Las historias de vida: Narrar para encontrarse.

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“Lo biográfico, lo privado y lo íntimo constituyen umbrales hipotéticos hacia la profundidad del yo”

Leonor Arfuch

Clifford Geertz sostenía que las sociedades contienen en sí mismas sus propias interpretaciones y que lo único que se necesita es aprender la manera de tener acceso a ellas; en este sentido parece atinado deducir que esto mismo ocurre en cada familia. Sus miembros saben de sus secretos, de lo que está permitido decir y lo que no; operar sutiles mecanismos de regulación y control, alianzas y traiciones que constituyen un microcosmos simbólico que permanece amurallado celosamente respecto a la acechante injerencia de los “de afuera”, docentes, terapeutas, médico, amigos o investigador. (Pérez Fonticiella – Valdez)

Los individuos son “productores de conocimientos sobre su propia situación” (Enriquez, 1993).

Generar empatía, ir al encuentro de ese alguien que habla, autorizarlo a decir por qué estamos en ―estado‖ de escucha o en posición de escucha, moviliza cualidades necesarias para el abordaje clínico que no dependen sólo de la buena voluntad del investigador, quien de hecho pone sus recursos, sus conocimientos, su propia historia, para entender sus motivaciones y sus resistencias. La escucha y la participación, de este modo, hacen referencia a la famosa oposición entre compromiso-distanciamiento sugerido por Norbert Elías, quien habla del vínculo inseparable entre la subjetividad del investigador y el sujeto, para no caer en el sesgo intelectualista del que advierte Bourdieu, ―…de percibir el mundo como un espectáculo, como un conjunto de significados a la espera de ser interpretados…(Valdez – Pérez Fonticiella)

La clínica psicopedagógica como laboratorio de investigación social.

Lic Silvia Pérez Fonticiella . Lic Mario A Valdez.

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