoría descendientes de los esclavos traídos del oeste de África, no pueden ser representativos de todo el continente.

Que algunas poblaciones tienen mayor porcentaje de la versión larga del gen transportador de la serotonina ya se había constatado anteriormente, aunque esta asociación se había hecho a nivel nacional, en lugar de a nivel racial. En un artículo de las Actas de la Royal Society, publicado en 2009, Joan Chiao y Katherine Blizinsky de la Universidad Northwestern, en Illinois, encontraron una correlación positiva entre los niveles más altos de la versión corta del gen y los trastornos del humor (China y Japón tienen mucho de los dos) y con sistemas políticos colectivistas. Su hipótesis es que las culturas propensas a la ansiedad y la preocupación tienden hacia sistemas que hacen hincapié en la armonía social, en vez de tender a enfatizar la independencia de los individuos.

Este último estudio podría haber ido demasiado lejos en el camino hacia el determinismo genético. Sin embargo, existe un creciente interés en el estudio de la felicidad, no sólo entre los genetistas, sino también entre los economistas y los políticos descontentos con la actual forma de medir los logros de la humanidad. Se cree que los trabajos futuros en este campo serán leídos con avidez en esos círculos.

Fuente: tendencias21.net

PSICOLOGÍA: LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD TIENE SU LADO OBSCURO

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Un estudio revela el lado oscuro de uno de los objetivos más perseguidos por el ser humano.

 La búsqueda de la felicidad es uno de los objetivos que persigue el ser humano a lo largo de su vida. Para unos, la felicidad es sinónimo de desarrollo profesional, para otros, la felicidad depende del dinero o del amor. Asimismo, hay personas para las que ser feliz consiste en vivir con lo justo y necesario. Investigadoras de las universidades de Yale, Denver y Jerusalén, han descubierto ahora que la felicidad tiene un lado oscuro. Por Amalia Rodríguez.

 Satisfacción, alegría, positivismo… en el imaginario colectivo estos términos están relacionados con la felicidad, definida desde diversas perspectivas. La Real Academia Española, por ejemplo, recoge en su diccionario esta definición de felicidad: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”, mientras que para el filósofo griego Aristóteles, ser feliz era sinónimo de autorrealizarse y, para el también filósofo Epicuro, la felicidad consistía en experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico.

Ya sea desde una perspectiva filosófica o religiosa, la búsqueda de la felicidad es uno de los fundamentos de la vida. Pero disfrutar de este estado de ánimo puede tener su lado negativo, tal y como ha revelado un estudio realizado por un equipo de psicólogas procedentes de diversos centros de investigación: la Universidad estadounidense de Yale, la Universidad de Denver y la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Según las autoras del estudio, la felicidad no debe ser concebida como algo universalmente bueno. Asimismo, las investigadoras afirman que no todos los tipos y grados de felicidad son igualmente buenos, e incluso perseguir la felicidad puede hacer que la gente se sienta peor.
La investigación fue publicada por Perspectives on Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science.

”Las personas que quieren sentirse más felices pueden elegir entre una multitud de libros que les guíen sobre cómo hacerlo. Sin embargo, fijar una meta de la felicidad puede ser contraproducente”, aseguraJune Gruber, investigadora de la Universidad de Yale, directora de la presente investigación y también directora del Laboratorio de Psicología y Emociones Positivas. Grube ha colaborado en este trabajo con Iris Mauss, de la Universidad de Denver, y Tamir Maya, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Las investigadoras señalan que una de las muchas desventajas de la felicidad es que las personas que luchan por encontrarla pueden terminar peor que cuando comenzaron.

No vale todo para ser feliz

Para llegar a sentir la felicidad, las herramientas que a menudo se sugieren en libros de autoestima o de ayuda personal son dedicar tiempo cada día a pensar en las cosas que te hacen sentir feliz, contento o agradecido, así como también la creación de situaciones que con total probabilidad se traduzcan en felicidad, entre otras muchas recomendaciones.

Pero, según Gruber, estas acciones no siempre tienen el efecto deseado porque: “Cuando las practicas con la motivación o la expectativa de que dichas actividades deberían hacerte feliz, éstas pueden llevarte a la decepción y provocar en consecuencia una disminución de la felicidad”.
A estas conclusiones llegaron Mauss y sus colaboradoras, tras realizar un estudio en el que constataron que las personas que leyeron un artículo de prensa alabando el valor de la felicidad se sentían peor después de ver una película con una trama feliz, que la gente que leyó un artículo en el que no se mencionó la felicidad. La razón estriba, según las psicólogas, en la posibilidad de que las personas del primer grupo se hubieran sentido decepcionadas. Dicen, además, que cuando las personas no terminan siendo tan felices como esperaban, su sensación de fracaso puede hacer que se sientan aún peor que al principio.

La felicidad extrema, otro problema

 Por otra parte, las investigadoras han puesto de manifiesto que demasiada felicidad puede suponer un problema. Así lo confirmó otra investigación, que consistió en el seguimiento de un grupo de niños desde la década de 1920 hasta su vejez. En este caso, se constató que aquéllos que murieron más jóvenes estaban considerados por su entorno –consultaron a sus profesores-, como personas muy alegres.

Las investigadoras creen que esto se debe a que quienes se sienten extremadamente felices no suelen pensar de forma creativa, y también tienden a tomar decisiones más arriesgadas.

Para explicar esta afirmación, ponen como ejemplo a personas con alguna manía o que sufren trastorno bipolar. Éstas tienen una percepción superior de las emociones positivas que pueden llevarles a tomar decisiones de riesgo, como puede ser el abuso de sustancias, conducir demasiado rápido o gastar sus ahorros. Pero incluso para quienes no tienen un trastorno psicológico, “demasiada felicidad puede resultar perjudicial”, constata Gruber.

Redes sociales y felicidad

Por otro lado, las investigadoras analizaron la “felicidad inapropiada”, que es aquélla que se siente cuando no se debe sentir, como al mismo tiempo que otra persona está llorando por la pérdida de un ser querido o cuando se recibe la noticia de que un amigo ha resultado herido en un accidente de tráfico.

Al igual que en el caso de la felicidad extrema, Gruber y su equipo de trabajo constataron que este tipo de felicidad, que puede surgir en momentos inadecuados, puede producirse en personas con alguna manía concreta.

Por último, las psicólogas descubrieron lo que realmente parece aumentar la felicidad. “El dinero o el reconocimiento externo a través del éxito no son los factores más influyentes en la obtención de felicidad”, señala Gruber: “Lo realmente significativo son las relaciones sociales”, apunta.

Por tanto, según el estudio, la mejor manera de alcanzar la felicidad es, precisamente, dejando de lado la preocupación por ser feliz y aprovechar toda esa fuerza mental para conseguir entablar lazos sociales con otras personas: “Si hay algo que quieres resaltar y enfocar, hay que concentrarse en eso. Todo lo demás vendrá como tenga que venir”, afirman las investigadoras.

June Gruber – Univrersidad de Yale, para tendencias21.net

“Inteligencia emocional para educar niños felices “

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niña perro Izabela Urbaniak

Ver enlace en:

Inteligencia emocional para educar niños felices