LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA ENTRE LOS PADRES, ES TAMBIÉN MALTRATO INFANTIL

Ser testigo y víctima de una comunicación tóxica, basada en el control, la manipulación, el chantaje, el discurso ambivalente y la progresiva aniquilación de la autoestima de otro ser humano, pasa unas facturas enormes a los hijos que respiran esa atmósfera.

VIOLENCIA

https://www.psyciencia.com/2017/05/la-violencia-psicologica-que-se-ejerce-sobre-la-pareja-es-tambien-maltrato-infantil/

EL MALTRATO INFANTIL Y SUS CONSECUENCIAS EN LOS NIÑOS Y LA SOCIEDAD

Dentro del desarrollo en el niño se ven afectados dos procesos indispensables para el buen funcionamiento del cerebro estos son: la plasticidad neuronal y la mielinización.

maltrato

https://www.psyciencia.com/2016/16/el-maltrato-infantil-destruye-a-los-ninos-y-a-nuestra-sociedad/?utm_content=buffer01c64&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

¿EXISTE ALGUNA RELACIÓN ENTRE LA ACTITUD AGRESIVA Y EL DETERIORO COGNITIVO?

Los jóvenes con un talante hostil o con dificultades para manejar las situaciones de estrés tienen más posibilidades de presentar problemas de memoria en la adultez.

AGRESIVIDAD

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LAS CONDUCTAS ANTI-SOCIALES TIENEN UN COMPONENTE GENÉTICO

antisocial

Nuevos estudios analizan el papel del ADN y del entorno en el castigo físico, la violación, el acoso y el cociente intelectual. ¿Qué papel juegan la genética y el entorno en el desarrollo de los comportamientos antisociales y criminales? Aunque la respuesta no está clara y aún queda mucho por investigar y comprender, los resultados de varios estudios recientes dentro del campo de la investigación biosocial sugieren que existiría un condicionamiento genético que predispone a desarrollar la agresividad o la tendencia al acoso, entre otras actitudes. En estas investigaciones se hace patente asimismo la importancia de la combinación de genética y ambiente, como potenciadora de cualquier tipo de comportamiento. Por Yaiza Martínez.

¿Qué papel juegan la genética y el entorno en el desarrollo de los comportamientos antisociales y criminales? La respuesta no está clara y aún queda mucho por investigar y comprender. En el año 2002, el psicólogo de la University of Southern California (USC) de Estados Unidos, Adrian Reine, especializado en los mecanismos cerebrales que predisponen a estos comportamientos, señalaba ya en un artículo aparecido en PubMed, la necesidad de profundizar en el conocimiento de la combinación de los factores sociales y biológicos que influyen en las actitudes violentas.

Los estudios de Reine y de otros científicos se enmarcarían en el campo de la investigación bio-social, un método multi-disciplinal de análisis de los comportamientos antisociales y criminales, que incluye aspectos de la genética del comportamiento, de la neurociencia, de la biología evolutiva y de la psicología del desarrollo. Además, esta metodología incorpora diversas técnicas analíticas.

En definitiva, aunque durante siglos los especialistas han señalado el papel que los factores biológicos juegan en la formación del comportamiento humano, la incorporación de las ciencias biológicas al estudio de los comportamientos criminales es aún una práctica reciente, en continuo desarrollo.

La genética y el efecto del maltrato

En este campo es en el que trabaja Brian Boutwell profesor Del College of Criminal Justice de la Sam Houston State University (SHSU) de Estados Unidos. Boutwell es además psicólogo y criminólogo, y está especializado en la genética del comportamiento y en el estudio de la influencia del entorno y de los factores genéticos en el comportamiento antisocial.

Según publica la SHSU en un comunicado, en sus últimos estudios, Boutwell ha examinado el castigo físico, la violación, el acoso y el cociente intelectual.

En un artículo publicado recientemente por Boutwell y sus colaboradores en la revista Agressive Behavior, los investigadores explican los resultados obtenidos en uno de sus análisis, que se centró en la relación entre los factores genéticos de riesgo para el comportamiento antisocial y el uso del castigo físico en los niños.

Investigaciones previas habían asociado el castigo físico infantil con la propensión de las víctimas a la agresividad, la psicopatología y la criminalidad. Boutwell analizó porqué, sin embargo, no todos los niños que son físicamente maltratados desarrollan estas tendencias antisociales.

Los resultados obtenidos en su estudio, realizado en colaboración con los investigadores Courtney Franklin (SHSU), J.C. Barnes (de la Universidad de Texas en Dallas) y Kevin M. Beaver (de la Florida State University) sugieren que ciertos factores genéticos determinarían el efecto del maltrato en el comportamiento antisocial.

Más concretamente, los niños con una predisposición genética al comportamiento antisocial parecen ser los más sensibles a las influencias negativas del castigo físico. Como curiosidad, esta interacción entre genes y ambiente resultó ser especialmente importante en el caso de los varones, y no de las niñas estudiadas.

En este caso, los investigadores analizaron el peso de la variable genética en el desarrollo de los comportamientos antisociales a partir de datos de una muestra nacional representativa de parejas de gemelos, explican los autores del estudio en Agressive Behavior.

Otros comportamientos genéticamente condicionados

Boutwell también ha examinado la relación entre los delincuentes reincidentes y las violaciones. Partiendo de lateoría del desarrollo propuesta en 1993 por la especialista en ciencias del comportamiento de la Universidad de Duke, Terrie Moffit, Boutwell constató en otro estudio que las personas que pertenecen al pequeño grupo de población que presenta agresividad crónica son significativamente más propensas a la violación, y cometen estos actos repetidamente a lo largo de su vida.

A partir de estos resultados, y de resultados obtenidos en estudios anteriores, los investigadores sugieren que el origen de las violaciones, en parte, podría ser genético. Boutwell y sus colaboradores pretenden desarrollar nuevas investigaciones a este respecto, para probar esta relación específica entre genética y comportamiento.

Por otro lado, en otro estudio en curso, realizado con los colaboradores de la SHSU, Matt Nobles y Todd Armstrong, Boutwell está examinando las correlaciones genéticas y ambientales de los comportamientos de acoso.

Los datos a analizar han sido tomados de una muestra de estudiantes matriculados en los cursos de justicia criminal de la SHSU. Los científicos han realizado cuestionarios a los participantes en los que se incluyeron preguntas sobre factores ambientales, de comportamiento y demográficos, y se están evaluando las actitudes de acoso, violencia hacia la pareja e implicación en las relaciones personales de los estudiantes.

Por otro lado, para la investigación se han recopilado, a través de la mucosa bucal de los voluntarios, muestras de las células de ADN de sus mejillas. A partir de estas muestras, los científicos analizarán aquellos genes que podrían estar relacionados con la tendencia a acosar a otras personas.

Por último, Boutwell y sus colaboradores están estudiando el vínculo entre la genética, el comportamiento social y la inteligencia. Los descubrimientos realizados hasta ahora en esta dirección han demostrado que existe una relación entre los factores de riesgo genéticos que se corresponden con un comportamiento antisocial incrementado y una función cognitiva reducida.

Mitigación ambiental

Recientemente, hablamos en Tendencias21 de otra investigación que también había relacionado el mal comportamiento con los genes. Realizado en la Virginia Commonwealth University de Estados Unidos, este estudio reveló que un gen particular, el CHRM2, influiría en los comportamientos peligrosos que desarrollan algunos adolescentes.

La influencia de este gen en el comportamiento de los jóvenes estaría, sin embargo, condicionada por las actitudes de los padres. En concreto, la investigación demostró que la atención paterna y materna (el grado de conocimiento que los padres tienen acerca de lo que sus hijos hacen) es un moderador clave del grado de influencia de las predisposiciones genéticas hacia ciertas actitudes perniciosas.

En este caso, los investigadores analizaron a 450 voluntarios, su comportamiento desde la escuela infantil y hasta la adolescencia. Además, tomaron muestras de ADN de todos ellos. Según los autores del estudio, los resultados obtenidos demuestran que el comportamiento es una combinación de predisposición genética e influencia ambiental y que, por tanto, el riesgo de desarrollar actitudes nocivas por predisposición genética puede mitigarse.

tendencias21.net

EL INSULTO: ¿UN ESTILO DE VIDA?

insulto

La violencia es el miedo a los ideales de los demás. Mahatma Gandhi.

Toda ciudad exhibe, como orgullo de sus habitantes, monumentos emblemáticos. La Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, y el monumental Taj Mahal, por citar sólo algunos, son mudos y soberanos testigos del crecimiento y desarrollo de sus respectivas naciones, y de su interacción con el resto del mundo.

De igual forma, cada época tiene uno o varios referentes que provoca que la memoria evoque historias, costumbres, indumentaria; y así, cuando, por ejemplo, escuchamos un comentario alrededor de la famosa banda de rock The Beatles, acuden las imágenes no sólo de sus integrantes, sino de todo lo que se construyó alrededor de ellos y su música: un estilo musical que marcó un antes y un después en el estilo de vida de millones de personas.

En la actualidad, parece que un vestigio indiscutible de esta nueva era de la información, es el insulto. Sí: la ofensa constante dirigida a figuras públicas (y otras no tan conocidas) en redes sociales como Twitter, es acaso lo representativo de nuestra comunicación actual. Aunque aquí cabría la pregunta: ¿eso es comunicación? ¿Es necesario criticar sin miramientos ni empacho lo mismo un discurso, que una vestimenta y ni hablar de las decisiones, de cuanta persona se crea que es conveniente hacerlo, enarbolando una falsa bandera de libertad de expresión?  Considero que existe una confusión discutible y reprochable entre ‘expresarse con libertad’ y ‘agraviar’: lo primero conduce a un ejercicio sano que facilita la comunicación, la interacción y la información; lo segundo, no es más que una cuestionable actividad donde se conjugan la denostación, el hostigamiento y el juicio.  Porque una cosa es el beneficio que brinda la comunicación digital, que permite difundir acciones de interés general (tales como los relacionados con derechos humanos, ecología, corrupción, etc.); y otra, me parece muy opuesta, evidenciar un error o una falla con el nada grato acompañamiento de insultos, groserías e imputaciones de todo tipo –incluso- sexistas y racistas. Es común leer, por ejemplo, menciones donde se acusa de ‘nena’ a quienes deciden no contestar, o a quien lo hace pidiendo respeto. Sí: el insulto es cotidiano…

Todo esto, como si quien escribe tuviera en sus manos la posesión de la verdad absoluta, la autoridad moral para juzgar cualquier palabra, acto o pensamiento…

Es evidente que hoy, como ayer, se declaran luchas sin cuartel a aquello que nos resulta ajeno o diferente, aquello que es contrario a nuestras convicciones personales. Sin embargo, hoy por hoy, esas luchas trascienden fronteras, y se difunden en menos de un minuto gracias a la tecnología. Y así, en ese intervalo de tiempo cada vez menor, se atestigua una afrenta insistente, en todos los idiomas. Que reinara la congruencia entre nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones debiera ser una ley de convivencia. Quienes exigimos respeto a la libre expresión (y aquí cabría prácticamente toda usuaria y todo usuario de las redes sociales), tenemos la obligación moral de respetar opiniones, posturas políticas e ideologías distintas a la nuestra. Que una persona tenga una opinión contraria a la que sostenemos, de ninguna manera le resta ni valor a su opinión, ni a su inteligencia y mucho menos a su persona. ¿Por qué, entonces, sobran los agravios? ¿Son necesarios?  Es indiscutible que en México vivimos una situación de violencia sin precedentes a lo largo y ancho del país. Y en ese contexto, al menos para mí, es irrefutable mi decisión de cuestionar, divulgar, exigir si se hace necesario; pero siempre, invariablemente, con respeto no sólo a las ideas, sino, por encima de todo, a la persona.

Considero urgente tomar conciencia que la violencia no sólo es física: las ofensas, públicas y privadas, constituyen el germen de la violencia en su más amplio sentido. Me niego a que sea esta violencia, verbal y escrita, un referente de la época que vivo… No, yo propongo que sea el respeto lo que distinga los tiempos venideros, esos que estamos construyendo, tú y yo, segundo a segundo, de aquellos que hemos dejado atrás. Estamos a tiempo…

Leticia del Rocío Hernández para reeditor.com