EL MALTRATO INFANTIL Y SUS CONSECUENCIAS EN LOS NIÑOS Y LA SOCIEDAD

Dentro del desarrollo en el niño se ven afectados dos procesos indispensables para el buen funcionamiento del cerebro estos son: la plasticidad neuronal y la mielinización.

maltrato

https://www.psyciencia.com/2016/16/el-maltrato-infantil-destruye-a-los-ninos-y-a-nuestra-sociedad/?utm_content=buffer01c64&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

EVA MILLET: “DEJEMOS DE PREGUNTÁRSELO TODO A LOS NIÑOS, LA FAMILIA NO ES UNA INSTITUCIÓN DEMOCRÁTICA”

Hemos pasado de tener hijos mueble, a los que hacíamos poco caso, a tener hijos altar, a quienes veneramos.

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http://www.ara.cat/es/Eva-Millet-Dejemos-preguntarselo-institucion_0_1574842670.html

FANTASEAR DURANTE EL JUEGO AUMENTA LA CREATIVIDAD

Los niños que juegan a juegos de fantasía (de imaginar cosas posibles o imposibles) son más creativos

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http://www.tendencias21.net/Fantasear-durante-el-juego-aumenta-la-creatividad-de-los-ninos_a43181.html?TOKEN_RETURN

INTELIGENCIAS MÚLTIPLES: CÓMO DETECTAR LAS FORTALEZAS DE NUESTROS HIJOS

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http://www.cca.org.mx/profesores/cursos/cep21-tec/modulo_2/inteligencias_mutiples.htm

CÓMO SE APRENDE A ESTUDIAR

estudiar

La falta de organización y concentración, son algunos de los errores que dificultan el aprendizaje

“Es muy inteligente, pero no aprueba”; “estudia mucho, pero luego suspende”. Sentencias como éstas se les escuchan a padres cuyos hijos en edad escolar, no obtienen los resultados académicos deseados. Las causas de este bajo rendimiento no hay que buscarlas siempre en la capacidad o en la inteligencia de los estudiantes. A menudo, el origen del problema es diferente: “no saber estudiar”.

En su libro “Aprender a estudiar, no es imposible”, el profesor Joaquín Almela define el término “estudiar” como una situación en la que el estudiante debe “situarse adecuadamente ante unos contenidos, interpretarlos, asimilarlos y retenerlos para después poder expresarlos en una situación de examen o en la vida práctica”. El problema surge cuando el alumno tiene dificultad para llevar a cabo una o varias partes de este proceso de forma efectiva.

Las dificultades se pueden corregir, pero esto debe hacerse a tiempo, para que no se conviertan en un hábito

Estas dificultades pueden residir en características personales del alumno, como la falta de atención o la mala memoria, en actitudes hacia el estudio, como el desinterés o la desmotivación, en cuestiones organizativas, como la falta de método, técnicas y estrategias de aprendizaje, o en aspectos ambientales, como la carencia de un lugar adecuado para estudiar o la abundancia de distracciones en el entorno. Todas estas dificultades se pueden corregir de forma sencilla, lo importante es hacerlo a tiempo para que no se conviertan en un hábito que marque la trayectoria académica del estudiante durante su vida escolar.

Analizar la situación

El primer paso que deben dar los progenitores, junto con los propios estudiantes, es analizar de forma detenida los diferentes problemas que detecta el alumno al estudiar. El escolar que obtiene bajas calificaciones, no es el único que tiene dificultades, también puede tenerlas quien, a pesar de conseguir buenos resultados, ha tenido que realizar un esfuerzo mayor para alcanzarlos.

En el proceso de análisis deben intervenir los docentes o profesionales de apoyo

Las dificultades pueden originarse en el momento de abordar el estudio en casa, pero también pueden tener de base una actitud errónea en clase. Estos profesionales son un apoyo esencial para obtener recomendaciones sobre estrategias, técnicas y recursos idóneos para estudiar de forma efectiva.

Errores habituales

Cada estudiante es único, pero en función de sus dificultades de estudio pueden definirse varios perfiles: quien estudia mucho y no aprueba, quien estudia bien pero falla en los exámenes, quien no quiere estudiar… Según estas tipologías, las dificultades o los errores pueden residir en unos u otros aspectos:

  • Método de estudio: como afirma Ramón González Cavanach, en su obra ‘Estrategias y técnicas de estudio’, una de las razones por las cuales un alumno no es un buen estudiante puede ser: “abusar de técnicas y estrategias simples centradas en la repetición y el repaso, en detrimento de otras más complejas como la elaboración de esquemas o la construcción de supuestos”. Los especialistas recomiendan revisar este aspecto metodológico, sobre todo, en los casos de alumnos cuyo rendimiento al estudiar no se refleja en los resultados. Un uso adecuado de las principales técnicas de aprendizaje, permite disminuir el tiempo de estudio y aumentar la habilidad para comprender la información.
  • Concentración: en ocasiones, el alumno tiene voluntad de estudiar, pero no es capaz de concentrarse en sus tareas. En estos casos, hay que revisar y eliminar los elementos de distracción que pueden provocar esta falta de concentración y proporcionarle un lugar de estudio adecuado alejado de las disrupciones.
  • Planificación: la abultada agenda de actividades extraescolares que atienden cada día muchos estudiantes impide que cuenten con el suficiente tiempo para organizar su estudio. Un alumno considerado perezoso, en ocasiones es tan solo un alumno cansado, sin ganas de estudiar después de una jornada agotadora. Es necesario que los padres y alumnos planifiquen un horario realista, adaptado a la edad del niño y su perfil, que le permita adoptar una rutina de estudio eficiente.
  • Comprensión: algunos estudiantes son incapaces de estudiar de forma eficiente porque carecen de la base necesaria para entender la materia. Estos casos, más frecuentes en alumnos que cambian de nivel o de centro, necesitan una intervención del docente de apoyo o terapeuta, que oriente a los padres y al alumno sobre los contenidos que debe reforzar para ponerse al día en la asignatura.
  • Motivación: la falta de interés y una actitud negativa hacia los estudios es una de las principales causas del fracaso escolar. Desde el entorno familiar, los progenitores pueden motivar a sus hijos si muestran interés por sus tareas, participan en ellas y expresan satisfacción ante sus logros. Por otra parte, los docentes en el ámbito académico, pueden utilizar distintas estrategias motivadoras que ayuden a despertar el interés del alumno por las materias y fomente el sentimiento de competencia.
  • Ansiedad: distintas actitudes mentales como la inseguridad, el nerviosismo y la ansiedad pueden provocar que un buen alumno sea incapaz de demostrar sus conocimientos en el momento de enfrentarse a un examen. Se debe enseñar a estos estudiantes a preparar la mente para el examen, fomentar la confianza y seguridad en sí mismos y evitar que cometan errores frecuentes, como estudiar de forma desmesurada el día anterior, dormir poco o alimentarse mal.
  • Por MARTA VÁZQUEZ-REINA para EROSKI Consumer

ADOLESCENTES: ¿ADULTO YO?, NO, GRACIAS… Por Mariano Narodowski (*)

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adolescentes inmaduros

Hasta no hace mucho tiempo, la adolescencia era una etapa de la vida signada por la contradicción entre los grandes ideales románticos, (románticos en los dos sentidos, el de protagonizar una epopeya heroica o también el de participar de un gran romance), y la angustia del “no poder”, del “no alcanzar” porque el adolescente carecía de los recursos materiales y simbólicos que a los adultos les permitía independencia y autonomía: los adolescentes eran adolescentes porque todavía no podían tomar decisiones por sí mismos, y cuando las tomaban, se las criticaba por su inmadurez o su incapacidad.

Los adolescentes de antes eran puestos por nuestras sociedades en el lugar de la espera, (a llegar a ser adulto), de la transición a la adultez: la adolescencia era, a lo sumo, un momento de experimentación que se encausaría con los beneficios de la adultez: el dinero del trabajo adulto, el sexo y el amor sin limitaciones, (o con los límites que el adulto se auto-imponía), la estabilidad de conformar adultamente una familia, el prestigio de vestirse como adulto, el reconocimiento al hablar con el lenguaje de los adultos, la exclusividad de poder ingresar a los lugares solo permitidos para adultos.

El adolescente de antes -pobres, nosotros, los que ahora tenemos más de 40 y queremos convencernos de que nuestro tiempo pasado era mejor- sufría la exclusión de no acceder a aquellos espacios vedados a los menores de 18, o de tener que dejar lugares públicos a las 22hs., de poseer un cuerpo al que se lo caracterizaba de “torpe” e “inmaduro”. Para colmo, el mundo adulto subestimaba al adolescente por utilizar un léxico, usar una vestimenta o escuchar una música, apenas aceptable para la edad, transitoria, burda, mejorable. La adolescencia era una etapa de la vida por suerte pasajera, un tanto absurda, que por fortuna desaparecía con el mero paso del tiempo.

No hace falta aclarar que este panorama hace tiempo estalló en mil pedazos y hoy, esta ecuación parece haberse invertido. Son los adultos los que intentan parecerse a los adolescentes: escuchan su música o al menos la conocen, tratan de usar (con algo de dignidad) su ropa, se animan a sus piercing y a sus tatuajes. Son adultos cool, ¿ok?

Los adultos ahora tratan de parecer “copados”: hablan como adolescentes, se mimetizan en su “onda” y hasta tratan de retener en la medida de sus posibilidades su propio cuerpo como un cuerpo adolescente: que el cuerpo parezca puro, sin usar, virgen de paso del tiempo. Los adultos “copados” entienden, acompañan, son “gambas”, nunca dicen “no” porque “esto es lo que decidieron los chicos”. A veces ayudan y socorren a los adolescentes hasta en lo que los asusta o no están de acuerdo (tatuajes, horarios, alcohol, drogas) porque “más vale que la guita se la dé yo antes que se la consigan por otro lado”, ¿Es re obvio, no? Estos adultos son unos re ídolos.

Ya no quedan sino unas pocas fronteras sociales entre adultos y adolescentes: a todos se nos ha dado ver lo mismo, saber lo mismo, escuchar lo mismo, participar casi de lo mismo. Baja la edad de imputabilidad penal y baja la edad de mayoría de edad. Pero no solamente estas cuestiones legales; hay más. El baile del caño ya no está reservado a experimentados y maduros cabareteros trasnochadores, y el porno perdió todo su misterio y está a apenas a un clic de distancia de cualquiera al que le interese. Ya no hay “horario de protección al menor” o por lo menos nadie se desgañita por hacerlo respetar, y son los adultos los que se van a dormir a las 22hs. Los que consiguen dormir, claro.

El modelo central de identificación social de nuestras sociedades ya no es adulto: ¿a quién le importa crecer? Al contrario, un adulto con fisonomía adolescente parece ser el ideal corporal de estos tiempos, mientras que el resto de los adultos son dinosaurios de una especie en vías de extinción. Como bien dice el tema de los Auténticos Decadentes “Quiero ser un pendejo/ aunque me vuelva viejo”. Ahora todos somos “chicos”. “¿Qué van a tomar, chicos?”, nos pregunta la joven camarera de un bar de Palermo Hollywood a mi amigo Tedy y a mí, quienes entre ambos sumamos casi un siglo. ¿Los de Gran Hermano? Son todos “chicos”, aunque tengan más de treinta. Los chorros ahora también son pibes.

No es que la adolescencia actual dure más que la de antes, como se dice por ahí. Lo que ocurre es que ya casi no hay distinción entre adolescencia y adultez en un mundo en el que a pocos se les ocurre invocar su propia experiencia o su sabiduría de la vida como un valor positivo. Y los que se hacen los sabios son denostados: al fin de cuentas aparecen como autoritarios imponedores de criterios pasados de moda. Están re out.

Es este un mundo en el que ya nadie ostenta con orgullo las canas y las arrugas. Nadie se vanagloria de las vueltas de la vida. Y, a la inversa, ya no es considerado un insulto el ser joven. Raúl Porchetto cantaba hace treinta años “Todo lo que hagas, pibe, no es bueno,  hoy ser joven no tiene perdón.” Lo que no tiene perdón hoy es dejar de ser joven y ser arrastrado por la marea de los años y la vejez. Más todavía, ser adulto hoy significa  asumir responsabilidades casi con tristeza. Es mejor perfilarse despreocupadamente: si sigo sin crecer alguien se va a tener que hacer cargo de mí.

Y, por favor, que sea rápido porque en un rato empieza el “Bailando…”

(*) Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella

PERFIL SOCIOLÓGICO DEL JUGADOR “ON LINE”

perfil jugador on line

http://ssociologos.com/2015/02/04/el-perfil-sociologico-actual-del-jugador-online/