CUENTO: “ME ALQUILO PARA SOÑAR” – G. García Márquez

Un cuento exquisito para el fin de semana

Gabriel García Márquez

(Aracataca, Colombia 1928 – México DF, 2014)

Me alquilo para soñar

A las nueve de la mañana, mientras desayunábamos en la terraza del Habana Riviera, un tremendo golpe de mar a pleno sol levantó en vilo varios automóviles que pasaban por la avenida del malecón, o que estaban estacionados en la acera, y uno quedó incrustado en un flanco del hotel. Fue como una explosión de dinamita que sembró el pánico en los veinte pisos del edificio y convirtió en polvo el vitral del vestíbulo. Los numerosos turistas que se encontraban en la sala de espera fueron lanzados por los aires junto con los muebles, y algunos quedaron heridos por la granizada de vidrio. Tuvo que ser un maretazo colosal, pues entre la muralla del malecón y el hotel hay una amplia avenida de ida y vuelta, así que la ola saltó por encima de ella y todavía le quedó bastante fuerza para desmigajar el vitral.

Los alegres voluntarios cubanos, con la ayuda de los bomberos, recogieron los destrozos en menos de seis horas, clausuraron la puerta del mar y habilitaron otra, y todo volvió a estar en orden. Por la mañana no se había ocupado nadie del automóvil incrustado en el muro, pues se pensaba que era uno de los estacionados en la acera. Pero cuando la grúa lo sacó de la tronera descubrieron el cadáver de una mujer amarrada en el asiento del conductor con el cinturón de seguridad. El golpe fue tan brutal que no le quedó un hueso entero. Tenía el rostro desbaratado, los botines descosidos y la ropa en piltrafas, y un anillo de oro en forma de serpiente con ojos de esmeraldas. La policía estableció que era el ama de llaves de los nuevos embajadores de Portugal. En efecto, había llegado con ellos a La Habana quince días antes, y había salido esa mañana para el mercado manejando un automóvil nuevo. Su nombre no me dijo nada cuando leí la noticia en los periódicos, pero en cambio quedé intrigado por el anillo en forma de serpiente y ojos de esmeraldas. No pude averiguar, sin embargo, en qué dedo lo usaba.

Era un dato decisivo, porque temí que fuera una mujer inolvidable cuyo nombre verdadero no supe jamás, que usaba un anillo igual en el índice derecho, lo cual era más insólito aún en aquel tíempo. La había conocido treinta y cuatro años antes en Viena, comiendo salchichas con papas hervidas y bebiendo cerveza de barril en una taberna de estudiantes latinos. Yo había llegado de Roma esa manana, y aún recuerdo mi impresión inmediata por su espléndida pechuga de soprano, sus lánguidas colas de zorros en el cuello del abrigo y aquel anillo egipcio en forma de serpiente. Me pareció que era la única austríaca en el largo mesón de madera, por el castellano primario que hablaba sin respirar con un acento de quincallería. Pero no, había nacido en Colombia y se había ido a Austria entre las dos guerras, casi niña, a estudiar música y canto. En aquel momento andaba por los treinta años mal llevados, pues nunca debió ser bella y había empezado a envejecer antes de tiempo. Pero en cambio era un ser humano encantador. Y también uno de los más temibles.

Viena era todavía una antigua ciudad imperial, cuya posición geográfica entre los dos mundos irreconciliables que dejó la Segunda Guerra había acabado de convertirla en un paraíso, del mercado negro y el espionaje mundial. No hubiera podido imaginarme un ámbito más adecuado para aquella compatriota fugitiva que seguía comiendo en la taberna estudiantil de la esquina sólo por fidelidad a su origen, pues tenía recursos de sobra para comprarla de contado con todos sus comensales dentro. Nunca dijo su verdadero nombre, pues siempre la conocimos con el trabalenguas germánico que le inventaron los estudiantes latinos de Viena: Frau Frida. Apenas me la habían pesentado cuando incurrí en la impertinencia feliz de preguntarle cómo había hecho para implantarse de tal modo en aquel mundo tan distante y distinto de sus riscos de vientos del Quindío, y ella me contestó con un golpe:

—Me alquilo para soñar.

En realidad, era su único oficio. Había sido la tercera de los once hijos de un próspero tendero del antiguo Caldas, y desde que aprendió a hablar instauró en la casa la buena costumbre de contar los sueños en ayunas, que es la hora en que se conservan más puras sus virtudes premonitorias. A los siete años soñó que uno de sus hermanos era arrastrado por un torrente. La madre, por pura superstición religiosa, le prohibió al niño lo que más te gustaba, que era bañarse en la quebrada. Pero Frau Frida tenía ya un sistema propio de vaticinos.

—Lo que ese sueño significa —dijo— no es que se vaya a ahogar, sino que no debe comer dulces.

La sola interpretación parecía una infamia, cuando era para un niño de cinco anos que no podía vivir sin sus golosinas dominicales. La madre, ya convencida de las virtudes adivinatorias de la hija, hizo respetar la advertencia con mano dura. Pero al primer descuido suyo el niño se atraganto con una canica de caramelo que se estaba comiendo a escondidas, y no fue posible salvarlo.

Frau Frida no había pensado que aquella facultad pudiera ser un oficio, hasta que la vida la agarró por el cuello en los crueles inviernos de Viena. Entonces tocó para pedir empleo en la primera casa que le gustó para vivir, y cuando le preguntaron qué sabía hacer, ella sólo dijo la verdad: “Sueño”. Le bastó con una breve explicación a la dueña de casa para ser aceptada, con un sueldo apenas suficiente para los gastos menudos, pero con un buen cuarto y las tres comidas. Sobre todo el desayuno, que era el momento en que la familia se sentaba a conocer el destino inmediato de cada uno de sus miembros: el padre, que era un rentista refinado; la madre, una mujer alegre y apasionada de la música de cámara romántica, y dos niños de once y nueve años. Todos eran religiosos, y por lo mismo propensos a las supersticiones arcaicas, y recibieron encantados a Frau Frida con el único compromiso de descifrar el destino diario de la familia a través de los sueños.

Lo hizo bien y por mucho tiempo, sobre todo en los años de la guerra, cuando la realidad fue más siniestra que las pesadillas. Sólo ella podía decidir a la hora del desayuno lo que cada quien debía hacer aquel día, y cómo debía hacerlo, hasta que sus pronósticos terminaron por ser la única autoridad en la casa. Su dominio sobre la familia fue absoluto: aun el suspiro más tenue era por orden suya. Por los días en que estuve en Viena acababa de morir el dueño de casa, y había tenido la elegancia de legarle a ella una parte de sus rentas, con la única condición de que siguiera soñando para la familia hasta el fin de sus sueños.

Estuve en Viena más de un mes, compartiendo las estrecheces de los estudiantes, mientras esperaba un dinero que nunca llegó. Las visitas imprevistas y generosas de Frau Frida en la taberna eran entonces como fiestas en nuestro régimen de penurias. Una de esas noches, en la euforia de la cerveza, me habló al oído con una convicción que no permitía ninguna pérdida de tiempo.

—He venido sólo para decirte que anoche tuve un sueño contigo —me dijo—. Debes irte enseguida y no volver a Viena en los próximos cinco años.

Su convicción era tan real, que esa misma noche me embarcó en el último tren para Roma. Yo, por mi parte, quedé tan sugestionado, que desde entonces me he considerado sobreviviente de un desastre que nunca conocí. Todavía no he vuelto a Viena.

Antes del desastre de La Habana había visto a Frau Frida en Barcelona, de una manera tan inesperada y casual que me pareció misteriosa. Fue el día en que Pablo Neruda pisó tierra española por primera vez desde la Guerra Civil, en la escala de un lento viaje por mar hacia Valparaíso. Pasó con nosotros una mañana de caza mayor en las librerías de viejo, y en Porter compró un libro antiguo, descuadernado y marchito, por el cual pagó lo quehubiera sido su sueldo de dos meses en el consulado de Rangún. Se movía por entre la gente como un elefante inválido, con un interés infantil en el mecanismo interno de cada cosa, pues el mundo te parecía un inmenso juguete de cuerda con el cual se inventaba la vida.

No he conocido a nadie más parecido a la idea que uno tiene de un Papa renacentista: glotón y refinado. Aun, contra su voluntad, siempre era él quien presidía la mesa. Matilde, su esposa, le ponía un babero que parecía más de peluquería que de comedor, pero era la única manera de impedir —que se bañara en salsas. Aquel día en Carvalleiras fue ejemplar. Se comió tres langostas enteras descuartizándolas con una maestría de cirujano, y al mismo tiempo devoraba con la vista los platos de todos, e iba picando un poco de cada uno, con un deleite que contagiaba las ganas de comer: las almejas de Galicia, los percebes del Cantábrico, las cigalas de Alicante, las espardenyas de la Costa Brava. Mientras tanto, como los franceses, sólo hablaba de otras exquisiteces de cocina, y en especial de los mariscos prehistóricos de Chile que llevaba en el corazón. De pronto dejó de comer, afinó sus antenas de bogavante, Y me dijo en voz muy baja:

—Hay alguien detrás de mí que no deja de mirarme.

Miré por encima de su hombro, y así era. A sus espaldas, tres mesas más allá, una mujer impávida con un anticuado sombrero de fieltro y una bufanda morada masticaba despacio con los ojos fijos en él. La reconocí en el acto. Estaba envejecida y gorda, pero era ella, con el anillo de serpiente en el índice.

Viajaba desde Nápoles en el mismo barco que los Neruda, pero no se habían visto a bordo. La invitamos a tomar el café en nuestra mesa, y la induje a hablar de sus sueños para sorprender al poeta. Él no le hizo caso, pues planteó desde el principio que no creía en adivinaciones de sueños.

—Sólo la poesía es clarividente —dijo.

Después del almuerzo, en el inevitable paseo por las Ramblas, me retrasé a propósito con Frau Frida para refrescar nuestros recuerdos sin oídos ajenos. —Me contó que había vendido sus propiedades de Austria y vivía retirada en Porto, Portugal, en una casa que describió como un castillo falso sobre una colina desde donde se veía todo el océano hasta las Américas. Aunque no lo dijera, en su conversación quedaba claro que de sueño en sueño había terminado por apoderarse de la fortuna de sus inefables patrones de Viena. No me impresionó, sin embargo, porque siempre había pensado que sus sueños no eran más que una artimaña para vivir. Y se lo dije.

Ella soltó su carcajada irresistible. “Sigues tan atrevido como siempre”, me dijo. Y no dijo más, porque el resto del grupo se había detenido a esperar que Neruda acabara de hablar en jerga chilena con los loros de la Rambla de los Pájaros. Cuando reanudamos la charla, Frau Frida había cambiado de tema.

—A propósito —me dijo—: Ya puedes volver a Viena.

Sólo entonces caí en la cuenta de que habían transcurrido trece años desde que nos conocimos.

—Aun si tus sueños son falsos, jamás volveré —le dije. Por si acaso.

A las tres nos separamos de ella para acompañar a Neruda a su siesta sagrada. La hizo en nuestra casa, después de unos preparativos solemnes que de algún modo recordaban la ceremonia del té en el Japón. Había que abrir unas ventanas y cerrar otras para que hubiera el grado de calor exacto y una cierta clase de luz en cierta dirección, y un silencio absoluto. Neruda se durmió al instante, y despertó diez minutos después, como los niños, cuando menos pensábamos. Apareció en la sala restaurado y con el monograma de la almohada impreso en la mejilla.

—Soñé con esa mujer que sueña —dijo. Matilde quiso que le contara el sueño.

—Soñé que ella estaba soñando conmigo —dijo él.

—Eso es de Borges —le dije. Él me miró desencantado. —¿Ya está escrito?

—Si no está escrito se va a escribir alguna vez —le dije . Será uno de sus laberintos.

Tan pronto como subió a bordo, a las seis de la tarde, Neruda se despidió de nosotros, se sentó en una mesa apartada, y empezó a escribir versos fluidos con la pluma de tinta verde con que dibujaba flores y peces y pájaros en las dedicatorias de sus libros. A la primera advertencia del buque buscamos a Frau Frida, y al fin la encontramos en la cubierta de turistas cuando ya nos íbamos sin despedirnos. También ella acababa de despertar de la siesta.

—Soñé con el poeta —nos dijo.

Asombrado, le pedí que me contara el sueño.

—Soñé que él estaba soñando conmigo —dijo, y mi cara de asombro la confundió— ¿Qué quieres? A veces, entre tantos sueños, se nos cuela uno que no tiene nada que ver con la vida real.

No volví a verla ni a preguntarme por ella hasta que supe del anillo en forma de culebra de la mujer que murió en el naufragio del Hotel Riviera. Así que no resistí la tentación de hacerle preguntas al embajador portugués cuando coincidimos, meses después, en una recepción diplomática. El embajador me habló de ella con un gran entusiasmo y una enorme admiración. “No se imagina lo extraordinaria que era”, me dijo. “Usted no habría resistido la tentación de escribir un cuento sobre ella”. Y prosiguió en el mismo tono, con detalles sorprendentes, pero sin una pista. que me permitiera una conclusión final.

—En concreto —le precisé por fin—: ¿qué hacía?

—Nada —me dijo él, con un cierto desencanto—. Soñaba.

DISLEXIA: ESA DIFÍCIL TAREA DE APRENDER – Por equipo IINNUAR

dislexia

La lectura es una de las herramientas básicas para adaptarse al contexto social y escolar; un fracaso en este aprendizaje, genera prematuramente una serie de riesgos para el niño: actitudes negativas, repetición, deserción escolar y fundamentalmente, una asociación entre aprendizaje con angustia y sentimientos de incompetencia en relación a la tarea.

El habla está constituida por sonidos y a estos sonidos les llamamos fonemas; estos fonemas están conformados por las consonantes, las vocales, los grupos consonánticos y los diptongos. Aprender a leer y escribir, requiere de una persona que tenga los recursos cognitivos para asociar en su cerebro el sonido o fonema, con el símbolo gráfico o visual que le corresponde, (llamado grafema); esto implica que pueda reconocer las letras y las agrupaciones de letras, para que luego pueda acceder a lo que significa esa palabra. Este proceso, que parece tan común y que se realiza casi mecánicamente, es sin embargo para algunos niños, una fuente de dificultades y sufrimientos. Existe un grupo de dificultades en el desarrollo del lenguaje que no pueden ser justificadas por defectos instrumentales auditivos o de mecánica fono-articulatoria, ni por retraso intelectual ni por otros trastornos psicopatológicos o deprivación socio-afectiva. Estas dificultades reciben el nombre de Trastornos Específicos del Desarrollo del Lenguaje, (TEDL), y presentan ciertas modalidades clínicas, según la proporción en que estén afectadas las competencias fonológicas, sintácticas y lexicales en las áreas de comprensión y expresión. A su vez, pueden asociarse a trastornos de la comunicación, (espectro autista), o proporcionar el trasfondo de trastornos del aprendizaje, como la dislexia-disortografía. El niño disléxico-disortográfico, es biológicamente diferente, porque posee un bagaje genético especial, que ya ha moldeado su percepción del mundo, aun antes de todo aprendizaje formal. Los estudios actuales, permiten señalar que su cerebro, es diferente desde el nacimiento y cuando llega la hora de enseñarle a leer, ya ha interactuado con su entorno de manera diferente a la de todos los demás. Desde las primeras palabras, su lengua materna ha sido percibida por su cerebro de manera diferente; desde los primeros contactos con su entorno visual, la representación que se construye su cerebro sobre el mundo circundante y hasta sus percepciones del espacio y el tiempo, serán igualmente diferentes. El desarrollo de la neuropsicología nos ha permitido conocer que el cerebro del niño, a semejanza que el del adulto, esta organizado de forma modular, es decir, que esta constituido por redes interconectadas, teniendo cada una bajo su dependencia distintas partes del funcionamiento intelectual. Cada una de esas redes puede estar alterada en su funcionamiento, al menos de dos maneras: por haber sufrido una lesión, un daño circunscrito a una zona del cerebro, (como un grave traumatismo de cráneo), o porque esa zona se ha desarrollado de manera imperfecta desde los primeros momentos de la vida del feto o del recién nacido. En ambos casos, las consecuencias suelen ser similares. Cuando las redes alteradas son normalmente necesarias para una actividad compleja como lo es la lectura, el individuo, es entonces confrontado a dificultades específicas en la lectura, respondiendo al término general de dislexia. Cuando la dislexia surge en el adulto que había aprendido a leer de manera normal anteriormente, se habla de dislexia adquirida. Pero cuando el problema está presente antes de la edad de la lectura, es el aprendizaje el que resultará perturbado, y se habla entonces de dislexia de desarrollo.

¿Qué ocurre en el cerebro del niño con dislexia?

El cerebro humano, está formado por dos hemisferios: derecho e izquierdo, los que se comunican entre si, por una estructura que hace de puente entre ellos, llamada cuerpo calloso. Cada hemisferio está especializado en ciertas funciones. El izquierdo se especializa en los procesos de lenguaje, mientras que el derecho se especializa en el procesamiento de la información visual y espacial. Los hemisferios cerebrales trabajan de modo diferente: el izquierdo procesa la información secuencialmente, es decir, unos datos tras los otros, mientras que el derecho, lo hace simultáneamente, o sea, muchos datos a la vez. Al leer, se combinan los dos tipos de estrategias en el manejo de la información, pero en los niños disléxicos, la disfunción o fallo en el hemisferio izquierdo, afecta la velocidad de procesamiento de la información, lo que hace difícil al niño poder procesar cambios rápidos de estímulos o sucesiones, tanto en el área visual como auditiva. La evidencia de alteraciones anatómicas y funcionales en la dislexia, quedaron expuestas exhaustivamente en un informe presentado por Kaufman y Galaburda en 1989, quienes demostraron que en los cerebros de los disléxicos, se presentan malformaciones específicas de la corteza cerebral, así como diferentes asimetrías, en los lóbulos: parietal, temporal y frontal y un metabolismo anormal en el cerebelo derecho. Siendo la dislexia, en principio, un problema de aprendizaje, acaba por desarrollar una personalidad característica que en el aula se hace notar, bien por la inhibición y el retraimiento, o bien por la aparición de conductas disruptivas como hablar, pelearse, no trabajar, como formas de obtener el reconocimiento que no puede alcanzar por sus resultados escolares. En ocasiones, la dislexia va unida a dificultades de pronunciación, con mayor incidencia en la dificultad de pronunciación de palabras nuevas, largas o que contengan combinaciones de letras del tipo de las que le producen dificultades en la lectura. La dislexia ocupa un lugar central y va unida en ocasiones, a otros problemas de aprendizaje escolar, tales como la disgrafía, (dificultades en el trazado correcto de las letras), en el paralelismo de las líneas, en el tamaño de las letras, en la presión de la escritura y en fases posteriores, aparece la disortografía (dificultades para el uso correcto de las reglas de ortografía, desde las que se llaman de ortografía natural a las de nivel más complejo).

La constelación “Dis”.

¿Cuáles son los síntomas a los que deben prestar atención los padres y educadores?

Es posible apreciar, ya desde la etapa preescolar, algunos signos o detalles que pueden hacernos sospechar que un niño es disléxico.

 En la etapa preescolar, entre los 3 y los 5 años.

  • Puede haber retraso en el desarrollo del habla con dificultades para pronunciar palabras, y una lenta adquisición de vocabulario.
  • Es posible observar que tienen cierta torpeza al correr o saltar, se llevan muebles por delante, no pueden controlar bien sus movimientos y fuerza; a nivel de su motricidad fina, les cuesta abrocharse los botones y atarse los cordones de los zapatos, destapar botellas y otras acciones que impliquen coordinación de brazo manos y dedos, como escribir, usar tijeras para cortar.
  • Tiende a ser muy disperso, le cuesta mucho concentrar su atención, controlar sus impulsos y hay una preferencia por los juegos que implican mucha actividad.
  • Les cuesta memorizar los números, las vocales, los días de la semana, los colores y las formas.
  • Puede presentar conductas de inhibición, por un lado, pero también irritabilidad y actitudes oposicionistas que afectan su vínculo social con adultos y con otros niños.

 

En la etapa escolar, entre los 6 y los 11 años:

  • Presenta dificultad para asociar el sonido, a una letra en particular, y en poder descifrar las palabras aprendidas.
  • Confunden derecha e izquierda, algunos escriben en espejo.
  • Invierte letras, números, palabras.
  • Confunde el orden de las letras dentro de las palabras al escribir, y también puede hacerlo al querer representar números.
  • También pronuncia mal las palabras, invirtiendo, sustituyendo o agregando silabas.
  • Su comprensión lectora es deficitaria, no obstante, logra relatar bien el argumento de una película o una lectura o programa de TV que ha escuchado.
  • Se acentúa su torpeza motriz e incluso, tiende a ser de esos niños a los que todo le pasa, es propenso a accidentarse con más frecuencia que otros.
  • Tiene un ritmo lento de trabajo, en general, no logra finalizar las tareas propuestas por la maestra en el aula, y da muchos rodeos a la hora de tener que hacer los deberes en casa.
  • Su déficit a nivel de motricidad fina, hace que su producción escrita sea desprolija, con mala caligrafía, muchas veces ilegible.
  • Le cuesta planificar sus acciones y pensamientos, por lo que la producción de textos puede aparecer muy desorganizada, con dificultad de hallar un hilo conductor del relato.
  • Presenta déficit de secuenciación auditiva y visual, así como de su memoria de trabajo, eso implica que necesite mas tiempo para procesar la información que recibe; esto no sólo se ve reflejado a nivel del lenguaje, sino que le trae consecuencias importantes a nivel del aprendizaje de las matemáticas, afectando su razonamiento y el desarrollo de estrategias de incorporación de algoritmos y resolución de problemas.

 

Etapa posterior a los 12 años

  • Tendencia a la escritura descuidada, desordenada, en ocasiones incomprensible.
  • Inconsistencias gramaticales y errores ortográficos, a veces permanencia de las omisiones, alteraciones y adiciones de la etapa anterior.
  • Dificultad para planificar y para redactar relatos y composiciones escritas en general.
  • Tendencia a confundir las instrucciones verbales y los números de teléfono.
  • Gran dificultad para el aprendizaje de lenguas extranjeras.
  • Baja auto-estima
  • Dificultad en la percepción del lenguaje, por ejemplo en seguir las instrucciones.
  • Baja comprensión lectora.
  • Aparición de conductas disruptivas o de inhibición progresiva. A veces, depresión.
  • Aversión a la lectura y la escritura.

Todos estos trastornos de inicio, en la infancia, la niñez o la adolescencia, requieren ser tratados lo más tempranamente posible, para evitar un monto muy elevado de sufrimiento del niño y su familia, y que tengan mayores posibilidades de mejorar su calidad de vida. La evaluación neurocognitiva, permite varios niveles de investigación, que parten de lo sindromático, lo fisiopatológico y lo etiológico. El nivel sindromático permitirá evaluar los síntomas y signos que lo constituyen y nos lleva a pensar en un síndrome clínico que deberá confrontarse, más tarde, con pruebas específicas de las habilidades académicas para confirmar el diagnóstico presuntivo. La neuropsicología desempeña un papel relevante para poder reconocer los mecanismos cerebrales básicos involucrados en cada caso y asociada a estudios fisiopatológicos, nos brindará un panorama para poder diferenciar subtipos neuropsicológicos precisos. La posibilidad de contar con estudios complementarios que investiguen la estructura cerebral, (neuroimagenes y estudios funcionales con compuestos radioactivos, PET, Spect y CBF, y la funcionalidad de la misma, (neurofisiología, potenciales evocados, potenciales cognitivos, EEGq, análisis de la coherencia inter e intrahemisférica, completan el tercer nivel de investigación clínica básica para conocer la causa del trastorno y así, poder comprender el pronóstico del cuadro, como también plantear el tratamiento adecuado a la medida de cada chico.

EQUIPO IINNUAR

Prof. Lic. Silvia Pérez Fonticiella

Prof. Lic. Mario Valdez

LOS ÁCIDOS GRASOS OMEGA-3 PUEDEN PREVENIR EL ASMA INFANTIL

Tomar ciertos suplementos de ácidos grasos omega-3 durante el embarazo puede reducir en entre un 31% y un 54% el riesgo de asma infantil en la descendencia.

omega3

http://www.tendencias21.net/Los-acidos-grasos-omega-3-pueden-prevenir-el-asma-infantil_a43572.html?TOKEN_RETURN

LA PERSONALIDAD ESTÁ CONDICIONADA POR LA MORFOLOGÍA DEL CEREBRO

Estar abierto a nuevas experiencias, ser más responsables, extrovertidos, amables o nerviosos, depende de la extensión, plasticidad y densidad del córtex, que varía según cada persona manifestando rasgos de personalidad específicos para cada individuo.

cortex

http://www.tendencias21.net/Nuestra-personalidad-viene-dictada-por-la-morfologia-del-cerebro_a43646.html?TOKEN_RETURN

LA OBESIDAD DE LOS PADRES INFLUYE EN LAS HABILIDADES DEL NIÑO

Los niños presentan una menor capacidad para controlar movimientos motores finos, relacionarse con su entorno y solucionar problemas.

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http://www.investigacionyciencia.es/noticias/la-obesidad-de-los-progenitores-afecta-al-desarrollo-mental-de-los-hijos-14893?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Del+31+de+diciembre+al+5+de+enero

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LOS NIÑOS CON SÍNDROME DE TOURETTE PROCESAN EL LENGUAJE CON MAYOR RAPIDEZ

En una investigación publicada en 2007, se constató que niños con dicho trastorno obtenían mejores resultados en actividades relacionadas con la morfología lingüística, es decir, con la facultad de elaborar palabras.

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