NOAM CHOMSKY: LAS 10 ESTRATEGIAS UTILIZADAS PARA DOMINAR EL MUNDO

Cuando no pueden ya controlar a la gente por la fuerza, tienen que controlar a la gente por lo que piensa, y la forma típica de hacer esto es a través de la propaganda.

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PSICOLOGÍA: EL SÍNDROME DE DIÓGENES

El síndrome de Diógenes afecta a personas que descuidan los hábitos de higiene y la alimentación y se aíslan socialmente, mientras acumulan todo tipo de objetos, incluso basura.

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http://www.webconsultas.com/mente-y-emociones/trastornos-mentales/sindrome-de-diogenes-11724

ACOSO ESCOLAR HOMOFÓBICO: ¿A QUIÉN RECURRIR?

El acoso escolar homofóbico es un problema que enfrentan cientos de niños y niñas en todo el mundo.

vive y deja vivir

http://www.ondaarcoiris.com/programas/entrevista/gets-better-acoso-homofobia

“CEGUERA MORAL” – EL NUEVO TRABAJO DE ZYGMUNT BAUMAN

En este ensayo, ‘Ceguera moral: La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida’ (Paidós, 2015), el prestigioso sociólogo Zygmunt Bauman, en colaboración con Leonidas Donskis, analiza la ceguera moral que define nuestras sociedades.

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http://ssociologos.com/2015/05/19/ceguera-moral-el-nuevo-trabajo-del-sociologo-zygmunt-bauman/

Gracias, Ssociologos

PSICOLOGÍA SOCIAL: ¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE SALOMÓN?

La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría.

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http://cepalosllanosinfantil.com/2014/12/psicologa-social-el-sndrome-de-solomon/

¿QUÉ APORTAN EL BOLETÍN Y LAS TAREAS DOMICILIARIAS AL APRENDIZAJE ESCOLAR? Por Mario Valdez

boletin

Mucho se ha escrito e investigado sobre el aporte de diferentes dispositivos fuertemente instituidos en el sistema escolar desde hace bastante tiempo. Todos, seguramente han logrado identidad social por la tradición pero también una legitimidad cuidadosamente elaborada por las instituciones educativas y sostenida por los diferentes actores, dado que cada cual recibe con ellos algún beneficio; me refiero, en este caso, no a los métodos pedagógicos, no a la creatividad didáctica, tampoco a la labor docente ni a las tics, sino a dispositivos arcaicos y siempre vigentes como el boletín de calificaciones y las tareas domiciliarias. Surgen entonces algunas preguntas: ¿Qué aportan al aprendizaje escolar?; ¿Quién se beneficia con su peso instituido?; ¿Qué significan para el niño o adolescente?; ¿Sería imaginable su sustitución por otro dispositivo?

El boletín escolar:

El boletín otorga legitimidad a la labor de la escuela durante los ciclos lectivos, como así lo corroboran los infaltables y abundantes sellos que la completan; allí nos encontramos con números o letras que “determinan” el estado del alumno en el período, situación refrendada por la docente que hará una síntesis minimalista con sugerencias que respaldan las calificaciones propiamente dichas. También podrá verse en ese documento una valoración de la conducta, calificación que lleva implícita la intención de derivar en los padres la responsabilidad de modificar a futuro las falencias conductuales, que el niño lleva a la escuela como consecuencia, siempre, de “falta de límites o problemas de educación que corresponden al seno familiar o contextual”; esto derivará en una aceptación culposa de los padres, quienes se verán impelidos a tomar medidas severas sobre el niño, con el fin de mejorar esa calificación en el próximo período, ya que de otra manera son ellos mismos quienes se sentirán juzgados por el sistema y exhibidos públicamente como padres sin responsabilidad, lo que haría derribar la imagen de familia perfecta que cultivan socialmente. Otro elemento obrante en la hoja de sentencias, es la cantidad de inasistencias registradas en el período evaluado. Este guarismo tiene como objetivo cuestionar a los padres por no tener mayor firmeza a la hora de consensuar inasistencias con sus hijos, pero también resultará valioso para la escuela para “explicar”, si es necesario, una de las razones por las que no ha alcanzado el niño los niveles esperados.  Los padres, mientras tanto, aceptan algunas culpas que no generaron, aceptan también la espada acusadora del instrumento inquisidor, debido a que es “el” documento a mostrar a la familia, orgullosa, cuando todas son loas. Todos hasta acá han recibido un rédito y una manera de control de las situaciones, pero ¿qué representa el boletín para el niño? Tanto el alumno que es exhibido por la escuela como ejemplar, como modelo a seguir, pero peor aún, aquel que es señalado por su “nopoermiento” o su inconducta,  siente en este dispositivo un ojo invasor, un panóptico impío, un invasor impropio, un “Dios castigador”, un arma peligrosa, un recordatorio de aquellas cosas que el sistema le señala como no cumplidas, según los cánones que la sociedad espera de él, especialmente sus padres. Es también el “prontuario” que le condena, el elemento personal, individual, que lo califica, lo acusa y lo compromete. Pero peor aun, es el que lo etiquetará por otro período completo, hasta su no esperado retorno, como quien ha faltado, se ha comportado fuera de las reglas o le “cuestan” los problemas de matemática, lo que equivale a decir que es un poco “tronco”. ¿Qué ha aportado este dispositivo interno de la escuela, creado para registrar las trayectorias de un grupo de “legajos” y alimentar las estadísticas requeridas por el Ministerio?; ¿En qué le beneficia para su aprendizaje este informe policial que le separa de sus amigos y quizá, hasta lo condena prematuramente? La respuesta es: En nada. Ese papel que le desnuda, intimida y avergüenza, ese manifiesto positivista que lo despersonaliza, que apunta a la motivación extrínseca, en detrimento de la motivación intrínseca, no habla de quien es él/ella en realidad. Son escasas las alusiones a las fortalezas del niño, como que si es un gran compañero y amigo, si es curioso, si se interesa en  profundizar los temas tratados, si sus preguntas enriquecen la clase, cuál es su estilo de aprendizaje, como se lo puede acompañar en casa en la construcción de su aprendizaje desde sus focos de interés, entre otros.

El boletín tiene como función ser un documento que legitime las decisiones y acciones tomadas por la institución escolar y donde se vuelcan los resultados de las evaluaciones, esas que le ponen tan nervioso porque no entiende las consignas o porque ante la presión “se le hace una laguna”, o porque le cuesta escribir y por lo tanto no logra expresar en forma escrita todo lo que ha aprendido.

Las tareas domiciliarias:

Sería muy extraño imaginar un docente que no aplique esta antigua costumbre de dar tareas domiciliarias. Pero, ¿a qué apuntan?; ¿qué se evalúa de ellas?; ¿a quién están dirigidas?; ¿a quién le sirve?

Un pedagogo ortodoxo, dirá de inmediato que existen aprendizajes que deben ser desarrollados y apuntalados con material y tiempo no disponible en la escuela. Pero, ¿esos saberes fueron realmente incorporados y experimentados en la escuela, para profundizarlos con material más complejo?; ¿es la motivación propia de los alumnos, la que los lleva a profundizar en los temas dados?; ¿Es la búsqueda de potenciar  la zona de desarrollo próximo cuando el mediador es su madre?; ¿quién o con quién se realizan esas tareas domiciliarias?.

Nos permitimos cuestionar estas prácticas, sabiendo que si el sistema se ha mantenido secular e ininterrumpidamente, será seguramente porque es beneficioso, pero beneficioso para quién? Si los padres no contaran con ese elemento, quizás no tendrían manera de controlar la actividad docente, los temas abordados y la propia evaluación de su hijo. Por su parte la escuela, “comparte” en cierto modo  la enseñanza con los padres y tendrá con quién compartir un desarrollo inestable en el aprendizaje.  Parecen otro de los  dispositivos vinculados al Poder.                                          Cuando  las tareas  logradas por el niño Y / O su madre, hermanos mayores o maestros complementarios, tiene calidad y cantidad, calificará al alumno de responsable y cumplidor, a la familia de comprometida con el desarrollo educativo y al sistema como exitoso. Pero cuando el hogar del niño carece de materiales, carece de los medios para un docente complementario, carece hasta de un espacio físico adecuado para la realización de las tareas y hasta carece de un adulto capacitado para la supervisión de la tarea, ¿el niño será irresponsable y sospechado de ineducable?; ¿la familia será juzgada de poco comprometida?; ¿la escuela habrá conseguido en quién volcar la génesis del problema de aprendizaje del niño?

Creo, como dije, que estos dispositivos tienen como objetivo un sentido utilitario y de control, aceptado por la tradición reproductora de modelos sociales, por los padres y el sistema en general. Creo también, que en tiempos en los que se habla y escribe sobre la subjetividad, el derecho de la infancia y la educación inclusiva, habrá que comenzar por revisar la verdadera conveniencia de estos elementos disciplinadores y por sobre todo, cómo repercute en el desarrollo del niño,  en su aprendizaje y en su calidad de vida.