PEDAGOGÍA CRÍTICA: La Educación artística no es “Manualidades” ni la Educación Digital es un “power point”

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Hay una pedagogía que cae en la tierra y fructifica. Como la buena semilla, toma de la tierra, del agua y del sol el alimento y crece hasta convertirse en un robusto árbol bajo cuyas ramas nos cobijamos y crecemos: es una pedagogía orgánica. Sin embargo, hay otra pedagogía que envenena la tierra y cuyos frutos no tienen sabor ni son sanos para el ser humano: es la pedagogía tóxica y sus raíces se extienden por todas las materias y ámbitos del sistema educativo. María Acaso la detectó en la educación artística pero en la educación digital también hay pedagogía tóxica.

María Acaso describe en su libro La educación artística no son manualidades (2009, Los Libros de la Catarata) la pedagogía tóxica. Según María Acaso la pedagogía tóxica “tiene como objetivo fundamental el que nunca lleguemos a estar educados” porque esta es una “metodología educativa que parece que educa pero que, en realidad, deseduca; que parece que nos hace libres, pero sólo nos hace libres para comprar; que parece que es beneficiosa, pero resulta letal para el conocimiento crítico”.

En el terreno práctico la pedagogía tóxica se caracteriza por ser “un modelo educativo que tiene como objetivos: a) que los estudiantes formen su cuerpo de conocimientos a través del conocimiento importado (metanarrativas) y b) sean incapaces de generar conocimiento propio.” Para ello la pedagogía tóxica se apoya en los siguientes puntos básicos:

  • “Los contenidos de enseñanza se seleccionan sin tener en cuenta los intereses de los estudiantes… Es un contenido desvitalizado”.
  • “La clave metodológica de la Pedagogía Tóxica son las metodologías monológicas donde no interesa la participación del estudiante”.
  • “Los procesos de evaluación se convierten en el verdadero eje central del modelo al utilizar las calificaciones como arma mediante la cual se reproduce un clima angustioso que fomenta la competitividad por el único objetivo que le interesa al estudiante: la calificación máxima. Todo esto crea una alta competitividad que relega a la mayoría y hace sobresalir a una minoría.” Además, “la evaluación sólo se dirige en una dirección. El fracaso educativo sólo corresponde al participante, nunca al profesor. Los procesos de evaluación son sumativos y de resultados, nunca continuos y del proceso”.

Estos procedimientos metodológicos son asumidos de manera tácita pues, como afirma María Acaso, “la característica más notable de la Pedagogía Tóxica es que opera de manera velada, escondida, que está agazapada.” Es más, “uno de los grandes logros de la pedagogía tóxica es que consigue que no nos cuestionemos el sistema y que lo aceptemos sin reflexión.” Como se pregunta María al comienzo del libro, “¿cómo puede ser que la mayoría de los profesores enseñen de la misma forma con la que han sido enseñados aun cuando literalmente aborrezcan de dicho sistema?”

Finalmente, el logro fundamental de la Pedagogía Tóxica es la deseducación. En el libro del mismo nombre (La (des)educación, Crítica, 2001), Noam Chomsky y Donaldo Macedo dialogan sobre educación, democracia, los mercados y otros asuntos de similar importancia. En ese diálogo, Chomsky le dice a Donaldo Macedo (pg. 29) que a los estudiantes

  • “no hay que verlos como un simple auditorio, sino como elemento integrante de la comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente. Es decir, no debemos hablar a, sino hablar con. Eso es ya instintivo en los buenos maestros, y debería serlo en cualquier escritor o intelectual. Los estudiantes no aprenden por una mera transferencia de conocimientos, que se engulla con el aprendizaje memorístico y después se vomite. El aprendizaje verdadero, en efecto, tiene que ver con descubrir la verdad, no con la imposición de una verdad oficial“.

María Acaso (2009: 44), para acabar, lo expone en términos similares:

  • “La consolidación de la Pedagogía Tóxica conlleva el auge de una pedagogía de la repetición, donde los destinatarios de los procesos educativos repiten los conocimientos que les son transmitidos sin reflexionar sobre ellos, sin repensar, sin deconstruir, sin criticar, sin pensar”.

Las TIC, la Pedagogía Tóxica y la Pedagogía Orgánica

Las TIC pueden también entrar dentro del ámbito de la Pedagogía Tóxica. Por un lado, como explica María Acaso, por desuso: “Las tecnologías no se usan en los contextos educativos porque, claro está, se aprende más a través de ellas. Y ya sabemos que en esta vaina de la pedagogía tóxica, lo que se pretende es NO APRENDER”. Puede que en esta afirmación haya algo de simplificación y sean muchas otras las razones por las cuales no se usan las tecnologías (problemas de infraestructura incluidos) pero, en todo caso, no usar las tecnologías hoy en día es, en definitiva y sea de quien sea la responsabilidad, una apuesta por un no-aprendizaje, aunque hagamos solo referencia al aprendizaje y el desarrollo de competencias vinculadas con el uso de las estas tecnologías.

Sin embargo, hay un uso de las tecnologías que también entra dentro del ámbito de la Pedagogía Tóxica y que coincide con los “puntos básicos” antes citados: cuando usamos las tecnologías para la memorización, para la automatización, sin permitir espacios de libertad, de creación y de descubrimiento, sin generar diálogo y comunicación, sin explorar los límites del aprendizaje visible y sin adentrarnos en los territorios imprevisibles del aprendizaje invisible y la educación expandida, cuando las tecnologías sirven al estudiante simplemente para reforzar aprendizajes ocurridos previamente en el aula y en la interacción exclusiva con el docente o el libro de texto, entonces las tecnologías son aliadas de la Pedagogía Tóxica.

Por otro lado, cuando las tecnologías sirven para realizar un aprendizaje vivo y no destinado a la evaluación reproductiva, entonces las tecnologías son parte de la Pedagogía Orgánica.

Frente a la Pedagogía Tóxica, la Pedagogía Orgánica se basa en tres claves fundamentales:

  • la pertinencia de los objetivos, el interés de los contenidos y el valor de las prácticas de aprendizaje desde la perspectiva de los estudiantes;
  • la apuesta decidida por metodologías dialógicas, basadas en la comunicación y en el descubrimiento compartido;
  • la evaluación para el aprendizaje, dinámica, procesual.

Y esta Pedagogía Orgánica no es un desiderátum. Permitidme algunos ejemplos: el Centro de Experimentación Didáctica de José Francisco Murillo y Miguel Sola, en la Universidad de Málaga, es un ejemplo de Pedagogía Orgánica aplicado en el difícil contexto de la universidad (sí, difícil, a veces incluso más difícil que la propia escuela). Por otro lado, proyectos como Radio Híbrido, comentado por Pablo Bongiovanni, o los “imprescindibles” de mis amigas de Bloggeando son, entre muchos otros citados aquí en Educ@conTIC, ejemplos de Pedagogía Orgánica en la educación obligatoria. La Pedagogía Orgánica ya está aquí y las tecnologías sirven para que eche raíces con fuerza en nuestra escuela.

En este sentido, la Pedagogía Orgánica no es solo una auténtica educación para el alumnado sino que también es un movimiento de liberación del profesorado. Frente a la tiranía de un currículo cerrado, un libro de texto que pretende hacer nuestro trabajo, una evaluación que nos convierte exclusivamente encorrectores y no en guías para el aprendizaje, la Pedagogía Orgánica permite imaginar, permite dialogar con los compañeros y compañeras, compartir estrategias, diseñar juntos y construir, entre todos, una escuela donde la fruta que crezca no esté envenenada sino que sea jugosa y alimenticia.

Así pues, ahora que comienza un nuevo curso, que la tierra está preparada, ahora que estamos a punto de empezar nuestro trabajo, ¿qué prefieres cultivar, Pedagogía Tóxica o Pedagogía Orgánica? Ángel Gabilondo, en su libro Darse a la lectura, nos dice que “leer es elegir”. Pues bien, enseñar es también elegir: ¿qué eliges tú?

El humo de tabaco produce daños en el ADN minutos después de su inhalación

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Un estudio norteamericano detalla, por primera vez, la forma en la que ciertas sustancias del tabaco causan daños en el ADN vinculados al cáncer.

El humo de los cigarrillos comienza a producir daños genéticos en los siguientes minutos, y no años, a la inhalación en los pulmones, según un estudio de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos que se publica en la revista Chemical Research in Toxicology.
El estudio es el primero en detallar la forma en la que ciertas sustancias del tabaco causan daños en el ADN vinculados al cáncer. Los científicos, dirigidos por Stephen S. Hecht, apuntan que el cáncer de pulmón es el responsable de la desaparición diaria de 3.000 vidas en todo el mundo, en gran medida como resultado del tabaquismo, que se vincula con al menos 18 tipos de cáncer.
La evidencia indica que las sustancias dañinas del humo de tabaco, denominadas hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), están entre los principales culpables del cáncer de pulmón. Sin embargo, hasta ahora los científicos no habían determinado la forma en la que los HAP del humo de tabaco causan los daños en el ADN humano.
Los científicos añadieron un HAP marcado, el fenantreno, a cigarrillos y siguieron su recorrido en 12 voluntarios que fumaban. Descubrieron que el fenantreno forma rápidamente una sustancia tóxica en la sangre conocida por arrasar el ADN, causando mutaciones que pueden provocar cáncer.
Los fumadores desarrollaron los niveles máximos de la sustancia en un espacio de tiempo que sorprendió incluso a los investigadores: sólo entre 15 y 30 min después de que los sujetos dejaran de fumar. Los autores señalan que el efecto es tan rápido que equivale al de inyectar una sustancia directamente en la sangre.
Según explica Hecht, “el estudio es único, es el primero que investiga el metabolismo humano de un HAP específicamente administrado por inhalación en el humo de tabaco sin interferencia de otras fuentes de exposición, como el aire contaminado o la dieta. Los resultados deberían servir como una grave advertencia para quienes están considerando comenzar a fumar”.

EL CANÍBAL DE ROTHENBURGO. UN CASO DE PSICOPATOLOGÍA FORENSE Por: Lic. Nuria Costa para reeditor.com

canibalismo

Desde mi formación en psicopatología jurídica y forense y tras haber recopilado interesante y documentada bibliografía he querido presentaros este espeluznante caso ocurrido en Alemania, en el año 2001, donde Armin Meiwes ingeniero alemán y con 42 años de edad, cometió un acto atroz de canibalismo, conmocionando a toda la humanidad.

Este caso en concreto, me parece relevante  por dos cuestiones. Por un lado, por el perfil psicopatológico que presenta  dicho individuo y por el otro, por la dificultad que entrañó su análisis desde el punto de vista jurídico. Antes de pasar al análisis en cuestión, resumiré el caso brevemente para poder entender qué sucedió. Más tarde, cuando fue detenido y ya sentado ante el tribunal, él mismo explicó cómo y por qué lo hizo. Tenemos declaraciones salidas de una mente, que al oírla,  parece proceder de otra naturaleza.

Meiwes puso un anunció en Internet con la intención de encontrar a alguien para ser “devorado” Tras descartar algunos candidatos que no acababan de estar convencidos (él tenia muy claro que debía ser un acto de mutuo acuerdo) Bern Juergen Brandes  accedió. La escalofriante escena fue grabada en video de principio a fin. En primer lugar, Meiwes seccionó el pene de Brandes para posteriormente comérselo junto a la “víctima”. Tras el banquete, el asesino siguió su carnicería cortándolo en pequeños trozos, algunos de los cuales los congeló para comérselos los días siguientes. El resto de trozos los enterró en el jardín. La alarma surgió cuando el autor de los hechos siguió anunciándose  por Internet para seguir realizando este tipo de práctica pero alguien alertó a la policía. Al cabo de un año fue detenido y posteriormente juzgado.

Tal y como comentaba al principio el suceso desemboca en muchas preguntas; ¿puede afirmarse que los dos homicidas estaban de acuerdo? No hubo violación ni se observó forcejeó en el vídeo que fue grabado con el permiso de Barnes. Es más, se declaró “feliz” en él cuando Meiwes seccionó su miembro viril, ¿de qué elementos se vale entonces la justicia para aplicar la pena? ¿Es Meiwes el único culpable? ¿Cómo se demuestra? Bajo el lema “ser devorado”, ¿fantaseaba Barnes en que solo se le amputara el miembro o quería llegar a ser del todo comido? A pesar de que las investigaciones revelaron que Berns tomó precauciones sobre su muerte (dejó hecho el testamento) son preguntas difíciles de responder desde la justicia con el agravante añadido de que en Alemania “el “canibalismo” no está contemplado como un acto penalizable.

Desde el punto de vista antropológico tenemos un caso de canibalismo- antopofágico y desde el punto de vista jurídico forense hablamos de un caso de suicidio asistido o incluso de  un homicidio compartido. Desde un punto de vista psicológico; ¿dónde encuadramos esta espeluznante personalidad del criminal? ¿Y la de la víctima? Es más ¿Era víctima realmente? Partiendo de la base de que el móvil real es el deseo sexual sin violación y que ambos querían satisfacer sus deseos de esta atroz manera hay teorías que contemplan esta barbarie como un “acto de amor”. Expliquemos; Según Jack Levin, pionero en Criminología norteamericana, en el canibalismo hay un deseo por mantener cerca a la víctima de sí mismo. Aunque parezca sorprendente Miewes con sus propias palabras afirmó; “…Yo maté a un hombre, lo descuarticé y me lo comí, y desde ese momento él está conmigo para siempre…” “Mi idea era que él se convirtiera en parte de mi cuerpo”, lo cual ha dado lugar a interpretaciones de un acto de amor perverso y perturbado. Este punto es muy  importante porque la esencia del crimen no radica en cometer el acto criminal en sí, sino en conservar ese cuerpo siendo comido dentro de uno mismo. Por otra parte, Meiwes dijo que la idea de cortar un cuerpo humano lo excitaba sexualmente, y que para estimular sus fantasías miraba películas de zombis y de matanzas. En el juicio, Armin, al relatar su historia parecía que volviera a vivirla, disfrutando de cada parte y sin ningún tipo de arrepentimiento ni congoja ante la muerte de su compañero.

Siguiendo en la misma línea y tal y como relató el autor de esta matanza perversa; “cada parte que comía era como comulgar” ( teofagia, término empleado para designar el consumo del cuerpo y la sangre de un dios, para permanecer en él). El caso de Meiwes entonces puede pasar a llamarse como un acto deendocanibalismo (pensamiento mágico de que el que es comido cobrará más vida que estando vivo).

El perfil psicológico del individuo, está enmarcado dentro de una psicopatía agravada, con trastorno de personalidad anti social grave, no existiendo alucinaciones ni delirios en su discurso, pero plantea también muchas preguntas. Por un lado se observa un crimen organizado (preparó un cuarto anti- sonido, enterró partes del cuerpo que sobró..) pero por otro lado, fue totalmente desorganizado ( la manera de anunciarse por Internet donde cualquiera podía dar con él) en esta desorganización hallamos rasgos de personalidad psicóticas aunque tampoco quedan del todo claras. Se observó ambigüedad del pensamiento pero no psiquico sino moral (Dios y el Demonio) lo que nos remite a las primeras teorías del amor/odio. Lo que sí queda claro es su agravada psicopatía en la que había intenciones de seguir con nuevas carnicerías ya que hay pruebas de ello. (volvió  a anunciarse pidiendo más carne porque los 22kg de Barnes se habían acabado)

Para seguir atando cabos, cabe ir más lejos; dos hombres con nivel sociocultural alto, ambos homosexuales, ambos habiendo sufrido la pérdida de sus padres. (La madre de Bannes se  suicidó porque su hijo era gay). Ambos tenían prácticas sexuales que implicaban dolor y ambos identificaban el placer bajo el sufrimiento. Según Christopher Bollas, la maldad se basa en “la violación de la fe del niño”, cuando el niño es acusado, maltratado o abandonado el niño es “asesinado” lo que hará que en su vida adulta someta a los otros a experimentar igualmente la muerte del yo” En resumen;  la venganza contra los padres se realiza desde el odio al ser.

Hay mucha violencia psicológica en esta historia y podríamos continuar su análisis desde diversas teorías psicoanáliticas. Parece que entre el odio, ambos buscaban el placer, un placer perturbado desde la infancia y desde la razón incomprensible.

Armin Meiwes cumple condena perpetúa en una de las cárceles de mayor seguridad de Europa. Años más tarde de este suceso, se decidió rodar una película sobre esta barbarie pero el propio Armin solicitó que ésta fuera censurada. El juez aceptó  las demandas de este “hombre” perturbado.El caníbal de Rotenburg bloquea su película. EL PAÍS  Una vez más, la realidad, supera la ficción.

Bibliografía

El Canibal de Rothenburgo. Análisis desde la Psicología Forense y Criminológica. A.S. Corvino, Uruguay. V.6 Congreso latinoamericano de Psicología Forense y Jurídica (2009)

Semiología Psiquiatrica y Psicopatía. Armin Meiwes; El caníbal alemán. Dr H, Marietan (2004)

http://www.marietan.com.ar/material_psicopatia/curso1_t4_aleman.htm

ADOLESCENTES: ¿ADULTO YO?, NO, GRACIAS… Por Mariano Narodowski (*)

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adolescentes inmaduros

Hasta no hace mucho tiempo, la adolescencia era una etapa de la vida signada por la contradicción entre los grandes ideales románticos, (románticos en los dos sentidos, el de protagonizar una epopeya heroica o también el de participar de un gran romance), y la angustia del “no poder”, del “no alcanzar” porque el adolescente carecía de los recursos materiales y simbólicos que a los adultos les permitía independencia y autonomía: los adolescentes eran adolescentes porque todavía no podían tomar decisiones por sí mismos, y cuando las tomaban, se las criticaba por su inmadurez o su incapacidad.

Los adolescentes de antes eran puestos por nuestras sociedades en el lugar de la espera, (a llegar a ser adulto), de la transición a la adultez: la adolescencia era, a lo sumo, un momento de experimentación que se encausaría con los beneficios de la adultez: el dinero del trabajo adulto, el sexo y el amor sin limitaciones, (o con los límites que el adulto se auto-imponía), la estabilidad de conformar adultamente una familia, el prestigio de vestirse como adulto, el reconocimiento al hablar con el lenguaje de los adultos, la exclusividad de poder ingresar a los lugares solo permitidos para adultos.

El adolescente de antes -pobres, nosotros, los que ahora tenemos más de 40 y queremos convencernos de que nuestro tiempo pasado era mejor- sufría la exclusión de no acceder a aquellos espacios vedados a los menores de 18, o de tener que dejar lugares públicos a las 22hs., de poseer un cuerpo al que se lo caracterizaba de “torpe” e “inmaduro”. Para colmo, el mundo adulto subestimaba al adolescente por utilizar un léxico, usar una vestimenta o escuchar una música, apenas aceptable para la edad, transitoria, burda, mejorable. La adolescencia era una etapa de la vida por suerte pasajera, un tanto absurda, que por fortuna desaparecía con el mero paso del tiempo.

No hace falta aclarar que este panorama hace tiempo estalló en mil pedazos y hoy, esta ecuación parece haberse invertido. Son los adultos los que intentan parecerse a los adolescentes: escuchan su música o al menos la conocen, tratan de usar (con algo de dignidad) su ropa, se animan a sus piercing y a sus tatuajes. Son adultos cool, ¿ok?

Los adultos ahora tratan de parecer “copados”: hablan como adolescentes, se mimetizan en su “onda” y hasta tratan de retener en la medida de sus posibilidades su propio cuerpo como un cuerpo adolescente: que el cuerpo parezca puro, sin usar, virgen de paso del tiempo. Los adultos “copados” entienden, acompañan, son “gambas”, nunca dicen “no” porque “esto es lo que decidieron los chicos”. A veces ayudan y socorren a los adolescentes hasta en lo que los asusta o no están de acuerdo (tatuajes, horarios, alcohol, drogas) porque “más vale que la guita se la dé yo antes que se la consigan por otro lado”, ¿Es re obvio, no? Estos adultos son unos re ídolos.

Ya no quedan sino unas pocas fronteras sociales entre adultos y adolescentes: a todos se nos ha dado ver lo mismo, saber lo mismo, escuchar lo mismo, participar casi de lo mismo. Baja la edad de imputabilidad penal y baja la edad de mayoría de edad. Pero no solamente estas cuestiones legales; hay más. El baile del caño ya no está reservado a experimentados y maduros cabareteros trasnochadores, y el porno perdió todo su misterio y está a apenas a un clic de distancia de cualquiera al que le interese. Ya no hay “horario de protección al menor” o por lo menos nadie se desgañita por hacerlo respetar, y son los adultos los que se van a dormir a las 22hs. Los que consiguen dormir, claro.

El modelo central de identificación social de nuestras sociedades ya no es adulto: ¿a quién le importa crecer? Al contrario, un adulto con fisonomía adolescente parece ser el ideal corporal de estos tiempos, mientras que el resto de los adultos son dinosaurios de una especie en vías de extinción. Como bien dice el tema de los Auténticos Decadentes “Quiero ser un pendejo/ aunque me vuelva viejo”. Ahora todos somos “chicos”. “¿Qué van a tomar, chicos?”, nos pregunta la joven camarera de un bar de Palermo Hollywood a mi amigo Tedy y a mí, quienes entre ambos sumamos casi un siglo. ¿Los de Gran Hermano? Son todos “chicos”, aunque tengan más de treinta. Los chorros ahora también son pibes.

No es que la adolescencia actual dure más que la de antes, como se dice por ahí. Lo que ocurre es que ya casi no hay distinción entre adolescencia y adultez en un mundo en el que a pocos se les ocurre invocar su propia experiencia o su sabiduría de la vida como un valor positivo. Y los que se hacen los sabios son denostados: al fin de cuentas aparecen como autoritarios imponedores de criterios pasados de moda. Están re out.

Es este un mundo en el que ya nadie ostenta con orgullo las canas y las arrugas. Nadie se vanagloria de las vueltas de la vida. Y, a la inversa, ya no es considerado un insulto el ser joven. Raúl Porchetto cantaba hace treinta años “Todo lo que hagas, pibe, no es bueno,  hoy ser joven no tiene perdón.” Lo que no tiene perdón hoy es dejar de ser joven y ser arrastrado por la marea de los años y la vejez. Más todavía, ser adulto hoy significa  asumir responsabilidades casi con tristeza. Es mejor perfilarse despreocupadamente: si sigo sin crecer alguien se va a tener que hacer cargo de mí.

Y, por favor, que sea rápido porque en un rato empieza el “Bailando…”

(*) Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella