¿POR QUÉ EL CEREBRO HUMANO NECESITA DEL ARTE?

cerebro y arte

https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2015/01/31/por-que-el-cerebro-humano-necesita-el-arte/

Gracias Jesús Barrera

DOCENTES: ¿VUELTA AL TRABAJO O A LA TRINCHERA?

aula

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-9521-2015-02-28.html

“Leer es Futuro”: 21 libros de nueva narrativa, ilustrados por jóvenes dibujantes

lectura

http://www.cultura.gob.ar/noticias/leer-es-futuro-21-libros-de-nueva-narrativa-ilustrados-por-jovenes-dibujantes/

¡DOCTOR!, RECÉTEME ALGO CONTRA LA SOLEDAD – Por Eduard Punset

soledad

Los humanos necesitamos pertenecer a algo, a un colectivo social, a una manada, da igual; lo importante es pertenecer. Y es muy difícil aquilatar la importancia objetiva del colectivo al que se decide pertenecer; quiero decir que la etnia puede ser mucho menos importante que la camiseta que le han puesto a uno. Se ha comprobado que la ostentación de las señas de un equipo, por ejemplo, borra el sentimiento racista que provocaba la imagen de una persona de color.

Aunque cueste creerlo, resulta que lo más importante para los humanos es pertenecer a alguien y, cuando esto falla, cuando no se pertenece a nadie porque a uno no le dejan, cuando a uno lo encierran solo, se asfixia. Lo que no soportamos es la soledad. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?” es una pregunta rara vez formulada y, sin embargo, sentida por multitud de jóvenes desamparados, mayores sin casa, moradores de hospicios y lugares de asilo. “Doctor, ¿me puede dar un remedio para la soledad?”. La gente no lo dice, no lo piensa, pero lo siente. Ahora, la ciencia acaba de descubrirnos que este sentimiento de soledad no es un subproducto de la depresión, sino que constituye un entramado patológico por sí solo.

Saciar la demanda de relaciones sociales es imprescindible para mantener una buena salud mental y física. La soledad debiera ser una de las bestias a abatir del entramado sanitario, un objetivo específico, en lugar de ser un añadido de terapias consideradas esenciales como la lucha contra la depresión. Tan importante o más que la depresión es la soledad, que, además, es distinta. Los médicos y farmacéuticos solo se ocupan de la depresión atiborrando a la gente de fármacos que no están debidamente comprobados ni en la demora o plazo de su efecto, ni en el tipo de daño que, supuestamente, eliminan ni, por supuesto, en sus efectos secundarios; casi todos, malos. Si de la depresión sabemos poco y mal, a pesar de los esfuerzos prolongados por profundizar en su naturaleza, de la soledad todavía sabemos menos. Los psicólogos y neurólogos tan solo están empezando a desentrañar sus efectos.

No hace falta encontrarse en medio de la nada para sucumbir al sentimiento de soledad

La necesidad de pertenecer comprende un deseo avasallador de formar y mantener, por lo menos, una cantidad significativa de relaciones interpersonales. Lo absolutamente nuevo en la medicina que está aflorando es la inserción de la soledad en el ámbito más amplio de las redes sociales, así como la aceptación de la necesidad universal de pertenecer a un colectivo que experimentan los humanos, sobre todo, los jóvenes.

Resulta que toda la pasión, el pensamiento y la acción de muchísima gente son el resultado del impulso para evadir el aislamiento causado por la disolución del clan familiar, la pérdida de los amigos del trabajo, el amor del resto del mundo. Detrás de todo lo que hacen, piensan o dicen los ensimismados está el pánico a la soledad. Pese a la diversidad de culturas, religión, sexo, idiomas o edad, resulta que los humanos lucen similitudes sorprendentes, como la necesidad de amor y, para recabarlo, el rechazo tajante de la soledad.

Durante muchos años, no solo no nos ocupamos de la soledad, sino que la enaltecíamos. Si salías adelante solo, sin consultar con los demás, profundizando en tu propio universo, conociendo como nadie tus propios intestinos, eras merecedor de todos los elogios. No sabíamos casi nada del cerebro; no teníamos ni idea de que no se podía aprender sin el cerebro de los demás, que solo los perversos podían ignorar los sentimientos de los otros, de que estabas condenado si no pertenecías a nada ni a nadie. Que lo peor era la soledad. Ver más en: http://www.eduardpunset.es

VIDEO-JUEGOS DE ACCIÓN: ASPECTOS COGNITIVOS FAVORABLES

video juegos

Son un buen entrenamiento para el cerebro ya que proporcionan mucha y compleja información visual y auditiva y exigen tomar decisiones de forma constante.

Los videojuegos de acción permiten entrenar el cerebro para que éste tome decisiones correctas de forma más rápida. Así lo asegura un reciente estudio en el que un grupo de personas entrenaron su cerebro con videojuegos de acción. Este estudio se suma a otras investigaciones que ponen el acento en sus ventajas para el desarrollo de aptitudes.

  • Por JOSÉ ANDRÉS RODRÍGUEZ

Los videojuegos son los reyes de la diversión familiar. Desde que se popularizaron en la década de 1980, se han modernizado a pasos agigantados y se han convertido, sin duda, en uno de los entretenimientos preferidos de pequeños y grandes. También desde el inicio de su popularidad, a menudo, se han señalado los riesgos de jugar en exceso a los videojuegos: carencias en la vida social, posibles riesgos psicológicos… Sobre todo, se apuntó a los juegos de acción, por considerarlos muy dañinos debido a su contenido violento. Pero, en los últimos años, numerosas investigaciones han confirmado las ventajas que supone dedicarse “con moderación” a una tarea que exige elevadas dosis de atención y concentración.

Entrenar la rapidez en la toma de decisiones

Uno de los estudios más recientes es el llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Rochester (EE.UU.). Según este trabajo, jugar a videojuegos de acción ayuda a tomar decisiones correctas de forma más rápida. Las personas que juegan de forma regular desarrollan una mayor sensibilidad hacia los hechos que suceden a su alrededor. Mejoran sus aptitudes para los videojuegos y se vuelven más hábiles en algunas actividades cotidianas. Esta mayor sensibilidad les permite mejorar aptitudes en tareas como conducir, leer letras pequeñas o moverse por la ciudad.

Jugar a videojuegos de acción puede ser un excelente entrenamiento para tomar decisiones más rápidas en numerosas situaciones de la vida real

Para el citado estudio, los investigadores seleccionaron a un grupo de personas entre 18 y 25 años que no eran jugadores habituales de videojuegos. Les separaron en dos grupos: uno jugó 50 horas a dos videojuegos de acción muy conocidos (“Call of Duty 2” y “Unreal Tournament”), que exigen una elevada concentración y tomar muchas decisiones con suma rapidez, mientras que el otro grupo jugó a un videojuego de estrategia (“Los Sims 2”), que no precisa de este tipo de determinaciones. Tras jugar las 50 horas, los investigadores sometieron a los participantes a otro examen.

Les colocaron ante una pantalla y les pidieron que contestaran con la máxima rapidez a preguntas sobre una tarea visual. Mientras, también debían responder a preguntas sobre un trabajo similar, pero de carácter auditivo. De esta manera, se quería evaluar tanto su capacidad visual como auditiva. Los resultados fueron muy claros: quienes habían sido entrenados con los videojuegos de acción eran un 25%  más rápidos en contestar, de forma correcta, a las cuestiones que se les planteaban.

Según concluyen los investigadores, jugar a videojuegos de acción puede ser un excelente entrenamiento para tomar decisiones más rápidas en numerosas situaciones de la vida real. “Las personas que juegan a videojuegos de acción no son menos hábiles ni de gatillo fácil. Estos jugadores pueden tomar más decisiones correctas, ya que si eres un soldado en medio de la batalla eso marca la diferencia”, señala Daphne Bavelier, una de las autoras del estudio.

La inferencia probabilística

La explicación científica de por qué, los videojuegos de acción ayudan a tomar decisiones de forma más rápida, tiene que ver con un proceso que se conoce como inferencia probabilística. Las simulaciones neuronales muestran que, cuando una persona debe tomar una decisión, lo hace a partir de las probabilidades que calcula constantemente. Al examinar una escena (ya sea en un videojuego o al conducir), el cerebro recopila numerosas unidades de información auditiva y visual hasta que tiene la suficiente para tomar la decisión. Gracias al entrenamiento que proporcionan estos juegos de acción, el cerebro de estas personas es más rápido y eficiente en el proceso de recopilación de la información. Es decir, se consigue reunir antes la información necesaria para decidir. Como explica Daphne Bavelier, “las decisiones nunca son blanco o negro. El cerebro siempre baraja probabilidades. Cuando una persona conduce y observa un movimiento a su derecha, calcula si está a punto de colisionar o no, y se basa en esa probabilidad para decidir si da o no un golpe de volante”. Los videojuegos de acción proporcionan mucha y compleja información visual y auditiva. Además, exigen tomar muchas decisiones de forma constante. Por eso son un buen entrenamiento para el cerebro.

ACCIÓN O ESTRATEGIA

La industria de los videojuegos ha sabido crear entretenimiento para todos los gustos. Los juegos de acción y de estrategia son, sin lugar a dudas, dos de las opciones más populares. En el experimento llevado a cabo por los investigadores de la Universidad de Rochester se utilizaron los juegos de acción “Call of Duty 2”, en el que un soldado se enfrenta a un grupo terrorista, y “Unreal Tournament”.

De la primera versión de “Call of Duty” se vendieron más de 12 millones de copias. La segunda entrega llegó a las tiendas a finales del año 2009 con polémica, debido a que contiene numerosas escenas de gran violencia. El Gobierno de Alemania censuró algunas de ellas. En cambio, “Los Sims 2” es una forma de entretenimiento muy diferente. Consiste en crear personajes para que vivan su propia vida. Es un simulador social, no un juego de acción desenfrenada. El objetivo es que el jugador cree su propia vida virtual. Está disponible en 60 países y se han vendido más de 125 millones de copias.

Eroskiconsumer

DE NIÑOS TIRANOS A ADOLESCENTES AGRESIVOS

adoles agres

http://www.siquia.com/2015/01/de-ninos-tiranos-a-adolescentes-agresivos-el-precio-de-la-falta-de-limites-en-la-infancia/

LIBROS DIGITALES PARA CEREBROS DIGITALES – Por Alejandro Zanker

cerebro digital

Debería escribir sobre ciberliteratura, pero cambiaré el enfoque para ofrecer unas reflexiones que pretenden, deliberadamente, provocarlos. Porque siento que estamos tomando al toro por el  rabo; tratemos de voltear las cosas y mirarlas desde otro punto de vista: el de los cambios que está sufriendo el cerebro en la época digital, de las transformaciones vertiginosas que están afectando  no tanto al “libro” en sí mismo, sino a los  lectores, la lectura y lo que de ello se desprende. Espero no fracasar en el intento.

Hasta ahora, la discusión a lo largo de los últimos años se ha centrado, primero, en la total negación  de que el libro electrónico pueda competir alguna vez con el  de soporte en papel y, luego, en un aspecto que ha sido el que más ha preocupado  a la industria editorial: la evolución del libro electrónico, el surgimiento de dispositivos de lectura y la migración de una  creciente parte de los contenidos a los  nuevos soportes.

Si bien podríamos continuar con esa discusión, la cual hasta cierto punto ya me parece vana, dados los indicadores que señalan un uso cada vez mayor hacia el soporte electrónico, hay dos aspectos sustantivos que pueden ayudarnos a  comprender lo que está sucediendo y por  qué estamos frente a una inmensa revolución que se desprende no tanto de la simple migración de los contenidos del papel  a los nuevos y cada vez más numerosos  soportes electrónicos. Se trata de la transfiguración misma del lector y, por tanto, de la lectura. Sólo si entendemos qué está  sucediendo con los lectores, particularmente con las nuevas generaciones, podremos abrir nuestra mirada a lo que se  avecina y tratar de entenderlo.

Imagino que todos los lectores han escuchado los conceptos “nativo digital” e “inmigrante digital”. Se trata, básicamente, de términos que identifican como “nativos” a quienes nacieron y crecieron en  la época de los dispositivos electrónicos, es decir, consolas de juegos, teléfonos celulares, computadoras, internet, etcétera (de 1990 para acá, más o menos), con  cerebros en plena evolución, versus los  “inmigrantes”, que somos todos aquellos  que ya teníamos un cerebro adulto, desarrollado, cuando aconteció esta revolución tecnológica.

De inicio, al hablar de los libros electrónicos, algunos partíamos de que rechazarlos era simplemente un asunto  generacional; unos estábamos acostumbrados a leer sobre papel y los dispositivos de lectura electrónica eran aún muy  primitivos, mientras que los otros, los nativos, nacieron leyendo sobre esos dispositivos, ya más desarrollados, económicos  y populares, por lo cual mostraban menor  resistencia a su uso. Pero el problema va  mucho más allá.

A lo largo de los años nos hemos acostumbrado a especular con lo que pasa  y pasará con eso que tradicionalmente  llamamos “libro” y que, en su versión papel, no es sino un simple contenedor de  textos, imágenes, etcétera. En cambio,  poca investigación se ha realizado en los  terrenos de la transfiguración del lector y  la lectura. Sin embargo, en años recientes,  un equipo de investigadores de la Universidad de California, en Los Ángeles (ucla),  decidió investigar sobre el fenómeno del que estamos hablando, en particular el Dr. Gary Small y Gigi Morgan, quienes consiguieron la ayuda de las doctoras Susan Bookheimer y Teena Moody, especialistas en neuropsicología y neuroimagen  en esa universidad.

En un principio, formularon la siguiente hipótesis: “Las búsquedas en internet y  otras actividades on-line provocan alteraciones apreciables y rápidas en el cableado neuronal del cerebro”. Para comprobar  la hipótesis usaron imágenes obtenidas  por resonancia magnética para medir  los caminos neuronales del cerebro durante una tarea habitual con la computadora, en específico buscar información  exacta en Google. Explicar los pormenores de los experimentos nos llevaría mucho tiempo; no obstante, se detectaron patrones perfectamente diferenciados de  actividad neuronal, mientras unos y otros,  es decir, los nativos y los migrantes, hacían las búsquedas. En síntesis, los estudios demuestran que “el hecho de que el  cerebro humano haya tardado tanto en  evolucionar hasta alcanzar tal complejidad (es decir, la complejidad de los cerebros de los inmigrantes digitales, es decir,  los nuestros) hace que la actual evolución  de la alta tecnología y en una sola generación resulte tan extraordinaria. Estamos hablando de cambios importantes del cerebro que se producen en sólo unos decenios, y no a lo largo de milenios”.

¿A dónde nos lleva todo esto? Antes que nada, a identificar que la nueva generación de nativos digitales procesa la  información de una manera distinta de  los inmigrantes digitales. Y estamos hablando apenas de la primera generación.  Es previsible que estos cambios generen  mutaciones del adn que se transmitan de  una generación a otra. Sólo podemos intuir las implicaciones de esto. Pero así  como podríamos pensar que la vertiginosa digitalización de todo el acervo escrito  y la universalización y abaratamiento del  acceso a la tecnología puede democratizar la evolución de la especie, también  podríamos vislumbrar la posibilidad de  que vivamos transformaciones que acentúen las desigualdades en nuestro planeta (por ejemplo, por la simple capacidad  de unos e incapacidad de otros gobiernos de entender la urgencia y trascendencia de los cambios).

Como comprenderán, todo esto abre un enorme campo de experimentación, de investigación y de elucubración. La primera pregunta que deseo exponer, y está siendo discutida en muchos ámbitos universitarios, se refiere al sistema educativo.

¿Podemos nosotros, inmigrantes digitales, educar a una generación de nativos  digitales cuyo patrón de procesamiento de la información no acabamos de entender y comprender? Y, por otra parte,  ¿acaso nuestros sistemas educativos no  están anquilosados y estructurados para  educar hacia el pasado y no hacia el futuro y, por tanto, son totalmente inadecuados para estas nuevas generaciones? ¿No  serán quizá los mismos nativos digitales  quienes tengan que tomar en sus manos  la reestructuración del sistema educativo  para que responda a los nuevos patrones  derivados de la evolución de nuestros cerebros o, mejor dicho, de los cerebros de  las nuevas generaciones?

Todo ello se deriva de la reflexión previa al análisis del lector y la lectura. La  transformación de la mente digital sugiere una transfiguración profunda del lector  y de los procesos de lectura. La crítica se  ha centrado en los desajustes que las nuevas tecnologías han traído consigo en las  nuevas generaciones: desatención, incapacidad de concentración en una sola tarea, supuestos de que la televisión y otros  medios provocan autismo, fragmentación o descomposición de la familia, pérdida de contacto humano, adicción a las tecnologías, etcétera.

Pero, si bien es importante entender tales desajustes, hay que comprender que los cambios en las nuevas generaciones nos tomaron desprevenidos y debemos actuar con rapidez en todas las esferas académicas. El problema es ¿cómo actuar responsable y rápidamente cuando tenemos autoridades políticas y académicas con mentalidad prehistórica?

El asunto de la transfiguración del lector, y por tanto de la lectura, pasa por la cabal comprensión de todo esto. Los editores  tampoco han acabado de entender lo que  está pasando y hacia dónde se dirigen las nuevas generaciones. Siguen apanicados  con la rápida asimilación que el texto tradicional, cuyo soporte ha sido el papel, está  teniendo en nuevos dispositivos: el Kindle,  el Sony eBook Reader, el iPad ahora. Pero eso no representa más que la migración de  un contenido lineal de un soporte, es decir, el papel, a otro soporte con contenido  lineal y, si acaso, hipertextual, es decir, el dispositivo electrónico. La referencia a los hipervínculos como elementos de distracción no tiene nada qué ver con lo que se  avecina: una profunda transformación en  la manera de leer y, en consecuencia, también de escribir. Porque la apropiación del conocimiento no tiene que ser tal como la  conocemos hasta ahora.

Más bien, es probable que vaya transformándose y migrando a formas que hoy  apenas intuimos y hemos definido bajo el  término de ciberliteratura.

Identificamos varios tipos de ciberlitertura, entendiendo bajo este rubro  aquellas expresiones literarias, técnicas,  científicas o lúdicas destinadas a visualizarse en dispositivos electrónicos con capacidades multimedia. Para analizar el  fenómeno, creé un portal con ese nombre, http://www.ciberliteratura.com. Sin embargo, pronto la reflexión combinada sobre  la evolución de la mente digital y la ciberliteratura hizo aflorar un sinnúmero de preguntas. Partíamos de ciertos géneros, como la narrativa hipertextual, la escritura colaborativa, la ciberpoesía y el ciberdrama, entre otros. Y se han hecho ya  innumerables experimentos en cada uno  de estos terrenos, incluyendo los juegos,  por ejemplo. Pero la mente digital, con su  capacidad multitareas, puede afrontar infinidad de variantes que hoy sólo podemos intuir, imaginar. Si pensamos en el  cerebro como una herramienta capaz de  procesar  y asimilar múltiples procesos a  la vez, entenderemos a qué me refiero.

En el terreno del cómputo, por ejemplo, se fue pasando del desarrollo de procesadores cada vez más poderosos —que,  de acuerdo con la Ley de Moore, no alcanzaban a crecer a la velocidad requerida,  pues expresaba de manera empírica que  sólo podría duplicarse cada 18 meses el  número de transistores en un circuito integrado— al desarrollo de computadoras dotadas de varios procesadores o de  procesadores con varios núcleos trabajando de manera simultánea. Por ejemplo, la  computadora que hoy tengo en mi escrito- rio tiene ocho núcleos trabajando a la vez.  Pero nuestro cerebro es infinitamente más poderoso que la más compleja computadora hasta ahora concebida. Es capaz de  pensar y procesar información “matricialmente”, por llamarlo de alguna manera; es  decir, puede leer varios discursos no sólo  paralelos, sino también verticales atravesados por otros paralelos. Que no lo haga  es cuestión de falta de formación y entrenamiento, no de capacidad. Por lo tanto,  nuestra capacidad actual de procesar información es infinitamente menor que  de las nuevas generaciones. Sin embargo,  para que eso suceda, para que las nuevas  generaciones aprendan a usar y aprovechar su cerebro digital, necesitamos cambiar la estructura académica, educar a los  nativos digitales de acuerdo con sus capacidades y generar nuevos contenidos.

La ciberliteratura será probablemente la encargada de afrontar, en el terreno  de lo que hoy concebimos limitadamente  como “lectura”, ese reto.

Ello significa, por supuesto, no sólo la transfiguración de los lectores y de la lectura, sino también de los autores, porque ya no se escribirá, ya no se podrá escribir igual que hoy. Veámoslo como la transición que está ocurriendo de películas en  dos dimensiones a las que ya exploran la  tridimensionalidad.

Añadiré como provocación: si nos atreviéramos a incorporar a nuestras reflexiones sobre el lector y la lectura de una vez  la física cuántica, la manera tan diferente de entender y percibir a partir de ella  la “realidad” y la infinidad de posibilidades que de sus teorías e hipótesis se desprenden —como las once dimensiones  de las que parte—, nos encontraremos  ante un universo infinito de posibilidades  que, evidentemente, cambiará por completo nuestra cosmovisión, nuestra percepción y, por tanto, transformará a los  autores, quienes se ajustarán a las nuevas  inquietudes y capacidades de lectura de  los lectores, y nos llevará por caminos que  nosotros mismos difícilmente entenderíamos basados en nuestras capacidades  actuales. El mundo editorial, en síntesis,  cambiará muy pronto.

Esto no es ciencia ficción. Es el panorama real que está abriéndose ante la investigación multidisciplinaria efectuada  en varias universidades en el mundo. Ojalá en México podamos romper la inercia  y comprender que o nos ponemos las pilas y le entramos en serio a la investigación  y al cambio en materia educativa y editorial o permaneceremos al margen de una  transformación fascinante que ya está  ocurriendo ante nuestros ojos. Fuente: reeditor.com

Sobre el autor:

Alejandro Zenker estudió pedagogía en Alemania y traducción en El Colegio de México. Es director de la colección Minimalia y de la revista Quehacer Editorial.  Promotor y director del Pabellón Tecnológico de la Feria Internacional del  Libro en Guadalajara en 2001 ha sido  entusiasta difusor del uso de las nuevas tecnologías en el medio editorial. Ha publicado numerosos artículos sobre traducción y quehacer editorial e impartido  conferencias en el ámbito nacional e internacional.