Si el 14 de febrero vamos a hablar de amor… no olvidemos..

femicidio mediatico tinelli.jpg

“A quien elige a ciegas, el humo del sacrificio se le mete en los ojos”.

Klopstock, citado por Walter Benjamín en “Las Afinidades electivas de Goethe”.

COMPLICIDAD MEDIATICA DE LOS FEMICIDIOS.

El discreto encanto del Poder …     Por Silvia Pérez Fonticiella.

La foto de esta pancarta nos provee de material para reflexionar sobre el campo de los visibles y los enunciables vinculados a la violencia de género.

Desde una mirada “deleuziana”, nos preguntaremos ¿cuál es el régimen de luz que opera en esta imagen?

Desde la perspectiva de Rancière interrogamos: ¿en qué sentido la manera de ser de las imágenes contribuye a construir un ethos particular, asi como a co-modelar formas de ser de individuos y colectividades?

Ana María Fernández nos dice que un invisible social no es algo oculto, sino algo que conforma hechos, acontecimientos, procesos y dispositivos reproducidos en toda la extensión de la superficie social y subjetiva; son hechos que se naturalizan, por lo cual violencia visible e invisible conforman un par indisociable.

Todo cuerpo está, de alguna manera, atravesado por una red de lógicas colectivas epocales, sujetado por mitos, por representaciones, por tradiciones, por “magmas” diversos que se van acoplando a determinados significantes, para construir sentido. Paulatinamente, la circulación de palabras y prácticas reorganizará las situaciones y las posiciones subjetivas singulares.

Este tema, así planteado, me suscita muchas más preguntas que respuestas:

¿Cómo se ubica este cuerpo en su espacio y en su tiempo?

¿Qué mensaje trata de dar esta imagen?

¿Cómo compatibilizar lo visible con el enunciado que acompaña la imagen?

¿De qué manera, imagen y enunciado, “semantizan” el espacio de encuentro entre el emisor del mensaje y el receptor?

¿Qué se visibiliza y que se invisibiliza en las marchas de #NI UNA MENOS, donde se tomó la foto de esta pancarta?

¿De qué manera los medios de comunicación son cómplices de los femicidios?

¿De qué manera esta forma de violencia puede vincularse a un tipo de sociedad determinada, lo que permita pensarla, entonces, como violencia política, asociada a determinados contextos socio-históricos-culturales?

¿En qué medida, al otorgarle cabida a este tipo de programas y mensajes, a determinados tipos de lecturas, a determinadas modalidades de vínculos, a variaciones en el ejercicio del poder, la propia familia es cómplice de los femicidios?

La pancarta hace referencia a ese popular programa de televisión que conduce Tinelli, la foto pertenece a uno de esos programas.

Tomando expresiones de F. Guattari, podríamos decir que los sistemas de representación están en relación de engendramiento con los objetos; esto implica que no hay una real independencia de la representación por relación al objeto. Los medios semióticos, comunicacionales, los mass-media, engendran objetos, deseos y representaciones dentro de parámetros metamodelizantes, que habilitan juegos de “claro-oscuros” perceptivos caracterizados, no sólo por la invisibilidad de los sujetos y de prácticas de sujeción, sino especialmente por el silencio. La extimidad de la vida privada arrebata el Logos, el ser reconocido como ser de lenguaje, lo que deja a las personas expuestas en un puro cuerpo, que queda en situación más vulnerable para ser manipulado por el contexto técnico-económico.

La foto muestra un cuerpo mutilado por el foco de la cámara, puro fragmento de un cuerpo sin Logos y sin “psiquis”, sin rostro que lo singularice, fragmento de cuerpo sin siquiera ojos que nos miren… Y en este punto, Sartre nos inspira, porque él planteaba que el otro, al mirarme, me convierte en objeto:

“…el ser-visto-por-el-otro es la verdad del ver-al-otro. Solo me apercibo de la realidad del otro, de que es un sujeto como yo, cuando me mira y me convierte en un objeto visto. El punto central de este ser-visto consiste en que, cuando me sé mirado, yo no miro al otro porque mi intencionalidad no se dirige hacia él sino hacia mí mismo en cuanto expuesto a su mirada. Así, la mirada del otro me ofrece una vivencia de mí mismo.” (El ser y la nada)

Cuando leemos el enunciado: “El femicidio empieza acá…” nos damos cuenta que el femicidio ya lo produjo el Medio, ya lo produjo la cámara de televisión que tomó ese fotograma y muestra un ser humano mutilado de la cintura para arriba, y una mano, que “presentifica” el grillete invisible de los nuevos esclavos postmodernos.

Los cuerpos son territorios que se (re)significan a partir de discursos que operan en los relatos. Relatos cuyo sistema, sexo y género, son atravesados por la producción de dimensiones del poder. Esta relación cuerpo y género es el conjunto de disposiciones que una sociedad transforma en productos de la actividad humana. Praxis social que transmuta la sexualidad biológica en un constructo socio-discursivo y que parte de la lectura del lenguaje del cuerpo.

En palabras de F. Guattari:

“Vale decir, si hablamos de una praxis, de una articulación social y de un discurso, entonces la relación del cuerpo con el sexo, el género y el poder es una práctica significante, un texto que implica trabajo en la perspectiva de la producción simbólica. ¿Por qué? Porque todo el cuerpo pasa por el filtro del discurso, del lenguaje y de la actualidad simbólica. Por ejemplo, cuando se habla de cuerpo-Patriarcado y cuerpo-Edipo.” (2015:85)

La pancarta, permite re-semantizar la imagen, sacándola de su contexto de producción original, es decir, del programa de televisión.

A propósito de su contexto original, pensamos que la imagen televisiva nos lleva a mantener la mirada por encima de desciframientos posibles, porque está inserta en un espectáculo fabricado de modo tal, que del otro lado de la pantalla sólo exista un sujeto en calidad de “voyeur” y no de lector, no de descifrador de contenidos de verdad., sino un productor y reproductor de contenidos naturalizados y normalizados.

Como lo expresa Ana M. Fernández, los macro y micro poderes que ejercen los varones se expresan en diferentes dispositivos bio-políticos, dispositivos que tejen sustento meta-narrativos para fabricar representaciones sobre la mujer que delinean marcos de visibilidad y de invisibilidad en el campo de la identidad de género y que impactan sobre todas las dimensiones de la vida.

En línea con el pensamiento de la Dra. Fernández, pensamos el hecho de cómo, muchas mujeres, pasan de la esfera privada a la esfera pública a través del trabajo, y cómo se posicionan en el mismo, reproduciendo muchas veces los servilismos domésticos.

“Sin duda el espacio público, al menos en nuestro país, sigue teniendo fuertes sesgos sexistas. Esto se expresa en prácticas discriminatorias, exclusiones, segregaciones, criterios diferenciales de evaluación, en los salarios, etc, que sin duda hay que denunciar cada vez que se presentan”. (2014:65)

En mi opinión los mass-media, son lugares privilegiados para mostrar estos estereotipos sexistas, emergiendo como máquinas de creación de sensaciones, de perceptos, de miradas que no ven más que bajo la resignación de lo dado, con ojos que desigualan tomando una expresión de J. Rancière, y de este modo, producen redundancias significativas que están asociadas a conformismo, cosificación, banalidad y uniformidad de opiniones que cristalizan en significantes de poder.

Pensando en los sustentos meta-narrativos de la imagen, acudí a un relato de Heródoto, que también, es citado por J. Rancière en su obra “El desacuerdo”, el que contiene figuras alegóricas que nos ayudan a analizar la imagen referida.

El referido, es un relato que nos llega de los tiempos de las expediciones que realizaban los Medos y Persas por la antigua Babilonia. Fue escrito por el famoso historiador de la antigüedad, Heródoto y trata sobre la revuelta de los esclavos de los escitas.  El escita era un pueblo reconocido por sus habilidades expertas en el uso del arco y la ballesta, y constituía una sociedad bastante cerrada, caracterizada por el binarismo guerreros o esclavos. Cuenta Heródoto que los escitas, tenían por costumbre vaciar los ojos de los sujetos a los que harían esclavos, porque de esa manera, decían, éstos cumplirían con mayor eficiencia con sus labores, de las cuales se destacaba el ordeñe de las vacas y revolver la leche para sus amos.

Pero en determinado momento, los guerreros escitas tuvieron que ir a la guerra por varios años y sus mujeres, cansadas de esperarlos, se unieron a sus esclavos, con los que tuvieron hijos que “nacieron y crecieron con los ojos abiertos”. A partir de este hecho, esos niños crecieron con una nueva forma de ver el mundo y ya no encontraron motivos para tener que seguir siendo esclavos, ya que ellos, esta nueva generación, tenía todos sus bio-atributos igual que sus amos.

En ausencia de los guerreros, los jóvenes esclavos tomaron la ciudad y esperaron a la llegada de sus amos, para hacerles frente de igual a igual. Su razón les hizo creer que eran sus iguales…

En medio de la batalla, uno de los guerreros escitas exhortó a sus compañeros:

“Soy de la opinión de que dejemos aquí nuestras lanzas y nuestros arcos y que los abordemos llevando en las manos el látigo con que azuzamos a nuestros caballos y de este modo, con látigo en mano avancemos hacia ellos, pues en tanto que nos vean con las armas en la mano se tendrán aquellos bastardos miserables por tan buenos y bien nacidos como nosotros sus amos. Pero cuando nos vieren armados con el azote en vez de lanza, recordarán que son nuestros esclavos y corridos de sí mismos, se entregarán todos a la fuga”

 

Cuenta Heródoto que una vez que los escitas hicieron esto, los jóvenes que tomaron la ciudad, por miedo a los azotes, dejaron de pelear y se dieron a la fuga.

 

Esto nos hace pensar que el arma con que nuestro enemigo nos derrota, con la que el poder nos esclaviza, no está sólo en la mano del amo, sino que se ha construido un lugar dinámico en nuestra psique. La habilidad del amo está en saber usar la estrategia adecuada para que, en el momento adecuado, el símbolo que nos sujeta se haga presente y visible y se anude a significantes que producen sumisión y sujeción.

¿Cómo cambiar las variables de esta sujeción aprendida?

Igualación material no implica igualación psicológica. El látigo, para los escitas, era la insignia, el símbolo de la diferencia que mantenía a raya a los esclavos en su lugar.

La mano de Tinelli en la pierna de la bailarina, y su gesto de V de la victoria con su otra mano, representa, el símbolo de la sujeción de la mujer, por un lado, pero también,  es un gesto que pretende mostrar la desigualacion de condiciones, el borramiento de los lugares comunes, que pretende enviar el mensaje, tal como lo hicieron los guerreros  escitas, al dejar las armas que los igualaban a sus esclavos y tomar-mostrar el látigo; La mano de Tinelli sujetando la pierna de la mujer, al igual que el látigo de los escitas, envía un  mensaje efectivo: te poseo, te inmovilizo, te cosifico, te borro como sujeto, te mutilo, no tienes rostro, no tienes nombre…, no quieras tener voz igualándote a mí, porque te “borro”.

Las mujeres-objeto de Tinelli, son mujeres sin logos, sin inscripción simbólica que les reconozca voz. Son puro cuerpo y por lo tanto, esto las hace más vulnerables al manoseo físico y psicológico, a la violentación de su identidad; quedan sometidas a la servidumbre de escaparate, de objeto a ser exhibido y manipulado por las lógicas sexuales.

De este modo, esta imagen que tiene su origen en prácticas llevadas a cabo en programas de televisión de consumo masivo, proveerían de materia prima semiótica, para abonar la violencia de género, por una parte, pero también, (por suerte), bocetar líneas de fuga que permitan construir resistencia, promover pensamiento crítico y emancipatorio.

Reflexiones y más interrogantes

Me pregunto con F. Guattari:

¿cómo hacer para que esos cuerpos produzcan desacatos?

¿Cómo construir agenciamientos colectivos de deseo al interior del tejido social que corroan las estructuras normópatas y permitan emergen otros reales posibles emancipatorios?

¿Cómo hacer advenir otros posibles en una economía neoliberal, en un sistema capitalista que se caracteriza por cultivar los valores y prácticas de la individualidad y el consumo, y desarrollar sofisticadas estrategias de llenado de nuestros huecos simbólicos con objetos materiales u objetos simbólicos que fragmentan y vulnerabilizan, aún más, nuestra subjetividad e identidad?

“¿Y cómo no sentir, a lo largo de la ruta, la realidad sensible del concepto?

Jacques Rancière, 1991

 Prof.Silvia Pérez Fonticiella.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA.

 

Fernández, Ana M., (2014), Las lógicas sexuales: amor, política y violencias. Buenos Aires, Nueva Visión.

Fernández, Ana M., (2007), Las lógicas colectivas. Buenos Aires, Editorial Biblos.

Deleuze, G., (2014), El Poder. Curso sobre Foucault Tomo II, Buenos Aires, Cactus.

Deleuze, F., (2005), La Isla desierta y otros textos, España, Editorial Pre-Textos.

Guattari, F., (2013), Líneas de fuga. Por otro mundo de posibles. Buenos Aires. Cactus.

Guattari, F. (2015) ¿Qué es la Ecosofía?, Buenos Aires, Cactus

Heródoto de Halicarnaso, Los nueve libros de la historia, Libro IV Melpómene. Versión para eBook: eBooksBrasil GNU Free Documentation:www.gnu.org/copyleft/fdl.html

Rancière, J., (2014), El reparto de lo sensible Buenos Aires, Prometeo.

Rancière, J., (2007) El desacuerdo. Política y Filosofía, Buenos Aires, Nueva Visión.

 

 

 

Autor: IINNUAR INVESTIGACION DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO PSICOPEDAGOGÍA, NEUROPSICOLOGÍA, PSICOLOGIA, PSICOSOCIOLOGIA, NEUROLOGÍA

Diagnóstico , Tratamientos, Clínica individual e institucional : Neuropsicología - Psicopedagogía. Sociología clinica- Neurología - Consultoría Capacitación profesional Interconsulta y Supervisiones de Casos Clínicos . Asesoramiento y dirección de Tesis - Especialistas en aplicacion de NTics a la Educación. Cambridge Teaching with ICT award Investigación Consultoria Diagnóstico Tratamientos Evaluación Neuropsicológica - Estimulación Cognitiva Consultorio presencial y on-line

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