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El nuevo paradigma educativo. Por Jorge Benito.

Mientras nuestra realidad global se tambalea, pareciera que no disponemos de los medios para hacer frente a los desafíos medioambientales, sociales, políticos, financieros, morales y espirituales que se nos presentan. Una nueva educación se antoja fundamental si queremos sentar las bases de la sociedad armónica que todos anhelamos.

La educación hoy

“Si el propósito del aprendizaje es sacar una buena puntuación en un examen, hemos perdido de vista el verdadero motivo del aprendizaje.” – Jeannie Fulbright

Esta cita pone de relieve una triste realidad. El sistema tradicional de calificaciones y evaluaciones entraña graves consecuencias para los educandos: los niveles de estrés, desconfianza, miedo y ansiedad a los que sometemos a los estudiantes, sobre todo en sus fases de desarrollo más tempranas, suponen un peligro para su equilibrio emocional, mental, físico, anímico y espiritual. Se educa no para la sabiduría, la comprensión y el análisis crítico de la realidad, sino para dar la talla en pruebas de dudosa validez.

Se trata de una educación carente de humanidad. Una educación en la que las escuelas no están al servicio de las niñas y los niños, sino más bien todo lo contrario. Una educación orientada al cumplimiento de objetivos deshumanizados y carentes de ética y moral. El estudiante debe encajar en un sistema basado en una visión adulta de la realidad que no tiene en cuenta sus necesidades. Esto ha generado problemas terribles, como los trastornos de déficit de atención, que en palabras del gran Claudio Naranjo “son una respuesta sana a una educación insana”.

No existe en la educación tradicional una voluntad de desarrollo íntegro. Solamente será reforzado aquello que favorezca la perpetuación de un sistema que todavía nos afanamos en llamar, vaya usted a saber por qué, democrático.

La única solución posible a los graves problemas de nuestro turbulento mundo moderno es atender firmemente a una de las áreas más abandonadas por todas y todos: la educación. Pero parece como si a nadie le interesara la educación: las administraciones públicas la ningunean, muchos maestros no muestran voluntad de crecimiento ni pasión por su profesión, los alumnos no se sienten involucrados en la vida escolar más allá de lo que se ven obligados a realizar y las familias se desentienden de todo como si nada tuviera que ver con ellos. ¿Cuál es el problema de fondo, entonces?

Podemos decir que se trata de una enfermedad que se ha transmitido desde todos los frentes institucionales, sociales, culturales y familiares de nuestra sociedad. La violencia, el crimen, la delincuencia y la impunidad han puesto en marcha un engranaje difícil de detener, pues son demasiado fuertes los intereses que tratan de perpetuarlo. Cuanta mayor sea la ignorancia, mayores posibilidades de seguir alimentando este engranaje, con los consecuentes beneficios (dinero y poder) repartidos entre las castas dominantes; la educación, que es el catalizador para el cambio, debe ser ninguneada. De lo contrario, amenaza con transformar el borreguismo en independencia, libertad y empoderamiento. La salud de la educación es tan desgraciada porque interesa que así sea.

Les recomiendo la lectura de esta entrevista a Nuccio Ordine, gran experto en Giordano Bruno, en la que convoca a los grandes pensadores de todas las épocas para manifestarse contra la destrucción de la educación y la cultura por parte de los políticos y de nuestra capacidad de reacción. El autor afirma que “todos los ámbitos de nuestra vida están contaminados por la idea del beneficio y del lucro. Ya no educamos a las nuevas generaciones en el amor por el bien común, por el desinterés, por lo gratuito. Los educamos al revés, en el amor al dinero, a lo útil, al beneficio personal”.

El nuevo paradigma educativo

“Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil.”

Y así lo han venido demostrando gran cantidad de eruditos, entre los que destaca Sir Ken Robinson. En su tesis otorga especial importancia a la imaginación, la creatividad, la diversidad, el error como base para el crecimiento, y sobre todo el amor por lo que hacemos. “La gente produce lo mejor cuando hace cosas que ama, cuando está en “su elemento”. Cada individuo debe buscar “su elemento”, es decir, debe ser capaz de encontrar por sí mismo o mediante la ayuda de otros sus aptitudes, sus pasiones, sus actitudes y sus oportunidades. Tenemos la obligación de descubrir qué se nos da bien y qué nos encanta hacer”, afirma el autor. “Los niños son creativos y no les importa equivocarse, se atreven hasta con lo desconocido y luego siguen a otra cosa. Pero el sistema educativo no admite el error. Todo el sistema está basado en la prohibición y la corrección del error. Confundimos educar con domar y condicionar. Educamos en un sistema que tiene miedo a la libertad, prohíbe el error y mata la creatividad.”

Necesitamos una pedagogía en la que podamos crear a lo largo de nuestra vida estudiantil capacidades para desenvolvernos en la sociedad de forma más humana, equilibrada y creativa. Una enseñanza holística que promueva el desarrollo completo de individuos libres, pensantes, que poseen capacidades creativas necesarias para la vida práctica. Necesitamos también familias que participen activamente en la formación de sus hijas e hijos (Alejandro Jodorowsky afirma que la educación comienza por enseñar a los padres a ser padres), y equipos docentes formados por personas que aman profundamente su trabajo y más profundamente aún a los niños para los que trabajan, pues es por y para ellos que deben manifestar este impulso divino. Solo así los estudiantes mostrarán un interés genuino por el aprendizaje al reconocer este entusiasmo en sus modelos (padres y maestros); con una experiencia académica plagada de armonía, belleza (¡belleza!), atención, solidaridad y comprensión, los conocimientos transmitidos serán asimilados más profundamente.

Google, la mayor y más influyente empresa del mundo, ha modificado recientemente sus métodos de selección de personal. Sus amplios estudios y recopilaciones de datos (y en esto no hay nadie más experto que ellos) han concluido que la nota final de primaria, secundaria, básico o universidad no tiene ninguna relación con el tipo de empleado que el individuo será en el futuro. Lo que prevalece es la voluntad, la pasión, el esfuerzo, la entrega, el trabajo en equipo y sobre todo la confianza en uno mismo. Traten de deducir ahora por qué los ejecutivos de Google, Microsoft u otros gigantes tecnológicos tienen a sus hijos en escuelas Waldorf.

La figura de la maestra o maestro

“Lo primero que influye es la personalidad del educador; lo segundo, su manera de obrar; sólo en tercer lugar, lo que dice.” – Rudolf Steiner

La verdadera tarea del maestro es saber reconocer y honrar las capacidades innatas de la niña y el niño para poder potenciarlas. Esto genera satisfacción y alegría, de modo que estas niñas y niños felices ya no sienten la censura de una sociedad fría que parece no tenerles en cuenta.

Es imposible concebir el educar de verdad sin amor. Ese mismo amor lleva al maestro a la búsqueda de su propia superación para tener un mayor espectro que ofrecer al alumno y poder despertar en él su más alto potencial. Ser educador requiere una gran conciencia de sí mismo, pues inevitablemente se convertirá en un referente digno de ser imitado. El maestro, consciente de esta responsabilidad, la asume y la hace suya como base para su propio crecimiento personal. Debe centrarse no solamente en lo que hace, sino también en lo que es.

En esta misma línea, se exige un maestro no autoritario, no impositivo; sino uno que posea una autoridad cedida por el alumno; ya sea por amor o admiración. La autoridad del maestro no viene con el cargo. Un maestro verdadero debe ganarse su autoridad.

La transmisión de conocimientos es parte vital de la educación, en eso parecemos estar todos de acuerdo. La forma, sin embargo, es lo que nos divide. Contar historias es, en este sentido, fundamental, mucho más que memorizar datos compulsivamente. Al escuchar una historia, el cerebro activa las mismas partes que cuando experimenta algo. Una buena maestra o maestro deberá ser un contador de historias excepcional.

A pesar de que todos somos contadores de historias natos, no es tan sencillo transmitir una buena historia. Ofrecer información trascendente a nuestra audiencia y causar un impacto positivo no es tarea fácil. Debemos conjugar sabiamente piezas tan importantes como hechos concretos, emociones sugeridas y valores transmitidos. ¿Cómo convertirnos entonces en buenos contadores de historias? La respuesta puede parecer irónica, pero muchos expertos apuntan en esta dirección: debemos convertirnos primero en buenos receptores de historias. Debemos aprender a escuchar historias, lo cual no es para nada tan simple como pudiera parecer, pues se nos da mejor oír historias que escucharlas.

Aprender a escuchar nuestras propias historias sería un paso apropiado. Un maestro debería ser un ejemplo de individuo que ha aprendido a prestar cuidadosa atención a lo que suele decirse a sí mismo, a las historias que acostumbra a contarse, y plantearse si son útiles para su propio desarrollo y el de los alumnos que decidió libremente acompañar.

Conclusión

“La Divinidad duerme en las rocas, respira en las plantas, sueña en los animales y se despierta en los seres humanos”Proverbio Hindú

Se nos antoja imperativo cambiar nuestra visión de la educación para asegurar una sociedad libre de los estigmas que nos afectan. Necesitamos el compromiso de maestras y maestros, familias, instituciones y gobiernos que reconozcan la chispa divina que mora en el interior de cada niña y cada niño. Debemos honrar, potenciar y proteger esta luz. La responsabilidad, como siempre, es de todos y cada uno de nosotros. Hagamos que lo recibido en la escuela no se diluya en el hogar, y viceversa. Hagámoslo entre todos. Necesitamos, más que nunca, “seres humanos libres capaces por sí mismos de impartir propósito y dirección a sus vidas” (Rudolf Steiner).

  • Autor: Jorge Benito
  • Muchas gracias por compartir tan buenas reflexiones Jorge !!
  • Puedes visitar su Blog en: http://www.elgnomoix.com/pedagogia-waldorf/el-nuevo-paradigma-educativo/

LOS NIÑOS CON MAYOR INTELIGENCIA EMOCIONAL SE CONCENTRAN MEJOR

Los niños con más capacidad para entender las emociones tienen también menos problemas de atención.

niño feliz

http://www.tendencias21.net/Los-ninos-con-mayor-inteligencia-emocional-se-concentran-mejor_a40763.html?TOKEN_RETURN

ESE GRAN DESCONOCIDO… LO FAMILIAR…

NIÑA JUEGO MUÑECAS

Señalaba Hegel, ” Lo familiar no por ello nos es conocido”, y esta frase bien la podemos aplicar al niño.  Desde muchas disciplinas y prácticas humanas se lo mira al niño, cada una,  procura atrapar un trozo de su realidad y realiza interpretaciones de acuerdo a sus cimientos teóricos, y los objetivos a que responde. Pero si de pronto alguien nos pregunta rápidamente…

¿Qué es un niño?, seguramente nos tomaremos algunos segundos o minutos para responder. Una cascada de pensamientos se deslizará por nuestra mente… ¿desde dónde responder esa pregunta? , ¿Desde lo biológico, desde lo afectivo, desde lo social, desde lo psicológico?

Las investigaciones en Neurociencia Cognitiva, han aportado evidencia científica que los estados emocionales y procesos cognitivos que sustentan al aprendizaje,  (memoria, atención, lenguaje, entre otros), tienen  una base biológica, lo que implica que  cada profesional, cada educador, no debe poner el acento sólo en lo que el alumno no puede, mirando desde paradigmas más tradicionales, sino que debe actualizarse y conocer cuáles son los mecanismos genéticos y neurofuncionales básicos que subyacen al aprendizaje, de modo de desarrollar estrategias didácticas que contemplen la forma en que nuestro cerebro “aprende”, procesa  información y modela formas de respuestas cognitivas y afectivas, frente a los desafíos y conflictos que le presenta el mundo exterior, ya sea en situaciones controladas de aprendizaje formal o en espacios extracurriculares.

    Por eso es muy pertinente la cita de Hegel, porque aquello que nos parece tan cercano, tan cotidiano, no por ello deja de tener complejas dimensiones, lo cotidiano nos cuestiona, nos interpela, nos obliga a seguir estudiando,  a darnos cuenta que en nuestro complejo mundo actual, donde cada vez hay menos mojones de certezas, ya no podemos dar respuestas al ser humano  parados en una sola ciencia, disciplina, o práctica, sin caer inevitablemente en el terreno de la  doxa.

“La sabiduría del niño se expresa en sutiles palabras. ¡Qué pocos son los que pueden comprender su sentido! Si no habla, es que tiene sus razones.” Nos explica Rabindranath Tagore, y cuánto valoraba Freud, la voz de los poetas y escritores.

Sin intentar dar una definición de un ser tan complejo, podemos pensar algunas ideas. Por ejemplo, que el niño es un ser humano cuya especificidad está en la acción, en un movimiento creador de previsibles e imprevisibles novedades, como diría el poeta Paul Valéry. Podemos hablar de previsibilidad, porque como lo estudió Piaget, el niño alternará estadios sucesivos de estructuraciones ordenadas de sus funciones intelectuales y afectivas, de sistemas de acción y representación. Pero también hablaremos de imprevisibilidad,  y creo que aquí está una clave muy importante para comprender al niño; hay un dinamismo creador del psiquismo, hay un potencial cognitivo y afectivo  que excede nuestras previsiones y que toma formas muy particulares dentro de cada pequeño sujeto. Cada niño , investirá representaciones , con una determinada carga afectiva, con determinada energía libidinal, y des-investirá otras; hará “elecciones”, seleccionará a qué atender y a qué no, y todo esto estará co-determinado, no sólo por sus aptitudes , por su código genético, por su particular cableado neuronal, sino también por su inconsciente, y por toda una herencia cultural y generacional.

Tanto la sociedad como la familia canalizan deseos, imponen prohibiciones, proponen ideales y modelos de identificación que van conformando un ethos social que se hace parte del entramado de la personalidad. Las sucesivas generaciones inscriben sus huellas en cada uno de los miembros de una familia, modos de vida, modos de afrontamiento de los conflictos , modos de interrogarse por quiénes son, formas de circulación de la información, de lo que se dice y de lo que no se dice, paradigmas científicos, costumbres y valoraciones.

Por lo anteriormente expuesto, sostenemos que responder a la pregunta ¿Qué es un niño?, sólo puede realizarse desde una postura de multidisciplinariedad y esencialmente de des-rotulación,  que aborde los diferentes avatares de un sujeto histórico, neuroplástico, un ser que se “narra” con otros, y cuya característica destacada , es la imprevisibilidad, la sorpresa, la posibilidad de vencer sus propios  récords sin necesidad de tener que compararse a tipos ideales, la posibilidad de ser autor y lector de su propia historia de vida.

“Nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos”  E. Galeano

Prof.   Silvia Pérez Fonticiella.
Li.c en Psicología y Psicopedagogía
MP: P-12-4061
Ing en Sistemas.
Esp. Neuropsicología
Consultora en Neurociencia cognitiva.
IINNUAR