APRENDIZAJE TEMPRANO DE LOS NÚMEROS

UN ESTUDIO REVELA CÓMO MEJORAR EL APRENDIZAJE TEMPRANO DE LOS NÚMEROS

numeros

El desarrollo del “concepto de número” en la temprana infancia es el mejor indicador que poseen los educadores para predecir futuras habilidades matemáticas. Un reciente estudio muestra de dónde surge esta habilidad, y propone un modelo para favorecer su aprendizaje.

Mucha gente sabe contar, pero el modo en que dominamos esta habilidad todavía es bastante misterioso. Los números fueron inventados hace cuatro o cinco mil años, lo que implica que no ha pasado suficiente tiempo como para que evolucionen en el cerebro partes especializadas para procesarlos. Esto hace suponer que las matemáticas son mayormente una invención cultural.

La capacidad para contar parece estar basada en una interfaz entre la visión y el razonamiento que compartimos con otros animales, lo que nos permite “ver” números pequeños -alrededor de cinco- sin contarlos. Esta habilidad, a veces llamada “el sentido o concepto de número”, sirve de fundamento para el conocimiento matemático posterior, pero su mecanismo no está claro. Se ha postulado que el “concepto de número” podría ser innato, pero esto no explica por qué aprender a dominar el uso de los números pequeños es una tarea tan difícil y compleja para los niños.

Un reciente estudio a cargo de Michael Ramscar, Melody Dye, Hanna Poppick y Fiona O’Donnell McCarthy, de la Universidad de Stanford (EEUU), financiado por la National Science Foundation, presenta un modelo formal de las bases cognitivas del conteo.

Partiendo de un modelo de cómo aprende nuestro cerebro, los autores muestran cómo nuestra habilidad para percibir los números emerge naturalmente de interacciones entre el problema de distinguir el tamaño de los conjuntos que los números describen, y la frecuencia con la que usamos diferentes números.

Mientras la capacidad de distinguir números aumenta con el tamaño del conjunto, los autores muestran cómo hablamos -y pensamos- sobre los números cuando más pequeños son, y proponen que la capacidad límite en nuestro “sentido del número” surge de estos factores.

Estos hallazgos, al tiempo de desafiar la idea de que el concepto del número está fundado en un sistema innato para apreciar conjuntos pequeños, también explican por qué a los niños les cuesta asociar números con palabras. Y lo que es más importante, también muestran como este proceso puede mejorarse.

Los números nunca aparecen solos. Podemos ver “tres osos”, pero nunca vemos un conjunto de “tres”, de manera que los niños deben aprender a distinguir qué parte de “tres osos” es “tres”.

Como el aprendizaje está basado en las expectativas, nuestro cerebro aprende adivinando qué cósas conducen a qué. Los niños aprenden mejor a descifrar el sentido de “tres” si la palabra “oso” aparece antes, como en “¡Mira a los osos. Son tres!”.

Si el conjunto de “osos” aparece antes que el número, todo lo que el niño ve competirá por relevancia en su aprendizaje para anticipar el número, y pronto le resultará obvio que “oso” no sirve para discriminar entre “dos” y “tres”, pero que “dos” o “tres” sí lo hacen.

Esta competencia es menos directa cuando “tres” actúa como la base para anticipar “oso”.

De hecho, entrenar a los niños diciendo “¡Mira, hay tres osos!” no tiene ningún efecto sobre el sentido del número, en tanto los niños entrenados con “¡Mira a los osos. Son tres!” mostraron un 30% de mejora en su habilidad para distinguir conjuntos pequeños en tan sólo una sesión de práctica.

Estos resultados experimentales brindan la primera evidencia de que el “concepto de número” puede mejorarse con un entrenamiento bien diseñado, en tanto el modelo computacional ofrece una explicación formal de por qué funciona el entrenamiento, al tiempo de presentar el primer modelo formal de cómo se aprende el “concepto de número” y cómo surgen los límites de la capacidad numérica.

El equipo de investigación utilizó el modelo Rescorla-Wagner para simular aprendizaje y predecir los efectos del entrenamiento en niños. Este es un modelo ampliamente difundido en las ciencias del comportamiento, tanto en términos de su adecuación al comportamiento humano como al animal, y por vasta la experiencia neurocientífica que da crédito a sus mecanismos básicos.

Los resultados de este estudio son potencialmente importantes para el desarrollo de la capacidad matemática en los niños, y pueden ofrecer una base formal para desarrollar intervenciones que ayuden a tratar desórdenes como la discalculia.

 

Fuente: Science Daily, EEUU. Leer nota original – síntesis-educativa.com.ar

DIFICULTADES DEL APRENDIZAJE – Orientaciones para la familia y la Escuela.

DOCUMENTO 1 – DNA
Disfunciones Neurobiológicas del Aprendizaje – DNA – 

ADECUACIONES EN EL ESCENARIO FAMILIAR Y ESCOLAR

   CUENTOS DE HADAS NIÑA CASTILLO La niñez y la adolescencia, constituyen fases del desarrollo particularmente vulnerables al
daño emocional, cuando los adultos desconocen las necesidades afectivas propias de tales fases. Esta vulnerabilidad alcanza niveles críticos en los niños y adolescentes con DNA, quienes poseen rudimentarios recursos de resiliencia.
    Es inútil recomendar una terapia psicológica a un niño con DNA, si previamente no se actúa sobre el medio en el que el niño se desenvuelve. El objetivo prioritario para con ellos, es el de crear y preservar los denominados: “Ambientes emocionalmente seguros”, en los que puedan crecer y desarrollarse rodeados por adultos que les provean los elementos afectivos esenciales, de manera de fortalecer la armonía emocional. Así, lograrán un estado dinámico y armonioso de alegría, bienestar, curiosidad por aprender y confianza, ingredientes fundamentales para la salud mental y el desarrollo cognitivo y adaptativo.
Muchas de las características de las DNA, son evolutivas; algunas de ellas se irán compensando en el camino, con tratamientos e intervenciones adecuadas; con estas pautas y contención afectiva, suelen culminar en un desarrollo personal y social, satisfactorio.
    A nivel familiar, la modalidad de la crianza resulta crucial a la hora de preservar el equilibrio emocional del niño o adolescente con DNA. Si bien es adecuado aplicar las normas y los límites propios de la tarea de socialización, es preciso también, hacerlo con un criterio diferente, adecuado a la realidad propia del niño con DNA; es importante que no se pierda la flexibilidad, el optimismo y la expresión tangible de afecto y confianza. Es habitual que las conductas propias de los diferentes trastornos del espectro de las DNA, inviten a ejercer un mayor control, recurrir a las amenazas, los castigos físicos y las reprimendas cotidianas. Esta actitud represiva es un gran error y deriva en consecuencias muy costosas para el niño. La familia deberá entender que no es posible aplicar las mismas normas de crianza con estos niños, que las utilizadas con los demás hijos.
    A nivel pedagógico, la condición de DNA constituye una voz de alarma que insta a modificar con urgencia las metodologías de enseñanza y el papel de los maestros, convertidos en estos casos en “agentes de educación pedagógica-emocional”. Estos niños quedan en franca desventaja si en el aula, se aplican metodologías frontales, en las que el maestro entrega conocimientos a un auditorio pasivo que recurre a la memorización como base del aprendizaje. Es lógico deducir que los niños con DNA, portadores de una manifiesta debilidad de concentración y con déficit, en determinadas funciones cerebrales que son base del aprendizaje, (memoria, gnosias, lenguaje, etc), perderán el hilo conductor de la clase cuando el maestro habla o dicta; de la misma forma, cuando son sometidos al requerimiento de memorización de textos, se enfrentarán a un verdadero drama pedagógico, ya que fijar datos en su memoria de retención, les llevará horas, mientras que al día siguiente, todo lo trabajosamente retenido, se habrá esfumado inexorablemente. A la hora de los cálculos, es común escuchar a un niño con DNA, decir cosas como: –No podré resolverlo…; -esto lo vimos el año pasado…; -no sé, no puedo, no me acuerdo… Es como si el conocimiento necesitase ser eliminado de los archivos mnémicos, para poder incorporar nuevos aprendizajes.   
   Los niños con DNA no diagnosticados ni tratados, suelen acumular experiencias en las que sus padres o maestros, les corrigen por entender mal lo que se les dijo, por hacer algo en el momento inadecuado o por no lograr lo que se esperaba que hiciesen. La acumulación de estas experiencias frustrantes o de fracaso, lleva a los niños afectados a la convicción de que ellos son perezosos, tontos, torpes e inadecuados, aunque a veces, logran rendir muy bien. También es usual observar a padres o maestros ridiculizar o criticar las discrepancias  entre las aparentes aptitudes y su nivel real de logros: -¿Por qué cometes los mismos errores, si puedes hacerlo mejor?; -¡Estoy harta de repetirte las cosas una y otra vez!; -¿Quieres ser un inútil toda la vida?; -¡Si te esforzaras más, lo harías mucho mejor!. Estas críticas, aunque sean bien intencionadas, sólo colaboran con el deterioro de la visión de sí mismo, que el niño con DNA, posee. El elemento más importante en la relación con un niño con estas características, es la información sobre el trastorno, la actitud de respeto y empatía y una comprensión de la metodología existente, para lograr el desarrollo de sus potencialidades.
Algunas recomendaciones para padres y maestros:
Para los padres de un niño con alguna de las patologías incluidas en el  espectro de  DNA:
  • Informarse exhaustivamente sobre los alcances y características de la enfermedad.
  • Comprender las causas de los comportamientos anómalos.
  • Prestar atención a la aparición de conductas extrañas.
  • No reprimir con castigos sus acciones equivocadas por efecto de la falta de atención.
  • Crear un clima familiar armonioso donde se sienta integrado y evite la aparición de estrés.
  • Regular su socialización con reglas y órdenes amistosas pero eficaces.
Para los maestros:
  • Ubicación en sitios próximos al docente
  • Alejarlo en lo posible de las fuentes de distracción
  • En la medida de lo posible, ser ubicado cerca de los niños con mejores rendimientos cognitivo-conductuales.
  • Organizar una rutina diaria previsible, colgar calendario de horarios y actividades.
  • Clases estructuradas y organizadas.
  • Instrucciones precisas para las actividades, en lo posible con indicadores visuales.
  • Conceptos claves, temas únicos, preguntas frecuentes, reforzamiento rápido.
  • Adaptaciones del material académico; por ejemplo, fotocopias bien legibles, con letra de tamaño no menor a 12 pt.
  • Evaluación escrita con adaptaciones.
  • Expectativas realistas de ejecución académica.
  • Refuerzo positivo. No olvidar alentarlo y felicitarlo cuando hace las cosas bien.
 Prof. Silvia Pérez Fonticiella – Consultora en Neurociencia cognitiva
Prof. Mario Valdez – Especialista en Neuropsicologia del lenguaje – Mg Psicopedagogía del Aprendizaje.
Blog:  www.cordobapsicopedagogianeuropsicologia.com        
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En este proceso, se utilizan ejercicios que facilitan el contacto visual y los comportamientos lúdicos con otras personas, lo que ayuda a que esa risa inicialmente simulada se convierta en genuina.

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AFASIA – TIPOS Y CARACTERÍSTICAS

Afasia

Autor: Redacción Onmeda Revisión médica: Dra. Cristina Martín

La afasia (pérdida de la capacidad de comprender o emitir el lenguaje) es un trastorno adquirido del lenguaje, que se produce a consecuencia de una lesión en una región determinada del cerebro. Supone la pérdida total o parcial del lenguaje adquirido previamente.

En primera instancia son responsables de la afasia los trastornos circulatorios de la zona del cerebro del área del lenguaje causados por las alteraciones de los vasos sanguíneos (apoplejía o infarto cerebral). Estos pueden aparecer con mayor frecuencia cuando se padece arteriosclerosis o diabetes mellitus. También las hemorragias y los tumores pueden causar lesiones cerebrales con el consiguiente trastorno del habla. La afasia infantil se produce normalmente tras un traumatismo craneoencefálico.

¿Qué es un infarto cerebral (ictus)?

Durante un infarto cerebral (ictus) una parte del cerebrodeja de recibir suficiente oxígeno, lo que puede llevar a la muerte de un tejido.

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Por lo general, la afasia afecta a todas las áreas del lenguaje, de manera que el trastorno se hace evidente al usar el lenguaje en distintos grados como, por ejemplo, en el incumplimiento de las reglas concernientes a la formación de palabras (léxico), la falta de comprensión del significado de las palabras (semántica), fallos en la gramática (sintaxis) o la articulación de la palabra (fonología). Además, los trastornos afásicos se hacen patentes en el habla, la escritura, la comprensión y la lectura.

Según qué síntomas se presenten y su gravedad, las afasias se pueden clasificar en diferentes síndromes. Los más importantes de los que citaremos a continuación son la afasia de Broca, la afasia de Wernicke, la afasia amnésica y la afasia global. Estos síntomas pueden clasificarse de manera clara en función de la lesión de una determinada región del cerebro.

 Definición

Una afasia (pérdida de la capacidad de compresión y emisión del lenguaje) es un trastorno adquirido de la capacidad de elaboración del lenguaje que surge debido a una interrupción en el desarrollo del lenguaje. Las afasias disminuyen la capacidad de comunicación, sin embargo, los pacientes no presentan signos de minusvalía física o intelectual.

 Incidencia

Se estima que hay entre 150.000 y 300.000 pacientes que padecen afasia en países como España. Anualmente, entre un 21 y un 34% de personas se ven afectadas por una pérdida prolongada del habla tras sufrir un ictus.

 Historia

La base de nuestro conocimiento sobre la afasia (pérdida del habla) data de la primera mitad del siglo XIX. Por aquel entonces, en el campo de la patología cerebral se empezó a establecer una relación entre las funciones motoras y sensoriales, respectivamente, y los trastornos y la afectación de determinadas regiones del cerebro. En el punto central de este desarrollo se encuentra el médico francés Paul Broca (1824-1880), que logró por primera vez en 1861 identificar en un hombre con trastornos motores del habla, que el centro motor del habla en los diestros se halla en la mitad izquierda del cerebro una región que hoy en día se denomina área de Broca. La labor de Broca sobre la identificación del lugar (localización) donde se rigen algunas de las funciones del cerebro fue clave para el posterior desarrollo de la anatomía y fisiología del cerebro.

Por primera vez en el primer cuarto del siglo XX, hubo un gran interés en investigar la estructura de cada región del cerebro y trazar el mapa de todo el cerebro. Ya en 1909 Korbinian Brodmann distinguió 52 zonas diferentes, que designó con números desde el Área 1 al Área 52. El sistema de Brodmann todavía se sigue usando mayoritariamente hoy en día.

Con la investigación de las regiones del cerebro, había esperanza de obtener información acerca de las funciones del cerebro mediante el conocimiento de la estructura histológica. Estudios posteriores demostraron, sin embargo, que no se habían logrado identificar con exactitud las regiones y funciones del cerebro. Esto podía deberse, entre otras cosas, a que la mayoría de las veces los análisis solo se llevaban a cabo en unas pocas personas.

Los nuevos análisis comparativos muestran que las partes de la estructura histológica del cerebro son extraordinariamente distintas. A pesar de todo, es posible establecer relaciones entre los trastornos de determinadas funciones motoras o sensoriales y lesiones en determinadas áreas del cerebro. Además, las formas más importantes de afasia se atribuyen de manera más o menos clara a lesiones en determinadas regiones del cerebro. De esta manera, la afasia de Broca, por ejemplo, se origina principalmente por una lesión de la denominada área de Broca en el lóbulo frontal del cerebro, en el Área 44 y 45 según la clasificación de Brodmann, mientras que en la afasia de Wernicke se encuentra dañada esencialmente la denominada área de Wernicke, situada en el lóbulo temporal del cerebro.

Causas

Las causas de la afasia (pérdida del habla, tanto en la expresión como en la comprensión del lenguaje) son siempre las lesiones del cerebro. Estas pueden producirse de diversas maneras.

En los adultos, en el 84% de los casos la causa de la afasia es un ictus (infarto cerebral), mientras que en los niños, en el 80% de los casos el traumatismo craneoencefálico causado por una caída es el responsable, al dañar directamente el tejido cerebral. Por el contrario, dicho traumatismo craneoencefálico solo causa el 10% de las afasias en edad adulta. Las caídas que producen traumatismos craneoencefálicos suelen ocurrir en accidentes de tráfico, aunque también practicando deporte o jugando. Además, estas lesiones pueden ser consecuencia de actos violentos.

Infarto cerebral: Vídeos

En el 5% de los casos, un tumor cerebral es el causante de la afasia. Solo en el 1% de los afásicos, el trastorno del habla tiene su origen en un proceso inflamatorio del cerebro.

Puesto que hay mayor incidencia de personas diestras que zurdas y, para alrededor de un 90% de los diestros la mitad izquierda del cerebro (hemisferio) es la mitad que se encarga del lenguaje, la afasia se origina casi siempre en una lesión del hemisferio izquierdo del cerebro. Por el contrario, cuando la afasia afecta a los zurdos, suele ser el hemisferio derecho del cerebro el que está dañado. Existen casos aislados en los que los diestros sufren la denominada afasia cruzada en la que se han dañado determinadas regiones en ambos hemisferios cerebrales.

Síntomas

La afasia (pérdida del habla) puede mostrar síntomas diversos. Dependiendo del área del cerebro que esté afectada, aparecen diferentes tipos de afasia con sus síntomas más frecuentes.

 Afasia de Broca

En la afasia de Broca, los síntomas del trastorno del habla afectan principalmente a la expresión. De ahí que también se denomine con el nombre de afasia motora (la pérdida del habla afecta a la expresión activa del lenguaje). El síntoma más importante de este trastorno del lenguaje es el agramatismo (del griego a = sin, no). Los pacientes ya no están en condiciones de construir oraciones gramaticalmente correctas en su lengua materna. Por eso emplean secuencias cortas de tipo telegráfico formadas por una o hasta tres palabras y se destacan por construir oraciones extremadamente simples. Normalmente, el orden de las palabras no sigue las reglas gramaticales, sino que se basa en la importancia del tema. Este agramatismo se muestra también al escribir. Para buscar el término adecuado, los afectados suelen hacer un gran esfuerzo. Este esfuerzo al hablar puede ser mayor si se encuentra acompañado de un trastorno de la articulación del habla (disartria), sobre todo si su origen es central (por una lesión cerebral).

La afasia de Broca está causada por una lesión que se produce fundamentalmente en el área de Broca, la cual se encuentra en el lóbulo central del cerebro en el Área 44 y 45 según la denominación de Brodmann.

 Afasia de Wernicke

Otro tipo de afasia (pérdida del habla) es la denominada afasia de Wernicke, se manifiesta normalmente a través de síntomas que muestran una capacidad de comprensión del lenguaje notablemente dañada. Los pacientes suelen tener dificultad para comprender palabras simples. De ahí que a este trastorno también se le denomine afasia sensorial, es decir, la pérdida de la comprensión del lenguaje del afectado. Sin embargo, los pacientes suelen reconocer factores de la comunicación relacionados con el habla como la diferencia en la entonación de preguntas y respuestas o la mímica, y basándose en estos factores, pueden participar en una conversación.

Otro síntoma importante de la afasia de Wernicke es el paragramatismo (del griego para = junto a, cerca de), que conduce al incumplimiento de las reglas gramaticales en la combinación de distintas partes de la oración (la unión incorrecta de las partes de la oración, corte de las frases o repetición de las frases). Además, el habla de los afectados se caracteriza por las denominadas parafasias. En una parafasia se modifica la estructura fonética de las palabras mediante modificaciones, omisiones o adiciones de fonemas (por ejemplo, se dice tonco en lugar de troncodelinquencuente en lugar de delincuente) o los pacientes cambian unas palabras por otras, por ejemplo, peso en lugar de plomo. También utilizan palabras que no existen en su lengua, como si inventaran un lenguaje propio.

En la afasia de Wernicke la zona afectada por la lesión es principalmente la denominada área de Wernicke, situada en la parte superior del lóbulo temporal del cerebro.

Afasia amnésica

La afasia (pérdida del habla) amnésica se caracteriza principalmente por síntomas que afectan la evocación de palabras. Estos problemas para encontrar palabras producen largas pausas al hablar o cortes en las frases en un discurso con una fluidez casi normal. Normalmente, los pacientes con este tipo de trastorno del habla desarrollan estrategias para sustituir esas palabras mediante perífrasis, por ejemplo, la cosa. Los problemas a la hora de evocar palabras también se presentan en la escritura.

La lesión del cerebro responsable de la afasia amnésica pura se encuentra sobre todo en el lóbulo temporal, en el área 37 de Brodmann. Sin embargo, este tipo de afasia amnésica no siempre se puede identificar claramente con una determinada área del cerebro.

 Afasia global

La afasia global (pérdida del habla) se considera la forma de afasia más grave. El síntoma más importante lo conforman las esterotipias. Los afectados repiten con frecuencia secuencias lingüísticas rígidas que no persiguen un fin comunicativo. Más allá de estas esterotipias, muchas personas afectadas de afasia global apenas son capaces de emitir secuencias lingüísticas.

La comprensión también está muy dañada en la afasia global. La mayoría de las veces este trastorno del habla afecta a todas las áreas del lenguaje (vocabulario [léxico], significado de las palabras [semántica], construcción de la oración [sintaxis] y articulación [fonología]) y también a todos los tipos de formas de expresión del lenguaje (habla, escritura, comprensión, lectura).

Las lesiones que provocan la afasia global son amplias y afectan a regiones de los lóbulos frontal, temporal y parietal.

Otras formas de afasia

Además, una afasia (pérdida del habla) puede presentarse en otras formas, que muestran unos síntomas típicos: la denominada afasia de conducción, en la que el síntoma característico consiste en los problemas en la repetición de palabras u oraciones, mientras que el habla espontánea no presenta alteración evidente en esta forma de trastorno del habla.

La afasia transcortical sensorial se caracteriza por los grandes problemas para evocar las palabras y dificultades en la comprensión. Sin embargo, los afectados pueden repetir palabras y oraciones sin problemas, aunque no las entienden.

Diagnóstico

El primer paso para diagnosticar la afasia (pérdida del habla) es el denominado diagnóstico primario. En este, el médico realiza un primer reconocimiento del trastorno del habla. El diagnóstico de las afasias requiere mucha experiencia y sensibilidad. De ahí que existan diferentes tipos de test a nuestra disposición.

El test de Token es el más indicado para diagnosticar una afasia de la forma más rápida. Los pacientes deben escoger de una a dos láminas de determinados colores, formas y tamaños entre 10 o 20 láminas tras escuchar unas órdenes. La precisión de este test para diagnosticar una afasia es del 90%.

Para realizar un diagnóstico más exacto se utiliza normalmente el denominado test de afasia de Aachen (AAT). Este test se lleva a cabo en una entrevista estándar en la que se analiza lo siguiente: la eficacia de la repetición, la escritura, la lectura, la designación y la comprensión. Con la ayuda del test de afasia de Aachen se puede reconocer la forma de afasia que se padece y establecer su gravedad. Además, el test puede realizarse a lo largo de una terapia, para valorar el progreso del paciente.

También es conveniente que junto al diagnóstico se compruebe la capacidad de percepción e inteligencia no oral del paciente, ya que a veces se ven afectadas debido a la lesión del cerebro.

Tratamiento

En los casos de afasia (pérdida del habla), el tratamiento lo suele conducir un logopeda. Puesto que el tratamiento mejora notablemente la capacidad comunicativa del paciente en la mayoría de los casos, se debería comenzar lo antes posible.

En las primeras fases de una afasia, en las que el paciente normalmente apenas es capaz de emitir una locución oral, el logopeda intenta reactivar la capacidad oral. Para ello, se recurre a diferentes métodos. El terapeuta anima al afásico a que repita con él o repita seguidamente unas series automáticas de palabras (días de la semana o números, por ejemplo).

En la segunda fase del tratamiento se realizan ejercicios dirigidos a los trastornos del habla característicos del tipo de afasia que se padezca. Cuando se trata de una afasia de Broca, por ejemplo, el terapeuta practica con el paciente la construcción de oraciones sencillas gramaticalmente correctas.

En la tercera fase, el terapeuta y el afectado intentan aplicar las capacidades comunicativas que se han logrado durante la terapia a las necesidades de las situaciones comunicativas del día a día. Para facilitar esto, normalmente se recurre a la terapia en grupo.

Evolución

El desarrollo de una afasia (pérdida del habla) depende principalmente del tipo y gravedad de lesión del cerebro y de la edad del afectado. En muchos casos, la afasia mejora de manera paulatina, sobre todo en los primeros seis meses después de la lesión cerebral a causa de la mejoría del riego sanguíneo. Aunque también hay casos de afasias de carácter crónico según la naturaleza de la lesión. Comenzar el tratamiento precozmente repercute en general de manera positiva en el desarrollo de la afasia.

Prevención

Existen diferentes medidas con las que prevenir la afasia (pérdida del habla). La afasia se desarrolla con frecuencia como consecuencia de un ictus, que generalmente aparece a su vez como consecuencia de la arterioesclerosis. Por este motivo, es importante reducir el riesgo de padecer arterioesclerosis. Esto significa que deben evitarse valores elevados de tensión arterial, los incrementos en el nivel de colesterol y los excesos en el >nivel de glucosa en sangre, así como mantenerlos en unos rangos adecuados, ya que aumentan el riesgo de padecer apoplejía. También es recomendable evitar el sobrepeso, dedicar más tiempo a hacer deporte y dejar de fumar. Estas medidas repercuten de manera positiva en los vasos sanguíneos.

Puesto que la afasia también puede estar causada, sobre todo en niños, por un traumatismo craneoencefálico debido a una caída, es importante utilizar un casco protector adecuado cuando el niño monte en bicicleta o practique deportes como el patinaje o el esquí.

Fuentes

Las Afasias. Conceptos Clínicos; Blanca Graciela Flores Ávalos; Instituto de la Comunicación Humana.

Harrison. Principios de Medicina Interna; Anthony Fauci; 17ª ed. 2008; McGraw-Hill

Afasias y trastornos del habla; M.L. Berthiera, N. García Casaresa y G. Dávilaa: 2011; B. Medicine.

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