DROGAS Y ALCOHOL : ¿Qué le estás haciendo a tu cuerpo? INFOGRAFÍA.

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drogas alcohol y cerebro

Unesco Los 4 pilares de la Educación. Córdoba Aprendizaje Neuropsicología Psicopedagogía

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Lenguaje y cerebro. ¿Qué sucede en nuestro cerebro mientras escribimos?

MUJER ESCRIBE

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escritor medieval

Jean Pierre Changeux: “La neurociencia tiene la clave para entender la naturaleza humana”

miraa nilña llave

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Hipermodernidad y espacios inciertos….

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ACERCA DEL TIEMPO Y DESDE LOS ESPACIOS INCIERTOS DE LA HIPERMODERNIDAD: LA SOCIOLOGÍA CLÍNICA.

Dra. Prof. Ana María Araújo. Facultad de psicología – UdelaR

“ Porque soy infinitamente más de lo que estoy siendo en este instante”: J.P.Sartre.

“ El inconsciente es historia. El individuo no tiene una historia en el sentido de poseer una historia como un bien , Más bien es lo contrario, estamos poseídos por nuestra historia… es decir por nuestro Tiempo” Vincent de Gaulejac.

“Nada está adentro, nada está afuera, lo que está adentro está afuera también”. Goethe

Para leer el texto completo:   ===>     A-Araujo-Tiempo

principito y zorro

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ADOLESCENTES: ¿ADULTO YO?, NO, GRACIAS… Por Mariano Narodowski (*)

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adolescentes inmaduros

Hasta no hace mucho tiempo, la adolescencia era una etapa de la vida signada por la contradicción entre los grandes ideales románticos, (románticos en los dos sentidos, el de protagonizar una epopeya heroica o también el de participar de un gran romance), y la angustia del “no poder”, del “no alcanzar” porque el adolescente carecía de los recursos materiales y simbólicos que a los adultos les permitía independencia y autonomía: los adolescentes eran adolescentes porque todavía no podían tomar decisiones por sí mismos, y cuando las tomaban, se las criticaba por su inmadurez o su incapacidad.

Los adolescentes de antes eran puestos por nuestras sociedades en el lugar de la espera, (a llegar a ser adulto), de la transición a la adultez: la adolescencia era, a lo sumo, un momento de experimentación que se encausaría con los beneficios de la adultez: el dinero del trabajo adulto, el sexo y el amor sin limitaciones, (o con los límites que el adulto se auto-imponía), la estabilidad de conformar adultamente una familia, el prestigio de vestirse como adulto, el reconocimiento al hablar con el lenguaje de los adultos, la exclusividad de poder ingresar a los lugares solo permitidos para adultos.

El adolescente de antes -pobres, nosotros, los que ahora tenemos más de 40 y queremos convencernos de que nuestro tiempo pasado era mejor- sufría la exclusión de no acceder a aquellos espacios vedados a los menores de 18, o de tener que dejar lugares públicos a las 22hs., de poseer un cuerpo al que se lo caracterizaba de “torpe” e “inmaduro”. Para colmo, el mundo adulto subestimaba al adolescente por utilizar un léxico, usar una vestimenta o escuchar una música, apenas aceptable para la edad, transitoria, burda, mejorable. La adolescencia era una etapa de la vida por suerte pasajera, un tanto absurda, que por fortuna desaparecía con el mero paso del tiempo.

No hace falta aclarar que este panorama hace tiempo estalló en mil pedazos y hoy, esta ecuación parece haberse invertido. Son los adultos los que intentan parecerse a los adolescentes: escuchan su música o al menos la conocen, tratan de usar (con algo de dignidad) su ropa, se animan a sus piercing y a sus tatuajes. Son adultos cool, ¿ok?

Los adultos ahora tratan de parecer “copados”: hablan como adolescentes, se mimetizan en su “onda” y hasta tratan de retener en la medida de sus posibilidades su propio cuerpo como un cuerpo adolescente: que el cuerpo parezca puro, sin usar, virgen de paso del tiempo. Los adultos “copados” entienden, acompañan, son “gambas”, nunca dicen “no” porque “esto es lo que decidieron los chicos”. A veces ayudan y socorren a los adolescentes hasta en lo que los asusta o no están de acuerdo (tatuajes, horarios, alcohol, drogas) porque “más vale que la guita se la dé yo antes que se la consigan por otro lado”, ¿Es re obvio, no? Estos adultos son unos re ídolos.

Ya no quedan sino unas pocas fronteras sociales entre adultos y adolescentes: a todos se nos ha dado ver lo mismo, saber lo mismo, escuchar lo mismo, participar casi de lo mismo. Baja la edad de imputabilidad penal y baja la edad de mayoría de edad. Pero no solamente estas cuestiones legales; hay más. El baile del caño ya no está reservado a experimentados y maduros cabareteros trasnochadores, y el porno perdió todo su misterio y está a apenas a un clic de distancia de cualquiera al que le interese. Ya no hay “horario de protección al menor” o por lo menos nadie se desgañita por hacerlo respetar, y son los adultos los que se van a dormir a las 22hs. Los que consiguen dormir, claro.

El modelo central de identificación social de nuestras sociedades ya no es adulto: ¿a quién le importa crecer? Al contrario, un adulto con fisonomía adolescente parece ser el ideal corporal de estos tiempos, mientras que el resto de los adultos son dinosaurios de una especie en vías de extinción. Como bien dice el tema de los Auténticos Decadentes “Quiero ser un pendejo/ aunque me vuelva viejo”. Ahora todos somos “chicos”. “¿Qué van a tomar, chicos?”, nos pregunta la joven camarera de un bar de Palermo Hollywood a mi amigo Tedy y a mí, quienes entre ambos sumamos casi un siglo. ¿Los de Gran Hermano? Son todos “chicos”, aunque tengan más de treinta. Los chorros ahora también son pibes.

No es que la adolescencia actual dure más que la de antes, como se dice por ahí. Lo que ocurre es que ya casi no hay distinción entre adolescencia y adultez en un mundo en el que a pocos se les ocurre invocar su propia experiencia o su sabiduría de la vida como un valor positivo. Y los que se hacen los sabios son denostados: al fin de cuentas aparecen como autoritarios imponedores de criterios pasados de moda. Están re out.

Es este un mundo en el que ya nadie ostenta con orgullo las canas y las arrugas. Nadie se vanagloria de las vueltas de la vida. Y, a la inversa, ya no es considerado un insulto el ser joven. Raúl Porchetto cantaba hace treinta años “Todo lo que hagas, pibe, no es bueno,  hoy ser joven no tiene perdón.” Lo que no tiene perdón hoy es dejar de ser joven y ser arrastrado por la marea de los años y la vejez. Más todavía, ser adulto hoy significa  asumir responsabilidades casi con tristeza. Es mejor perfilarse despreocupadamente: si sigo sin crecer alguien se va a tener que hacer cargo de mí.

Y, por favor, que sea rápido porque en un rato empieza el “Bailando…”

(*) Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella

NUESTROS HIJOS NO DEJAN DE QUERERNOS PORQUE PONGAMOS LÍMITES – Por Arantza de Domingo, Psicóloga

limites

Las fiestas de fin de año, son momentos especiales para vivirlos en familia: hermanos, primos, abuelos y tíos comparten más tiempo, y las celebraciones y los regalos ocupan buena parte de las ilusiones de niños y mayores. Es también una buena época para hacer un alto en el camino y valorar, quién los tenga, cómo se puede mejorar la relación con hijos pequeños y adolescentes. Arantza de Domingo, Psicóloga especializada en niños y adolescentes, asegura que la personalidad de los niños no termina de asentarse hasta pasada su adolescencia. La importancia de los límites, el buen uso de las nuevas tecnologías y la necesidad de que los niños y adolescentes aprendan a hacer las cosas a su debido tiempo, son algunas de las ideas que desgrana a lo largo de esta entrevista.

Parece que siempre que vuelven las fiestas, nos acordamos de que es un tiempo para la familia, pero ¿qué hay del resto del año?

Las fiestas son momento especiales, pero de nada sirve aplicarse estas semanas si no hay constancia en el tiempo, respecto del trabajo con nuestros hijos. Debe haber tiempo para todo: desde hacer los deberes hasta por supuesto, jugar. El juego es una actividad muy importante para el niño.

Es también un momento de regalos: ¿hay o no, juguetes sexistas? Parece que hay voces que tienden a relativizar la importancia de este tema.

Si dejamos a niños y niñas un montón de juguetes a su alcance, la realidad nos dice que ellas tienden a una clase de juguetes como muñecas, con las que, por ejemplo, juegan a representar la maternidad, y ellos a tomar coches o espadas. Parte de esto es aprendido, pero hay también una base anterior al aprendizaje, instintiva. La igualdad entre niños y niñas en derechos o ante la ley es una cosa. Evolutivamente unos y otros son distintos, como ellos mismos se ven frente al espejo.

¿Y qué pasa cuando un niño se empeña en tener un producto de cierta marca que es inadecuado o que sus padres no se pueden permitir?

No pasa nada, si se dice simplemente la verdad: que no hay dinero en casa para ese producto. Hay que hacerle ver que la felicidad no es algo con lo que se pueda traficar ni que se consigue comprando regalos. Claro que si el niño ve que los padres no predican con el ejemplo, será mucho más difícil.

De un tiempo a esta parte, están cambiando las maneras de jugar: videojuegos, consolas, computadoras, celulares… ¿Qué consejos podemos dar a los padres, cuando sus hijos saben manejarse en este mundo mucho mejor que ellos?

Hay que quitarle el miedo a la tecnología. Es buena. El videojuego es una herramienta para jugar, y en su justa medida no tiene por qué ser ningún problema. Incluso puede ayudar a crear una relación con unos padres que quizá no practican deporte u otras actividades, pero que pueden compartir con sus hijos ratos de juego en la consola o la computadora. El videojuego no transforma a la persona.

Pero las nuevas tecnologías generan preocupación en los padres, que escuchan noticias sobre ciber-acoso, se preocupan por las páginas de Internet de contenido sexual…

No podemos sobreproteger a nuestros hijos, porque sería negativo para ellos pretender aislarles de las nuevas tecnologías. Hay tácticas sencillas para evitar problemas sin invadir la intimidad de los adolescentes.

¿Por qué protegen tanto su intimidad?

La adolescencia es una etapa crucial dentro del asentamiento de la personalidad. Es la segunda oportunidad, y también la última, para forjarla, y por tanto la que marca cómo serán nuestros hijos de mayores. Es normal que haya una cierta rebeldía y un despego hacia la figura de los padres. Los padres tienen que entender que esto es algo natural y que no tiene nada que ver con el amor que sus hijos tienen hacia ellos. Buscan la sociabilidad con sus amigos, y hoy en día también a través de las redes sociales.

¿Cómo se sabe que esa rebeldía adolescente se ha salido de la norma?

El indicador para saberlo es el sufrimiento. Cuando notamos que en un niño o en un adolescente sufre, hay que actuar. Se trata de verbalizar la situación porque, de no hacerlo, el sufrimiento saldrá por otro lado. En ese momento hay que preocuparse, y ponerse en manos expertas para poder buscar soluciones.

Y, ¿qué hacer cuando son los padres quienes parecen los adolescentes?

Padres y madres deben entender que sus hijos no son sus iguales, y que una jerarquía razonable es buena. El “amiguismo” entre padres o profesores con ellos, no es bueno, y además, en el fondo, los hijos no lo agradecen. En ocasiones vemos cómo, en ciertos lugares como un cine, un restaurante, etc., los niños actúan sin límites, incluso en la presencia de sus padres, que les dejan hacer prácticamente lo que quieren.

Pero, ¿esas conductas se aprenden?

En todos los temas relacionados con la personalidad y la conducta, hay una parte genética y una parte ambiental: aprendemos de lo que vemos a partir de lo que somos. La parte ambiental es la más relevante, por eso hay casos perdidos. Pensar en que las cosas son como son, por culpa de los genes, puede ser un escapismo. En muchas ocasiones, reproducimos en nuestros hijos lo que a nosotros nos sucedió en la infancia. Los padres deben ser conscientes de que sus hijos, son personas diferentes a lo que ellos fueron.

“Hay que hacer ver a los niños que la felicidad, no se consigue comprando regalos”

A veces los padres intentan que sus hijos cumplan los sueños que ellos no pudieron cumplir…

Es muy cierto. Muchos padres se esfuerzan por conseguir que sus hijos, tengan los estudios o la profesión que ellos no pudieron tener. No hay que forzar las cosas. Tampoco es bueno comparar a unos hijos con otros: la rivalidad entre hermanos es natural, pero los padres deben actuar con tacto; es importante que los hijos vean que no es cierto que se quiere o se trata mejor a uno que a otro. En muchas ocasiones para poder ayudar a los niños, hay que trabajar con toda la familia, descubrir las fantasías, actitudes de los padres…

Parece que los niños se nos hacen mayores a edades cada vez más tempranas y sin embargo, los jóvenes tardan más en irse de casa.

No es verdad que los niños de ahora maduren antes. Lo que sí, hacen “cosas de mayores” cada vez a menor edad. Aprender a contener los impulsos primarios de satisfacción inmediata, es precisamente ir haciéndose adulto, y esa es la labor de aprendizaje que la adolescencia debe suponer. Quien no sabe otra cosa que satisfacer su deseo inmediato es, en este sentido, tan inmaduro como un bebé.

¿Qué hacer si descubrimos que nuestro hijo o nuestra hija adolescente fuma, o bebe alcohol?

Lo conveniente es actuar y ponerle palabras a ese problema. Puede ser el síntoma de otro problema. Cada padre debe buscar la mejor manera de abordar el tema con su hijo. Quizás, cuando llega a casa, ya de madrugada, no es el mejor momento para hablar de estas cosas…

¿En qué momento está preparado un niño para conocer las cosas malas de la vida?

Los niños pequeños no tienen un concepto claro de la realidad. No distinguen la violencia real de la fingida en una película, o incluso en los dibujos animados. Pero tampoco es posible aislarles en una burbuja o sobreprotegerlos. Los padres deben ir dando a conocer estas cosas según crezca y evolucione su hijo, aunque el ritmo puede ser diferente en cada niño. Claro que lo menos recomendable es dejarles viendo la tele sin control.