¿CÓMO AFECTAN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS AL CEREBRO? – Por Facundo Manes

Trabajamos en el ordenador mientras miramos televisión, y estamos pendientes de las redes sociales y las alertas del móvil. ¿Hasta qué punto nuestro cerebro está capacitado para la multitarea?

El cerebro es, como cualquier sistema de procesamiento de información, un dispositivo con capacidades limitadas, sobre todo en la de procesar una cantidad de información por unidad de tiempo en el presente. Así, nuestro cerebro tiene dos cuellos de botella: uno es la atención (cuando tenemos dos fuentes de información suficientemente complejas, la eficiencia de una decae como consecuencia de la otra); y la otra, la llamada “memoria de trabajo” (el espacio mental en que retenemos la información hasta hacer algo con ella). Esta memoria tiene una capacidad finita en los seres humanos y es extremadamente susceptible a las interferencias. Cuando se intenta llevar a cabo dos tareas demandantes al mismo tiempo, la información se cruza y se producen muchos errores.

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PANDEMIA: EL MUNDO DADO VUELTAS ¿QUÉ PASARÁ CON NIÑOS Y ADOLESCENTES? Por Mario Valdez

La vida es algo que pasa en otro lado…

La situación de emergencia mundial ha cambiado literalmente los hábitos y costumbres personales, pero también la dinámica de funcionamiento familiar en todas las sociedades. Los ritmos laborales se acallan, el tiempo para dedicar a la familia se extiende, la tolerancia se pone a prueba, las máscaras se caen, la economía familiar se derrumba, los niños se aburren, los padres disienten, los resentimientos reprimidos se manifiestan, la televisión y el cine en casa crece en la demanda…. Todo parece estar patas para arriba. El hogar como refugio para relax y el descanso se convierte en el único escenario donde pasa “todo” y nadie se sentía preparado para ello. Pero en este caso, quiero poner la lupa sobre los niños y adolescentes, quienes ven afectada su intimidad, sus horarios y sus rutinas, aparentemente con menos preocupaciones que los adultos, pero con sus propias conflictivas “al rojo vivo”.  Los adultos hablamos de la necesidad de reinventarse, de crear nuevas fuentes de ingresos, sentimos que la estresante vida cotidiana en la oficina o en taller, después de todo tenía su costado positivo y que después de todo, no está tan mal el trabajo que tenemos. Pero, ¿qué pasa en el mundo de niños y adolescentes? De pronto, todas las exigencias cotidianas desaparecen: los retos de papá por los objetivos pendientes, la insistencia machacona de mamá sobre los horarios y tareas pendientes de la escuela y las actividades extraacadémicas: -¡apurate, que en diez minutos salís para inglés!; -¿Hiciste el trabajo de sociales?; -¿Por qué la maestra me escribió esa nota?; -Nada de televisión ahora, tomás la leche y te ponés a trabajar….

Aquello que en principio parecía una reivindicación divina que venía a poner justicia a su cansancio, comienza a transformarse en una pesadilla de aburrimiento, de agobio por el encierro. Todo el día encerrado, ¡qué injusto! La conducta comienza a resquebrajarse, los nervios de mamá y papá circulan en la familia y son absorbidos por los niños, quienes agregan desazón y angustia a su vida alterada por completo. Esa es nuestra realidad ahora, pero ¿qué ganan y qué pierden los chicos con esta nueva dinámica familiar?

Los aspectos positivos no son pocos. Las presiones son menores, los horarios se relajan, mamá se transformó en una maestra integradora que fiscaliza todas las clases virtuales de maestras y profesores, los permisos para el uso de dispositivos de juegos son mayores, el tiempo de sueño es mayor y por tanto el descanso también lo es, las reglas estrictas de la casa se desmoronan, el tiempo de juego con hermanos y padres aumenta. Todo ello no es poco, en esta sociedad competitiva que pretende que los niños “aprovechen” el tiempo en múltiples actividades “útiles” en detrimento del juego y el desarrollo armónico del niño o adolescente.

Pero también existen cosas que se perdieron, más allá de los contenidos escolares. Escenarios sociales de convivencia con pares, sometimiento a las reglas en contextos exógenos, aprendizaje de la organización de la vida a partir de los compromisos, consensos y disensos permanentes con iguales y profesores, valoración del esfuerzo cotidiano, planificación, fortalecimiento de la personalidad, crecimiento psíquico y social, aprender a ser “sujeto”, aprender a ser “alumno”. En el plano cognitivo, ejercitar sus funciones cerebrales superiores, someterse al conflicto cognitivo, desarrollar estrategias de aprendizaje y conciencia del error, lograr autoría de pensamiento, estimulación de las capacidades visoespaciales, memoria, atención y, en general, todo aquello que implican las funciones ejecutivas, es decir, nada más ni menos que acompañar el proceso de crecimiento físico con el desarrollo neurocognitivo.

Los adultos sólo esperamos la ocasión para retomar “la vida anterior”, en lo posible, pero es diferente para niños y adolescentes quienes atraviesan una espiral de crecimiento mucho más dinámica y transformadora, porque ellos no pueden, no deben y no quieren, sólo volver a la vida anterior. Padres, docentes y terapeutas, deberemos pensar las estrategias para el abordaje de esos “sujetos en construcción” que esperarán de nosotros mucho más que la vida anterior a la pandemia.

EQUIPO IINNUAR

Prof. Lic. Mario Valdez – Neuropsicología del Aprendizaje

¿LAS REDES SOCIALES PROVOCAN AISLAMIENTO?

El uso prolongado de las plataformas sociales puede disminuir el tiempo que se dedica a las interacciones sociales reales e incrementar la sensación de exclusión.

REDES

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