CÓMO SE APRENDE A ESTUDIAR

La falta de organización y concentración, son algunos de los errores que dificultan el aprendizaje

“Es muy inteligente, pero no aprueba”; “estudia mucho, pero luego suspende”. Sentencias como éstas se les escuchan a padres cuyos hijos en edad escolar, no obtienen los resultados académicos deseados. Las causas de este bajo rendimiento no hay que buscarlas siempre en la capacidad o en la inteligencia de los estudiantes. A menudo, el origen del problema es diferente: “no saber estudiar”.

En su libro “Aprender a estudiar, no es imposible”, el profesor Joaquín Almela define el término “estudiar” como una situación en la que el estudiante debe “situarse adecuadamente ante unos contenidos, interpretarlos, asimilarlos y retenerlos para después poder expresarlos en una situación de examen o en la vida práctica”. El problema surge cuando el alumno tiene dificultad para llevar a cabo una o varias partes de este proceso de forma efectiva.

Las dificultades se pueden corregir, pero esto debe hacerse a tiempo, para que no se conviertan en un hábito

Estas dificultades pueden residir en características personales del alumno, como la falta de atención o la mala memoria, en actitudes hacia el estudio, como el desinterés o la desmotivación, en cuestiones organizativas, como la falta de métodotécnicas y estrategias de aprendizaje, o en aspectos ambientales, como la carencia de un lugar adecuado para estudiar o la abundancia de distracciones en el entorno. Todas estas dificultades se pueden corregir de forma sencilla, lo importante es hacerlo a tiempo para que no se conviertan en un hábito que marque la trayectoria académica del estudiante durante su vida escolar.

Analizar la situación

El primer paso que deben dar los progenitores, junto con los propios estudiantes, es analizar de forma detenida los diferentes problemas que detecta el alumno al estudiar. El escolar que obtiene bajas calificaciones no es el único que tiene dificultades, también puede tenerlas quien, a pesar de conseguir buenos resultados, ha tenido que realizar un esfuerzo mayor para alcanzarlos.

En el proceso de análisis deben intervenir los docentes o profesionales de apoyo

Las dificultades pueden originarse en el momento de abordar el estudio en casa, pero también pueden tener de base una actitud errónea en clase. Estos profesionales son un apoyo esencial para obtener recomendaciones sobre estrategias, técnicas y recursos idóneos para estudiar de forma efectiva.

Errores habituales

Cada estudiante es único, pero en función de sus dificultades de estudio pueden definirse varios perfiles: quien estudia mucho y no aprueba, quien estudia bien, pero falla en los exámenes, quien no quiere estudiar… Según estas tipologías, las dificultades o los errores pueden residir en unos u otros aspectos:

Método de estudio: como afirma Ramón González Cavanach, en su obra ‘Estrategias y técnicas de estudio’, una de las razones por las cuales un alumno no es un buen estudiante puede ser: “abusar de técnicas y estrategias simples centradas en la repetición y el repaso, en detrimento de otras más complejas como la elaboración de esquemas o la construcción de supuestos”. Los especialistas recomiendan revisar este aspecto metodológico, sobre todo, en los casos de alumnos cuyo rendimiento al estudiar no se refleja en los resultados. Un uso adecuado de las principales técnicas de aprendizaje, permite disminuir el tiempo de estudio y aumentar la habilidad para comprender la información.

Concentración: en ocasiones, el alumno tiene voluntad de estudiar, pero no es capaz de concentrarse en sus tareas. En estos casos, hay que revisar y eliminar los elementos de distracción que pueden provocar esta falta de concentración y proporcionarle un lugar de estudio adecuado alejado de las disrupciones.

Planificación: la abultada agenda de actividades extraescolares que atienden cada día muchos estudiantes impide que cuenten con el suficiente tiempo para organizar su estudio. Un alumno considerado perezoso, en ocasiones es tan solo un alumno cansado, sin ganas de estudiar después de una jornada agotadora. Es necesario que los padres y alumnos planifiquen un horario realista, adaptado a la edad del niño y su perfil, que le permita adoptar una rutina de estudio eficiente.

Comprensión: algunos estudiantes son incapaces de estudiar de forma eficiente porque carecen de la base necesaria para entender la materia. Estos casos, más frecuentes en alumnos que cambian de nivel o de centro, necesitan una intervención del docente de apoyo o terapeuta, que oriente a los padres y al alumno sobre los contenidos que debe reforzar para ponerse al día en la asignatura.

Motivación: la falta de interés y una actitud negativa hacia los estudios es una de las principales causas del fracaso escolar. Desde el entorno familiar, los progenitores pueden motivar a sus hijos si muestran interés por sus tareas, participan en ellas y expresan satisfacción ante sus logros. Por otra parte, los docentes en el ámbito académico pueden utilizar distintas estrategias motivadoras que ayuden a despertar el interés del alumno por las materias y fomente el sentimiento de competencia.

Ansiedad: distintas actitudes mentales como la inseguridad, el nerviosismo y la ansiedad pueden provocar que un buen alumno sea incapaz de demostrar sus conocimientos en el momento de enfrentarse a un examen. Se debe enseñar a estos estudiantes a preparar la mente para el examen, fomentar la confianza y seguridad en sí mismos y evitar que cometan errores frecuentes, como estudiar de forma desmesurada el día anterior, dormir poco o alimentarse mal.

NEUROPSICOLOGÍA: DIFICULTADES EN EL APRENDIZAJE MATEMÁTICO – Por Mario Valdez

La habilidad para el cálculo matemático es una función cognitiva con niveles de eficiencia dispar entre la población estudiantil. A los efectos de una evaluación neuropsicológica, es necesario tener en cuenta que, además de los posibles condicionamientos cognitivos de cada niño o adolescente, es necesario tener en cuenta que los factores socioeconómicos y culturales cuentan con una influencia importante, lo que exige al evaluador responsable, no considerar los varemos de las pruebas estandarizadas como una verdad revelada.

La dificultad para el cálculo matemático casi nunca es total, por lo que habitualmente se habla de discalculia y no de acalculia. Además, es importante discriminar la falta de esta habilidad adquirida previamente por lesiones estructurales, la que deberá ser descartada, de otras dificultades de acceso al aprendizaje de la matemática.

Desde la perspectiva neuropsicológica, el cálculo es una función cognitiva extremadamente compleja, ya que una simple operación aritmética está conformada por diferentes mecanismos neurocognitivos:

  1. Procesamiento verbal o gráfico de la información recibida
  2. Percepción y reconocimiento de la información.
  3. Producción de la caligrafía numérica y/o algebraica.
  4. Representación cognitiva del número o símbolo
  5. Discriminación visuoespacial de los dígitos.
  6. Alineamiento de los dígitos y escritura gráfica espacial.
  7. Memoria de trabajo para preservar los datos de la secuencia.
  8. Memoria a largo plazo.
  9. Razonamiento matemático-sintáctico.
  10. Atención focalizada.

De las funciones numeradas anteriormente, podría decirse que el uso de papel y lápiz reduce la necesidad de la memoria de trabajo, mientras que exige mayor habilidad de la memoria de trabajo para el cálculo mental.  En cuanto a la memoria a largo plazo, es requerida de dos maneras diferentes. a) Para recordar las reglas generales de cálculo de una operación en particular y b) Recordar las tablas aritméticas pre-aprendidas.

Alteraciones y dificultades observadas en la clínica

Como se ha dicho anteriormente, son múltiples las funciones cognitivas que se ponen en juego para el cálculo aritmético. Pero allí comienza el gran desafío para el evaluador neuropsicológico, que es localizar la etiología de la dificultad, de modo de diseñar las estrategias adecuadas para el trabajo de tratamiento específico. Descartando la severidad del síndrome de Guerstmann, que describe las dificultades aritméticas como producto de alteraciones cerebrales globales, como demencias, afasias, alexias o negligencia espacial, es más común encontrar una dificultad selectiva de la capacidad de calcular.

H. Hécaen realiza una clasificación de estas dificultades y que resulta interesante para comenzar a clarificar:

1. Alexia y agrafía numérica. Alteraciones en la lectoescritura de los números. Esta dificultad puede ser específica o bien asociada con alexia y agrafía de palabras.

2. Acalculia espacial. Alteración en la organización espacial de los dígitos expresada en las reglas de la colocación de los números.

3. Anaritmetia: Esta situación refleja la incapacidad primaria para el cálculo y que no resulta de los dos casos anteriormente descriptos. Implica, por tanto, una alexia y agrafía numérica aislada, sin alteraciones en otras áreas de la percepción y del razonamiento matemático. Dentro del este concepto de anaritmetia, hay casos que presentan una discapacidad selectiva para recordar valores tabulados de operaciones simples, pero que conservan el concepto concreto de una operación matemática. De este modo, la dificultad se manifiesta en una u otra operación aritmética, error en el procedimiento, alteración de las cantidades que deben ser memorizadas para continuar con la operación (Cifras que deben ser contempladas en la siguiente columna en la suma o resta)

Evaluación neuropsicológica

En el proceso de una adecuada evaluación neuropsicológica, las dificultades en el cálculo deberán ser examinadas dentro de una globalidad de aspectos cognitivos evaluados. Es necesario descartar, por tanto, dificultades neurocognitivas más amplias como disfasia, dislexia, disgrafía o estados confusionales del sujeto ya que, de existir algunos de ellos, la discalculia resulta comórbida de las alteraciones principales.

En el caso de que cada una de estas alteraciones principales fueran descartadas y teniendo en cuenta la incidencia de factores socioculturales que puedan condicionar el aprendizaje de la matemática, habría que aplicar un protocolo de evaluación específica de las habilidades numéricas y de cálculo:

  1. Habilidad para leer y escribir números, tanto como dictado como copia. Esta prueba debe hacerse, según la edad del niño, tanto en números como en letras (ej. 32 y treinta y dos)
  2. Capacidad para reconocer cantidades mayores y menores.
  3. Conocimiento previo aproximado de los hechos de la vida cotidiana sujetos a números: Cantidad de días de la semana, de dedos en una y las dos manos, de personas que pueden sentarse a una mesa cuadrada, etc.
  4. Posibilidad de contar elementos concretos, ej. Los cubos del WISC y escribir, tanto en números como en letras, esa cantidad.
  5. Capacidad para contar una serie de números en sentido directo e inverso.

Todo lo anterior, nos dará indicadores para determinar la presencia de dislexia y/o disgrafía numérica. A continuación, habrá que direccionar la evaluación en la lectoescritura de números de varios dígitos; en especial aquellos números que contengan el dígito cero (150 – 105), ya que la dificultad en este campo nos acerca al terreno de la discalculia visuoespacial.

Una vez que el evaluador se afiance en la supuesta integridad de capacidades relacionadas a la grafía, la lectura y el factor visuoespacial del cálculo, debería centrarse en la evaluación y análisis de las anaritmetias primarias:

  1. Conocimiento de los símbolos matemáticos, tanto en números como en letras
  2. Alineación correcta de varios dígitos para operaciones comunes (Sumas, restas, multiplicaciones y divisiones)

De esta manera, ya estamos evaluando el conocimiento de los símbolos matemáticos y además, la adecuada alineación de los mismos. Luego de ello, comenzamos a explorar las habilidades para resolver operaciones simples. Primero con un dígito y luego en número creciente de dígitos. En este caso, es importante enfatizar, tanto en el papel como en los cálculos mentales, en las características de los fallos, para tener el material necesario para el análisis cualitativo de la comprensión del concepto aritmético, la memoria de trabajo, capacidad de secuenciación en el pensamiento y habilidades para la abstracción.

Como puede observarse, el proceso de evaluación neuropsicológica requiere un camino sinuoso y transversal. Cuando se detectan problemas de cálculo, no es suficiente con las subpruebas que ofrecen las baterías estandarizadas, las que son necesarias pero no determinantes. EQUIPO IINNUAR – Prof. Lic. Mario Valdez – Neuropsicología del Aprendizaje

FUNCIONES EJECUTIVAS Y FLEXIBILIDAD COGNITIVA

OBJETIVO DEL APRENDIZAJE Y UN CASO PARA REFLEXIONAR ENTRE DOCENTES Y TERAPEUTAS

EL ROL DE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS EN LA ENSEÑANZA DE LA ALFABETIZACIÓN.

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE.

Describir como las funciones ejecutivas a un proceso cognitivo que influye en el aprendizaje de la alfabetización y el éxito académico.

  1. Describir la importancia de las habilidades del lenguaje en el desarrollo y mejora de las funciones ejecutivas.
  2. Describir las características de los alumnos que requieren evaluación de las funciones ejecutivas
  3. Describir la naturaleza de las evaluaciones de las funciones ejecutivas.
  4. Describir la intervención para mejorar las funciones ejecutivas, el lenguaje, la alfabetización y el aprendizaje académico.

Las funciones ejecutivas son el proceso mental que permite a los individuos regular sus pensamientos y comportamientos. Los padres y educadores esperan que los escolares y adolescentes aprendan a iniciar, controlar y lograr cumplir con una multitud de tareas de aprendizaje académico y conductas de interacción, que son dependientes de las funciones ejecutivas.

Los estudiantes necesitan el control ejecutivo que regula la focalización de la atención, la planificación de las acciones, razonamiento, el recuerdo, la integración de las experiencias pasadas con el entorno presente, la toma de decisiones, tanto, como poder identificar las acciones más eficientes vinculadas a la participación social y lograr autorregulación emocional.

La función ejecutiva y las habilidades del lenguaje tienen una relación continua y recursiva que apoya al aprendizaje. Las funciones ejecutivas competentes, proporcionan la base cognitiva para el crecimiento del lenguaje y aprendizaje académico.

Los aprendices emplean regularmente el lenguaje para regular sus funciones ejecutivas y aprender conceptos académicos y habilidades. El lenguaje, ayuda a los aprendices, como mediador y control de los procesos ejecutivos que marcan el aprendizaje académico. Esto es especialmente importante para el aprendizaje basado en el lenguaje, que implica la alfabetización.  Entonces, con un mejor aprendizaje, los estudiantes tienen más conocimientos de respaldo y experiencia para la tarea usando las funciones ejecutivas y desarrollando el incremento del lenguaje.

Las habilidades del lenguaje pueden ser, a la vez, causa y consecuencia del aprendizaje. Esta relación multidireccional se ilustra en la figura que sigue, la cual representa cómo, las funciones ejecutivas, el lenguaje y el aprendizaje, son capacidades que se apoyan mutuamente.

La alfabetización, en esta conceptualización, es una capacidad del lenguaje y es, además, un tipo específico de aprendizaje que involucra muchas habilidades y procesos.

Se intenta describir cómo, los aprendices, pueden usar el soporte del lenguaje y desarrollar las funciones ejecutivas y recíprocamente cómo, el crecimiento de las funciones ejecutivas, pueden mejorar el lenguaje oral, la alfabetización y el aprendizaje académico. También se intenta dar estrategias basadas en el lenguaje para ayudar a los estudiantes a regular aprendizaje y conductas de modo que puedan tener éxito en lo académico y en la interacción social.

El caso Pablo

Pablo tiene 11 años, y se observa que le cuesta mucho buscar, seleccionar y procesar información para hacer sus trabajos escolares y aplicar sus conocimientos previos a los nuevos aprendizajes. El niño denota un pensamiento bastante rígido, con dificultad para cambiar adaptativamente el foco de su atención y poder redireccionar así sus recursos cognitivos a diversas perspectivas o a completar consignas variables.

Por ejemplo, tiene dificultad para darse cuenta de que la multiplicación y la división son procesos inversos. El puede multiplicar y dividir, pero tiene mucha dificultad para usar los procesos recíprocos o en una forma complementaria.

El docente de Pablo utiliza facilitadores verbales como estrategia para ayudarlo a poner los conceptos e ideas en palabras, y de este modo. trata de comprender sus procesos de razonamiento. El considera que Pablo tiene dificultades para organizar conceptos, y llama a esta dificultad “pensamiento por conexiones” o pensamiento asociativo.

Además, el maestro observa que, en circunstancias emocionales y sociales, Pablo puede tener dificultades para comprender cómo pueden existir condiciones competitivas. Señala que, Pablo declaró, que no entendía por qué algunos estudiantes estaban contentos y tristes al final del año escolar, no pueden ser ambos a la vez, en su razonamiento Sus maestros emplean estrategias para promover el pensamiento crítico, la toma de perspectiva de pensamiento inferencial, la generación de  alternativas y preguntas metacognitivas y lo ayudan a darse cuenta de cómo la flexibilidad en la razón, el ser capaz de captar diversas perspectivas,  es importante para aprender información de nivel superior y manejar eventos de la vida, sobre todo desarrollar habilidades sociales.

El desafío será pensar cómo aplicaría lo leído en cada uno de los casos de los niños que atendemos, tanto en el aula como en colnsultiorio.

APRENDIZAJE TEMPRANO DE LOS NÚMEROS

UN ESTUDIO REVELA CÓMO MEJORAR EL APRENDIZAJE TEMPRANO DE LOS NÚMEROS

numeros

El desarrollo del “concepto de número” en la temprana infancia es el mejor indicador que poseen los educadores para predecir futuras habilidades matemáticas. Un reciente estudio muestra de dónde surge esta habilidad, y propone un modelo para favorecer su aprendizaje.

Mucha gente sabe contar, pero el modo en que dominamos esta habilidad todavía es bastante misterioso. Los números fueron inventados hace cuatro o cinco mil años, lo que implica que no ha pasado suficiente tiempo como para que evolucionen en el cerebro partes especializadas para procesarlos. Esto hace suponer que las matemáticas son mayormente una invención cultural.

La capacidad para contar parece estar basada en una interfaz entre la visión y el razonamiento que compartimos con otros animales, lo que nos permite “ver” números pequeños -alrededor de cinco- sin contarlos. Esta habilidad, a veces llamada “el sentido o concepto de número”, sirve de fundamento para el conocimiento matemático posterior, pero su mecanismo no está claro. Se ha postulado que el “concepto de número” podría ser innato, pero esto no explica por qué aprender a dominar el uso de los números pequeños es una tarea tan difícil y compleja para los niños.

Un reciente estudio a cargo de Michael Ramscar, Melody Dye, Hanna Poppick y Fiona O’Donnell McCarthy, de la Universidad de Stanford (EEUU), financiado por la National Science Foundation, presenta un modelo formal de las bases cognitivas del conteo.

Partiendo de un modelo de cómo aprende nuestro cerebro, los autores muestran cómo nuestra habilidad para percibir los números emerge naturalmente de interacciones entre el problema de distinguir el tamaño de los conjuntos que los números describen, y la frecuencia con la que usamos diferentes números.

Mientras la capacidad de distinguir números aumenta con el tamaño del conjunto, los autores muestran cómo hablamos -y pensamos- sobre los números cuando más pequeños son, y proponen que la capacidad límite en nuestro “sentido del número” surge de estos factores.

Estos hallazgos, al tiempo de desafiar la idea de que el concepto del número está fundado en un sistema innato para apreciar conjuntos pequeños, también explican por qué a los niños les cuesta asociar números con palabras. Y lo que es más importante, también muestran como este proceso puede mejorarse.

Los números nunca aparecen solos. Podemos ver “tres osos”, pero nunca vemos un conjunto de “tres”, de manera que los niños deben aprender a distinguir qué parte de “tres osos” es “tres”.

Como el aprendizaje está basado en las expectativas, nuestro cerebro aprende adivinando qué cósas conducen a qué. Los niños aprenden mejor a descifrar el sentido de “tres” si la palabra “oso” aparece antes, como en “¡Mira a los osos. Son tres!”.

Si el conjunto de “osos” aparece antes que el número, todo lo que el niño ve competirá por relevancia en su aprendizaje para anticipar el número, y pronto le resultará obvio que “oso” no sirve para discriminar entre “dos” y “tres”, pero que “dos” o “tres” sí lo hacen.

Esta competencia es menos directa cuando “tres” actúa como la base para anticipar “oso”.

De hecho, entrenar a los niños diciendo “¡Mira, hay tres osos!” no tiene ningún efecto sobre el sentido del número, en tanto los niños entrenados con “¡Mira a los osos. Son tres!” mostraron un 30% de mejora en su habilidad para distinguir conjuntos pequeños en tan sólo una sesión de práctica.

Estos resultados experimentales brindan la primera evidencia de que el “concepto de número” puede mejorarse con un entrenamiento bien diseñado, en tanto el modelo computacional ofrece una explicación formal de por qué funciona el entrenamiento, al tiempo de presentar el primer modelo formal de cómo se aprende el “concepto de número” y cómo surgen los límites de la capacidad numérica.

El equipo de investigación utilizó el modelo Rescorla-Wagner para simular aprendizaje y predecir los efectos del entrenamiento en niños. Este es un modelo ampliamente difundido en las ciencias del comportamiento, tanto en términos de su adecuación al comportamiento humano como al animal, y por vasta la experiencia neurocientífica que da crédito a sus mecanismos básicos.

Los resultados de este estudio son potencialmente importantes para el desarrollo de la capacidad matemática en los niños, y pueden ofrecer una base formal para desarrollar intervenciones que ayuden a tratar desórdenes como la discalculia.

 

Fuente: Science Daily, EEUU. Leer nota original – síntesis-educativa.com.ar

DISLEXIA: ESA DIFÍCIL TAREA DE APRENDER – Por equipo IINNUAR

dislexia

La lectura es una de las herramientas básicas para adaptarse al contexto social y escolar; un fracaso en este aprendizaje, genera prematuramente una serie de riesgos para el niño: actitudes negativas, repetición, deserción escolar y fundamentalmente, una asociación entre aprendizaje con angustia y sentimientos de incompetencia en relación a la tarea.

El habla está constituida por sonidos y a estos sonidos les llamamos fonemas; estos fonemas están conformados por las consonantes, las vocales, los grupos consonánticos y los diptongos. Aprender a leer y escribir, requiere de una persona que tenga los recursos cognitivos para asociar en su cerebro el sonido o fonema, con el símbolo gráfico o visual que le corresponde, (llamado grafema); esto implica que pueda reconocer las letras y las agrupaciones de letras, para que luego pueda acceder a lo que significa esa palabra. Este proceso, que parece tan común y que se realiza casi mecánicamente, es sin embargo para algunos niños, una fuente de dificultades y sufrimientos. Existe un grupo de dificultades en el desarrollo del lenguaje que no pueden ser justificadas por defectos instrumentales auditivos o de mecánica fono-articulatoria, ni por retraso intelectual ni por otros trastornos psicopatológicos o deprivación socio-afectiva. Estas dificultades reciben el nombre de Trastornos Específicos del Desarrollo del Lenguaje, (TEDL), y presentan ciertas modalidades clínicas, según la proporción en que estén afectadas las competencias fonológicas, sintácticas y lexicales en las áreas de comprensión y expresión. A su vez, pueden asociarse a trastornos de la comunicación, (espectro autista), o proporcionar el trasfondo de trastornos del aprendizaje, como la dislexia-disortografía. El niño disléxico-disortográfico, es biológicamente diferente, porque posee un bagaje genético especial, que ya ha moldeado su percepción del mundo, aun antes de todo aprendizaje formal. Los estudios actuales, permiten señalar que su cerebro, es diferente desde el nacimiento y cuando llega la hora de enseñarle a leer, ya ha interactuado con su entorno de manera diferente a la de todos los demás. Desde las primeras palabras, su lengua materna ha sido percibida por su cerebro de manera diferente; desde los primeros contactos con su entorno visual, la representación que se construye su cerebro sobre el mundo circundante y hasta sus percepciones del espacio y el tiempo, serán igualmente diferentes. El desarrollo de la neuropsicología nos ha permitido conocer que el cerebro del niño, a semejanza que el del adulto, esta organizado de forma modular, es decir, que esta constituido por redes interconectadas, teniendo cada una bajo su dependencia distintas partes del funcionamiento intelectual. Cada una de esas redes puede estar alterada en su funcionamiento, al menos de dos maneras: por haber sufrido una lesión, un daño circunscrito a una zona del cerebro, (como un grave traumatismo de cráneo), o porque esa zona se ha desarrollado de manera imperfecta desde los primeros momentos de la vida del feto o del recién nacido. En ambos casos, las consecuencias suelen ser similares. Cuando las redes alteradas son normalmente necesarias para una actividad compleja como lo es la lectura, el individuo, es entonces confrontado a dificultades específicas en la lectura, respondiendo al término general de dislexia. Cuando la dislexia surge en el adulto que había aprendido a leer de manera normal anteriormente, se habla de dislexia adquirida. Pero cuando el problema está presente antes de la edad de la lectura, es el aprendizaje el que resultará perturbado, y se habla entonces de dislexia de desarrollo.

¿Qué ocurre en el cerebro del niño con dislexia?

El cerebro humano, está formado por dos hemisferios: derecho e izquierdo, los que se comunican entre si, por una estructura que hace de puente entre ellos, llamada cuerpo calloso. Cada hemisferio está especializado en ciertas funciones. El izquierdo se especializa en los procesos de lenguaje, mientras que el derecho se especializa en el procesamiento de la información visual y espacial. Los hemisferios cerebrales trabajan de modo diferente: el izquierdo procesa la información secuencialmente, es decir, unos datos tras los otros, mientras que el derecho, lo hace simultáneamente, o sea, muchos datos a la vez. Al leer, se combinan los dos tipos de estrategias en el manejo de la información, pero en los niños disléxicos, la disfunción o fallo en el hemisferio izquierdo, afecta la velocidad de procesamiento de la información, lo que hace difícil al niño poder procesar cambios rápidos de estímulos o sucesiones, tanto en el área visual como auditiva. La evidencia de alteraciones anatómicas y funcionales en la dislexia, quedaron expuestas exhaustivamente en un informe presentado por Kaufman y Galaburda en 1989, quienes demostraron que en los cerebros de los disléxicos, se presentan malformaciones específicas de la corteza cerebral, así como diferentes asimetrías, en los lóbulos: parietal, temporal y frontal y un metabolismo anormal en el cerebelo derecho. Siendo la dislexia, en principio, un problema de aprendizaje, acaba por desarrollar una personalidad característica que en el aula se hace notar, bien por la inhibición y el retraimiento, o bien por la aparición de conductas disruptivas como hablar, pelearse, no trabajar, como formas de obtener el reconocimiento que no puede alcanzar por sus resultados escolares. En ocasiones, la dislexia va unida a dificultades de pronunciación, con mayor incidencia en la dificultad de pronunciación de palabras nuevas, largas o que contengan combinaciones de letras del tipo de las que le producen dificultades en la lectura. La dislexia ocupa un lugar central y va unida en ocasiones, a otros problemas de aprendizaje escolar, tales como la disgrafía, (dificultades en el trazado correcto de las letras), en el paralelismo de las líneas, en el tamaño de las letras, en la presión de la escritura y en fases posteriores, aparece la disortografía (dificultades para el uso correcto de las reglas de ortografía, desde las que se llaman de ortografía natural a las de nivel más complejo).

La constelación “Dis”.

¿Cuáles son los síntomas a los que deben prestar atención los padres y educadores?

Es posible apreciar, ya desde la etapa preescolar, algunos signos o detalles que pueden hacernos sospechar que un niño es disléxico.

 En la etapa preescolar, entre los 3 y los 5 años.

  • Puede haber retraso en el desarrollo del habla con dificultades para pronunciar palabras, y una lenta adquisición de vocabulario.
  • Es posible observar que tienen cierta torpeza al correr o saltar, se llevan muebles por delante, no pueden controlar bien sus movimientos y fuerza; a nivel de su motricidad fina, les cuesta abrocharse los botones y atarse los cordones de los zapatos, destapar botellas y otras acciones que impliquen coordinación de brazo manos y dedos, como escribir, usar tijeras para cortar.
  • Tiende a ser muy disperso, le cuesta mucho concentrar su atención, controlar sus impulsos y hay una preferencia por los juegos que implican mucha actividad.
  • Les cuesta memorizar los números, las vocales, los días de la semana, los colores y las formas.
  • Puede presentar conductas de inhibición, por un lado, pero también irritabilidad y actitudes oposicionistas que afectan su vínculo social con adultos y con otros niños.

 

En la etapa escolar, entre los 6 y los 11 años:

  • Presenta dificultad para asociar el sonido, a una letra en particular, y en poder descifrar las palabras aprendidas.
  • Confunden derecha e izquierda, algunos escriben en espejo.
  • Invierte letras, números, palabras.
  • Confunde el orden de las letras dentro de las palabras al escribir, y también puede hacerlo al querer representar números.
  • También pronuncia mal las palabras, invirtiendo, sustituyendo o agregando silabas.
  • Su comprensión lectora es deficitaria, no obstante, logra relatar bien el argumento de una película o una lectura o programa de TV que ha escuchado.
  • Se acentúa su torpeza motriz e incluso, tiende a ser de esos niños a los que todo le pasa, es propenso a accidentarse con más frecuencia que otros.
  • Tiene un ritmo lento de trabajo, en general, no logra finalizar las tareas propuestas por la maestra en el aula, y da muchos rodeos a la hora de tener que hacer los deberes en casa.
  • Su déficit a nivel de motricidad fina, hace que su producción escrita sea desprolija, con mala caligrafía, muchas veces ilegible.
  • Le cuesta planificar sus acciones y pensamientos, por lo que la producción de textos puede aparecer muy desorganizada, con dificultad de hallar un hilo conductor del relato.
  • Presenta déficit de secuenciación auditiva y visual, así como de su memoria de trabajo, eso implica que necesite mas tiempo para procesar la información que recibe; esto no sólo se ve reflejado a nivel del lenguaje, sino que le trae consecuencias importantes a nivel del aprendizaje de las matemáticas, afectando su razonamiento y el desarrollo de estrategias de incorporación de algoritmos y resolución de problemas.

 

Etapa posterior a los 12 años

  • Tendencia a la escritura descuidada, desordenada, en ocasiones incomprensible.
  • Inconsistencias gramaticales y errores ortográficos, a veces permanencia de las omisiones, alteraciones y adiciones de la etapa anterior.
  • Dificultad para planificar y para redactar relatos y composiciones escritas en general.
  • Tendencia a confundir las instrucciones verbales y los números de teléfono.
  • Gran dificultad para el aprendizaje de lenguas extranjeras.
  • Baja auto-estima
  • Dificultad en la percepción del lenguaje, por ejemplo en seguir las instrucciones.
  • Baja comprensión lectora.
  • Aparición de conductas disruptivas o de inhibición progresiva. A veces, depresión.
  • Aversión a la lectura y la escritura.

Todos estos trastornos de inicio, en la infancia, la niñez o la adolescencia, requieren ser tratados lo más tempranamente posible, para evitar un monto muy elevado de sufrimiento del niño y su familia, y que tengan mayores posibilidades de mejorar su calidad de vida. La evaluación neurocognitiva, permite varios niveles de investigación, que parten de lo sindromático, lo fisiopatológico y lo etiológico. El nivel sindromático permitirá evaluar los síntomas y signos que lo constituyen y nos lleva a pensar en un síndrome clínico que deberá confrontarse, más tarde, con pruebas específicas de las habilidades académicas para confirmar el diagnóstico presuntivo. La neuropsicología desempeña un papel relevante para poder reconocer los mecanismos cerebrales básicos involucrados en cada caso y asociada a estudios fisiopatológicos, nos brindará un panorama para poder diferenciar subtipos neuropsicológicos precisos. La posibilidad de contar con estudios complementarios que investiguen la estructura cerebral, (neuroimagenes y estudios funcionales con compuestos radioactivos, PET, Spect y CBF, y la funcionalidad de la misma, (neurofisiología, potenciales evocados, potenciales cognitivos, EEGq, análisis de la coherencia inter e intrahemisférica, completan el tercer nivel de investigación clínica básica para conocer la causa del trastorno y así, poder comprender el pronóstico del cuadro, como también plantear el tratamiento adecuado a la medida de cada chico.

EQUIPO IINNUAR

Prof. Lic. Silvia Pérez Fonticiella

Prof. Lic. Mario Valdez

¿HACIA UNA NUEVA VISIÓN SOBRE LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE?

La revolucionaria teoría de Noam Chomsky, incluida su explicación sobre la manera en que los niños adquieren el lenguaje, ¿se estaría desmoronando?

lengua

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/484/hacia-una-nueva-visin-del-lenguaje-14843?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Sumario+IyC+Enero+2017

RAZONAMIENTO CONTRAFÁCTICO: APRENDER DEL PASADO Y PREPARARNOS PARA EL FUTURO

¿Y si hiciese eso? ¿Y si hubiera dicho aquello? La consideración de variantes hipotéticas nos ayuda a aprender de la experiencia.

aprender-experiencia

http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/81/razonamiento-contrafctico-14696?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Sumario+MyC+Noviembre-Diciembre+2016