¡PADRES BAJO SOSPECHA! CUANDO EL SÍNDROME DE MUNCHAUSEN SE VINCULA CON LA EPILEPSIA – Por Silvia Pérez Fonticiella

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El síndrome de Munchausen por poderes es una forma poco habitual de maltrato infantil, descripto en el año 1977 por el pediatra británico Sir Samuel Roy Meadow. En este síndrome, el niño es víctima por parte de uno o de ambos padres o cuidadores, de una repetida simulación o provocación de síntomas que exigen permanentes controles médicos y tratamientos así como procedimientos diagnósticos habitualmente invasivos e igualmente nocivos para el niño.

Es necesario diferenciar bien, entre los síntomas de  conducta simulada, con los que caracterizan al síndrome de Munchausen. Las personas con síndrome de Munchausen no tienen como motivación la búsqueda de compensaciones económicas, mientras que los “simuladores” lo hacen, por ejemplo, para para obtener una pensión por discapacidad o tener fácilmente a su alcance prescripciones de drogas; según mi perspectiva, estudios y experiencia clínica, el móvil de los  sujetos con Munchausen tiene componentes inconscientes vinculados al deseo de ejercer poder, de experimentar el control total sobre el otro. Algunos investigadores piensan que el móvil está en la búsqueda de atención, en el protagonismo que adquiere ese padre o madre que se muestra tan “dedicado” a su hijo. Para los profesionales de la Psicología que nos interesa reflexionar sobre la base inconsciente de este síndrome creo que la lectura de las obras de Melanie Klein y su minuciosa descripción de las ansiedades tempranas en los vínculos madre-hijo, especialmente los desbordantes y masivos sentimientos de envidia, agresividad, apoderamiento, que se producen en los intercambios de la díada, pueden resultar importantes para ayudarnos a pensar y comprender mejor este fenómeno en cada caso clínico.

Cuando el profesional de la salud entrevista a los padres, uno de los síntomas que aparece argumentado en forma más frecuente ,en relación con Munchausen, es el de  las crisis convulsivas ; creo que este relato deliberadamente induce al error, con el fin de insinuar que la sintomatología es de origen epiléptico. Ante la complejidad y variabilidad que presentan los fenómenos epilépticos y su diagnóstico, la Epilepsia resulta una patología elegida por estos padres antes descriptos, quienes intentan que sus niños sean erróneamente diagnosticados como epilépticos.  Fernández Jaen, Castroviejo y colaboradores, describen la situación en un paciente de 8 años,  de esta manera:

. “Los fenómenos críticos pueden ser fácilmente inventados o inducidos por cualquiera de los padres. Para la provocación de estas crisis se han realizado distintas maniobras recogidas en la literatura científica: sofocación, presión en el seno carotídeo, intoxicación con fenotiacinas, antidepresivos tricíclicos , cloruro sódico…. Al no existir datos objetivables –analíticos, radiológicos o neurofisiológicos–, que permitan rechazar de forma absoluta el diagnóstico de epilepsia, el médico puede ser conducido a un diagnóstico erróneo por una historia clínica bien construida por el padre perpetrador. El manejo y diagnóstico final se hace aún más difícil cuando el paciente ha presentado o presenta de forma ocasional crisis convulsivas reales que se alternan con crisis ficticias frecuentes. Sin embargo, el SMPP es una de las causas que debe descartarse ante la sospecha de epilepsia refractaria al tratamiento “

Munchausen es un síndrome de difícil diagnóstico que desafía a la Medicina y a la Psicología Forense y que requiere de importante experiencia clínica para su detección y manejo por parte de los profesionales involucrados, y una sólida colaboración y postura científica y ética entre los miembros del equipo que atiende el caso. Hay referencias en la bibliografía sobre el tema, sobre graves errores en los que se  manejaron casos de muerte súbita del lactante como “asesinatos” aduciendo síndrome de Munchausen de los progenitores. Se generó una especie de “casa de brujas” por parte del colectivo médico hacia los padres, de familias en las que se producían más de una muerte  súbita basados en la aplicación ortodoxa de las palabras de Meadow, quien sentenció:  “…la muerte súbita de un niño en una familia es una tragedia, dos muertes son sospechosas, tres son asesinatos, hasta que se demuestre lo contrario”. (Meadow: El ABC del maltrato infantil, 1997)

Uno de los mayores problemas que enfrentan los clínicos es que se cuentan con pocos datos sobre su incidencia o prevalencia real.

Como inferirán, es fundamental poder hacer un diagnóstico precoz de esta patología, que lleva a una elevada morbilidad y mortalidad de los niños que han sido objeto de esta forma de malos tratos infantiles

Meadow, pudo reunir algunos indicadores comunes en la presentación de este sindrome, que pueden tomarse como señales de alarma de estar ante la presencia del síndrome de Munchausen por poderes

  1. El padecimiento del niño impresiona como una enfermedad inexplicable y prolongada que confunde al colectivo médico.
  2. Síntomas y signos inapropiados o incongruentes, que están presentes especialmente cuando está la madre.
  3. Historial de Tratamientos que han resultado infructuosos o que han sido mal tolerados. La madre informa que el medicamento le hizo mal; en otros casos el profesional observa que a pesar de la medicación no hay resultados efectivos.
  4. La madre informa que su hijo no puede comer algunas comidas, ella aduce que padece de alergia a algunos alimentos, esto es una forma de justificar, el bajo peso, la desnutrición, la anemia, la insuficiencia de determinados componentes necesarios para el organismo que aparecen con valores muy bajos en los estudios de sangre y orina que se le realizan al niño.

5.Las madres  impresionan como “super” madres, que lo hiper cuidan, que son hiper presentes  a los ojos de las enfermeras y médicos que los tratan; en general no quieren apartarse de la cama del niño,  pero paradójicamente, no se las observa angustiadas o preocupadas por la enfermedad que puede presentar su hijo.

  1. Se han observado varios casos en familias en las cuales han ocurrido muertes infantiles inexplicadas, imaginen lo complejo que resulta detectar el deceso de un niño por muerte súbita o por muerte inducida de algún modo o por falta de cuidados; en la clínica hemos visto algún caso donde los padres le retiran la medicación antiepiléptica como forma que el niño continúe presentando convulsiones y estando en la categoría de “enfermo”; también los especialistas han encontrado casos en familias con muchos miembros a los que se les atribuyen trastornos graves y diferentes. Ahí el discurso de la madre o padre, se centra por ejemplo en expresiones como: “es igual que lo que le pasaba a mi papá”; “en mi familia todos tenemos problemas si comemos verduras…” ; él nunca pudo viajar en colectivo porque vomita igual que le pasaba a mi hermano…”. En otros casos, entendidos como Epilepsia, en que los médicos no constatan eficacia de la medicación, debido a que los padres han alterado de alguna forma la dosificación, se los diagnostica como Epilepsia Refractaria y toda esta serie de sucesos desafortunados,  provocados, deteriora aún más el inestable bienestar del niño.

Debido a que las investigaciones de estudio de casos han mostrado un elevado número en los que se vinculan Epilepsia y sindrome de Munchausen, donde se han podido constatar la presencia de señales de alarma que describio Meadow, algunos investigadores proponen que es necesario considerar la posibilidad de SMPP como un diagnostico diferencial de Epilepsia.

El pronóstico a nivel biológico, psicológico y social de los niños maltratados, especialmente sometidos a través de este síndrome, es desfavorable. Hay que tener en cuenta, que tanto se les retira la medicación recetada por su médico, como se le suministran por cuenta de los progenitores medicamentos o sustancias que empeoran su situación. Todo esto lleva a que se produzca una elevada mortalidad o secuelas psicológicas en los pacientes que persisten en diferentes grados y formas en la adultez. Se han constatado alteraciones comportamentales y emocionales importantes,  en diferentes dimensiones de la vida adulta de los niños que fueron maltratados por este síndrome, y en muchos de los casos se pudo constatar cómo estas personas repetían el  maltrato del que fueron objeto en su infancia,  bajo la forma del síndrome de Munchausen hacia sus propios hijos.

 Prof. Neuropsicóloga Silvia Pérez Fonticiella.

Consultora en Neurociencia Cognitiva.

PEDAGOGÍA CRÍTICA: La Educación artística no es “Manualidades” ni la Educación Digital es un “power point”

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Hay una pedagogía que cae en la tierra y fructifica. Como la buena semilla, toma de la tierra, del agua y del sol el alimento y crece hasta convertirse en un robusto árbol bajo cuyas ramas nos cobijamos y crecemos: es una pedagogía orgánica. Sin embargo, hay otra pedagogía que envenena la tierra y cuyos frutos no tienen sabor ni son sanos para el ser humano: es la pedagogía tóxica y sus raíces se extienden por todas las materias y ámbitos del sistema educativo. María Acaso la detectó en la educación artística pero en la educación digital también hay pedagogía tóxica.

María Acaso describe en su libro La educación artística no son manualidades (2009, Los Libros de la Catarata) la pedagogía tóxica. Según María Acaso la pedagogía tóxica “tiene como objetivo fundamental el que nunca lleguemos a estar educados” porque esta es una “metodología educativa que parece que educa pero que, en realidad, deseduca; que parece que nos hace libres, pero sólo nos hace libres para comprar; que parece que es beneficiosa, pero resulta letal para el conocimiento crítico”.

En el terreno práctico la pedagogía tóxica se caracteriza por ser “un modelo educativo que tiene como objetivos: a) que los estudiantes formen su cuerpo de conocimientos a través del conocimiento importado (metanarrativas) y b) sean incapaces de generar conocimiento propio.” Para ello la pedagogía tóxica se apoya en los siguientes puntos básicos:

  • “Los contenidos de enseñanza se seleccionan sin tener en cuenta los intereses de los estudiantes… Es un contenido desvitalizado”.
  • “La clave metodológica de la Pedagogía Tóxica son las metodologías monológicas donde no interesa la participación del estudiante”.
  • “Los procesos de evaluación se convierten en el verdadero eje central del modelo al utilizar las calificaciones como arma mediante la cual se reproduce un clima angustioso que fomenta la competitividad por el único objetivo que le interesa al estudiante: la calificación máxima. Todo esto crea una alta competitividad que relega a la mayoría y hace sobresalir a una minoría.” Además, “la evaluación sólo se dirige en una dirección. El fracaso educativo sólo corresponde al participante, nunca al profesor. Los procesos de evaluación son sumativos y de resultados, nunca continuos y del proceso”.

Estos procedimientos metodológicos son asumidos de manera tácita pues, como afirma María Acaso, “la característica más notable de la Pedagogía Tóxica es que opera de manera velada, escondida, que está agazapada.” Es más, “uno de los grandes logros de la pedagogía tóxica es que consigue que no nos cuestionemos el sistema y que lo aceptemos sin reflexión.” Como se pregunta María al comienzo del libro, “¿cómo puede ser que la mayoría de los profesores enseñen de la misma forma con la que han sido enseñados aun cuando literalmente aborrezcan de dicho sistema?”

Finalmente, el logro fundamental de la Pedagogía Tóxica es la deseducación. En el libro del mismo nombre (La (des)educación, Crítica, 2001), Noam Chomsky y Donaldo Macedo dialogan sobre educación, democracia, los mercados y otros asuntos de similar importancia. En ese diálogo, Chomsky le dice a Donaldo Macedo (pg. 29) que a los estudiantes

  • “no hay que verlos como un simple auditorio, sino como elemento integrante de la comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente. Es decir, no debemos hablar a, sino hablar con. Eso es ya instintivo en los buenos maestros, y debería serlo en cualquier escritor o intelectual. Los estudiantes no aprenden por una mera transferencia de conocimientos, que se engulla con el aprendizaje memorístico y después se vomite. El aprendizaje verdadero, en efecto, tiene que ver con descubrir la verdad, no con la imposición de una verdad oficial“.

María Acaso (2009: 44), para acabar, lo expone en términos similares:

  • “La consolidación de la Pedagogía Tóxica conlleva el auge de una pedagogía de la repetición, donde los destinatarios de los procesos educativos repiten los conocimientos que les son transmitidos sin reflexionar sobre ellos, sin repensar, sin deconstruir, sin criticar, sin pensar”.

Las TIC, la Pedagogía Tóxica y la Pedagogía Orgánica

Las TIC pueden también entrar dentro del ámbito de la Pedagogía Tóxica. Por un lado, como explica María Acaso, por desuso: “Las tecnologías no se usan en los contextos educativos porque, claro está, se aprende más a través de ellas. Y ya sabemos que en esta vaina de la pedagogía tóxica, lo que se pretende es NO APRENDER”. Puede que en esta afirmación haya algo de simplificación y sean muchas otras las razones por las cuales no se usan las tecnologías (problemas de infraestructura incluidos) pero, en todo caso, no usar las tecnologías hoy en día es, en definitiva y sea de quien sea la responsabilidad, una apuesta por un no-aprendizaje, aunque hagamos solo referencia al aprendizaje y el desarrollo de competencias vinculadas con el uso de las estas tecnologías.

Sin embargo, hay un uso de las tecnologías que también entra dentro del ámbito de la Pedagogía Tóxica y que coincide con los “puntos básicos” antes citados: cuando usamos las tecnologías para la memorización, para la automatización, sin permitir espacios de libertad, de creación y de descubrimiento, sin generar diálogo y comunicación, sin explorar los límites del aprendizaje visible y sin adentrarnos en los territorios imprevisibles del aprendizaje invisible y la educación expandida, cuando las tecnologías sirven al estudiante simplemente para reforzar aprendizajes ocurridos previamente en el aula y en la interacción exclusiva con el docente o el libro de texto, entonces las tecnologías son aliadas de la Pedagogía Tóxica.

Por otro lado, cuando las tecnologías sirven para realizar un aprendizaje vivo y no destinado a la evaluación reproductiva, entonces las tecnologías son parte de la Pedagogía Orgánica.

Frente a la Pedagogía Tóxica, la Pedagogía Orgánica se basa en tres claves fundamentales:

  • la pertinencia de los objetivos, el interés de los contenidos y el valor de las prácticas de aprendizaje desde la perspectiva de los estudiantes;
  • la apuesta decidida por metodologías dialógicas, basadas en la comunicación y en el descubrimiento compartido;
  • la evaluación para el aprendizaje, dinámica, procesual.

Y esta Pedagogía Orgánica no es un desiderátum. Permitidme algunos ejemplos: el Centro de Experimentación Didáctica de José Francisco Murillo y Miguel Sola, en la Universidad de Málaga, es un ejemplo de Pedagogía Orgánica aplicado en el difícil contexto de la universidad (sí, difícil, a veces incluso más difícil que la propia escuela). Por otro lado, proyectos como Radio Híbrido, comentado por Pablo Bongiovanni, o los “imprescindibles” de mis amigas de Bloggeando son, entre muchos otros citados aquí en Educ@conTIC, ejemplos de Pedagogía Orgánica en la educación obligatoria. La Pedagogía Orgánica ya está aquí y las tecnologías sirven para que eche raíces con fuerza en nuestra escuela.

En este sentido, la Pedagogía Orgánica no es solo una auténtica educación para el alumnado sino que también es un movimiento de liberación del profesorado. Frente a la tiranía de un currículo cerrado, un libro de texto que pretende hacer nuestro trabajo, una evaluación que nos convierte exclusivamente encorrectores y no en guías para el aprendizaje, la Pedagogía Orgánica permite imaginar, permite dialogar con los compañeros y compañeras, compartir estrategias, diseñar juntos y construir, entre todos, una escuela donde la fruta que crezca no esté envenenada sino que sea jugosa y alimenticia.

Así pues, ahora que comienza un nuevo curso, que la tierra está preparada, ahora que estamos a punto de empezar nuestro trabajo, ¿qué prefieres cultivar, Pedagogía Tóxica o Pedagogía Orgánica? Ángel Gabilondo, en su libro Darse a la lectura, nos dice que “leer es elegir”. Pues bien, enseñar es también elegir: ¿qué eliges tú?

¿QUÉ APORTAN EL BOLETÍN Y LAS TAREAS DOMICILIARIAS AL APRENDIZAJE ESCOLAR? Por Mario Valdez

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Mucho se ha escrito e investigado sobre el aporte de diferentes dispositivos fuertemente instituidos en el sistema escolar desde hace bastante tiempo. Todos, seguramente han logrado identidad social por la tradición pero también una legitimidad cuidadosamente elaborada por las instituciones educativas y sostenida por los diferentes actores, dado que cada cual recibe con ellos algún beneficio; me refiero, en este caso, no a los métodos pedagógicos, no a la creatividad didáctica, tampoco a la labor docente ni a las tics, sino a dispositivos arcaicos y siempre vigentes como el boletín de calificaciones y las tareas domiciliarias. Surgen entonces algunas preguntas: ¿Qué aportan al aprendizaje escolar?; ¿Quién se beneficia con su peso instituido?; ¿Qué significan para el niño o adolescente?; ¿Sería imaginable su sustitución por otro dispositivo?

El boletín escolar:

El boletín otorga legitimidad a la labor de la escuela durante los ciclos lectivos, como así lo corroboran los infaltables y abundantes sellos que la completan; allí nos encontramos con números o letras que “determinan” el estado del alumno en el período, situación refrendada por la docente que hará una síntesis minimalista con sugerencias que respaldan las calificaciones propiamente dichas. También podrá verse en ese documento una valoración de la conducta, calificación que lleva implícita la intención de derivar en los padres la responsabilidad de modificar a futuro las falencias conductuales, que el niño lleva a la escuela como consecuencia, siempre, de “falta de límites o problemas de educación que corresponden al seno familiar o contextual”; esto derivará en una aceptación culposa de los padres, quienes se verán impelidos a tomar medidas severas sobre el niño, con el fin de mejorar esa calificación en el próximo período, ya que de otra manera son ellos mismos quienes se sentirán juzgados por el sistema y exhibidos públicamente como padres sin responsabilidad, lo que haría derribar la imagen de familia perfecta que cultivan socialmente. Otro elemento obrante en la hoja de sentencias, es la cantidad de inasistencias registradas en el período evaluado. Este guarismo tiene como objetivo cuestionar a los padres por no tener mayor firmeza a la hora de consensuar inasistencias con sus hijos, pero también resultará valioso para la escuela para “explicar”, si es necesario, una de las razones por las que no ha alcanzado el niño los niveles esperados.  Los padres, mientras tanto, aceptan algunas culpas que no generaron, aceptan también la espada acusadora del instrumento inquisidor, debido a que es “el” documento a mostrar a la familia, orgullosa, cuando todas son loas. Todos hasta acá han recibido un rédito y una manera de control de las situaciones, pero ¿qué representa el boletín para el niño? Tanto el alumno que es exhibido por la escuela como ejemplar, como modelo a seguir, pero peor aún, aquel que es señalado por su “nopoermiento” o su inconducta,  siente en este dispositivo un ojo invasor, un panóptico impío, un invasor impropio, un “Dios castigador”, un arma peligrosa, un recordatorio de aquellas cosas que el sistema le señala como no cumplidas, según los cánones que la sociedad espera de él, especialmente sus padres. Es también el “prontuario” que le condena, el elemento personal, individual, que lo califica, lo acusa y lo compromete. Pero peor aun, es el que lo etiquetará por otro período completo, hasta su no esperado retorno, como quien ha faltado, se ha comportado fuera de las reglas o le “cuestan” los problemas de matemática, lo que equivale a decir que es un poco “tronco”. ¿Qué ha aportado este dispositivo interno de la escuela, creado para registrar las trayectorias de un grupo de “legajos” y alimentar las estadísticas requeridas por el Ministerio?; ¿En qué le beneficia para su aprendizaje este informe policial que le separa de sus amigos y quizá, hasta lo condena prematuramente? La respuesta es: En nada. Ese papel que le desnuda, intimida y avergüenza, ese manifiesto positivista que lo despersonaliza, que apunta a la motivación extrínseca, en detrimento de la motivación intrínseca, no habla de quien es él/ella en realidad. Son escasas las alusiones a las fortalezas del niño, como que si es un gran compañero y amigo, si es curioso, si se interesa en  profundizar los temas tratados, si sus preguntas enriquecen la clase, cuál es su estilo de aprendizaje, como se lo puede acompañar en casa en la construcción de su aprendizaje desde sus focos de interés, entre otros.

El boletín tiene como función ser un documento que legitime las decisiones y acciones tomadas por la institución escolar y donde se vuelcan los resultados de las evaluaciones, esas que le ponen tan nervioso porque no entiende las consignas o porque ante la presión “se le hace una laguna”, o porque le cuesta escribir y por lo tanto no logra expresar en forma escrita todo lo que ha aprendido.

Las tareas domiciliarias:

Sería muy extraño imaginar un docente que no aplique esta antigua costumbre de dar tareas domiciliarias. Pero, ¿a qué apuntan?; ¿qué se evalúa de ellas?; ¿a quién están dirigidas?; ¿a quién le sirve?

Un pedagogo ortodoxo, dirá de inmediato que existen aprendizajes que deben ser desarrollados y apuntalados con material y tiempo no disponible en la escuela. Pero, ¿esos saberes fueron realmente incorporados y experimentados en la escuela, para profundizarlos con material más complejo?; ¿es la motivación propia de los alumnos, la que los lleva a profundizar en los temas dados?; ¿Es la búsqueda de potenciar  la zona de desarrollo próximo cuando el mediador es su madre?; ¿quién o con quién se realizan esas tareas domiciliarias?.

Nos permitimos cuestionar estas prácticas, sabiendo que si el sistema se ha mantenido secular e ininterrumpidamente, será seguramente porque es beneficioso, pero beneficioso para quién? Si los padres no contaran con ese elemento, quizás no tendrían manera de controlar la actividad docente, los temas abordados y la propia evaluación de su hijo. Por su parte la escuela, “comparte” en cierto modo  la enseñanza con los padres y tendrá con quién compartir un desarrollo inestable en el aprendizaje.  Parecen otro de los  dispositivos vinculados al Poder.                                          Cuando  las tareas  logradas por el niño Y / O su madre, hermanos mayores o maestros complementarios, tiene calidad y cantidad, calificará al alumno de responsable y cumplidor, a la familia de comprometida con el desarrollo educativo y al sistema como exitoso. Pero cuando el hogar del niño carece de materiales, carece de los medios para un docente complementario, carece hasta de un espacio físico adecuado para la realización de las tareas y hasta carece de un adulto capacitado para la supervisión de la tarea, ¿el niño será irresponsable y sospechado de ineducable?; ¿la familia será juzgada de poco comprometida?; ¿la escuela habrá conseguido en quién volcar la génesis del problema de aprendizaje del niño?

Creo, como dije, que estos dispositivos tienen como objetivo un sentido utilitario y de control, aceptado por la tradición reproductora de modelos sociales, por los padres y el sistema en general. Creo también, que en tiempos en los que se habla y escribe sobre la subjetividad, el derecho de la infancia y la educación inclusiva, habrá que comenzar por revisar la verdadera conveniencia de estos elementos disciplinadores y por sobre todo, cómo repercute en el desarrollo del niño,  en su aprendizaje y en su calidad de vida.

SÍNDROME DE MUNCHAUSEN – CUANDO LAS MADRES FINGEN ENFERMEDADES DE SUS HIJOS

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Es casi más conocido el síndrome de Münchausen por el cual la madre provoca o hace fingir las enfermedades sobre si hijo . El síndrome de Münchausen es una enfermedad psiquiátrica, que se caracteriza por inventarse y fingir dolencias (o incluso provocárselas a sí mismo, mediante la ingesta de medicamentos o mediante autolesiones) para llamar la atención de los médicos, y ser tratado como un enfermo.

Causas, incidencia y factores de riesgo del síndrome de Münchausen

Este trastorno casi siempre involucra a una madre que abusa de su niño buscándole para él, o para ella misma, atención médica. Se trata de un síndrome raro, poco comprendido cuya causa es desconocida. La madre puede simular síntomas de enfermedad en su niño añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrando sustancias para inducir vómitos o diarrea.

También puede usar otras maniobras como infectar las líneas intravenosas para que el niño aparentemente o en realidad esté enfermo.

Estos niños suelen ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas que no parecen ajustarse a enfermedad clásica alguna. Con frecuencia, a los niños se les somete a exámenes, cirugías u otros procedimientos molestos e innecesarios.

En el hospital, la madre es muy colaboradora y apreciada por el personal de enfermeras por el cuidado que le da al niño. Comúnmente se la ve como devota y de una abnegación poco común, lo que hace poco probable que el personal médico sospeche el diagnóstico real. Sus visitas frecuentes también le dan fácil acceso para poder inducir más síntomas. Los cambios en el examen físico o signos vitales nunca son presenciados por el personal del hospital, pero casi siempre ocurren en presencia de la madre.

Síntomas para detectarlo

Los niños normalmente se presentan con una serie de dolencias que provienen de órganos diferentes. La revisión de los primeros 20 años de la condición describió 68 síntomas diferentes, señales, y resultados del laboratorio en 117 casos de Síndrome de Münchhausen, con aproximadamente 70% de síntomas inducido o ficticios que ocurren en el hospital.

Actualmente, se han informado más de 100 síntomas. Los más comunes incluyen el dolor abdominal, vómito, diarrea, la pérdida de peso, cólicos, el apnea, las infecciones, las fiebres, sangrando, envenenamiento y letargo. Un estudio informó las enfermedades múltiples en 64% de 56 niños del índice que eran víctimas de este mal.

Otros informes indican que algunos niños presentan del principio con un solo evento serio, como el episodio de apnea severo sin la historia anterior de fabricación.

  • Los síntomas del niño no se ajustan a ningún cuadro de enfermedad clásica o no concuerdan entre sí.
  • Los síntomas del niño mejoran en el hospital pero recurren al regresar al hogar.
  • La sangre en las muestras de laboratorio no concuerda con el tipo de sangre del paciente.
  • Evidencias inexplicables de drogas o sustancias químicas en el suero, en las heces o en la orina.
  • Comportamiento excesivamente atento y “voluntarioso” de la madre o el padre, lo cual puede levantar sospechas a la luz de otros hallazgos.
  • A menudo, la persona está involucrada en un campo de la salud, como la enfermería.
  • Fingir enfermedades, lesiones y otras condiciones “patológicas”, sin causa demostrada.
  • Evidencias de muchos procedimientos (cicatrices, resultados de exámenes, etc.)
  • Comportamiento agresivo, fuera de las reglas normales de conducta, “elusivos y truculentos”.
  • Antecedentes de múltiples atenciones e ingresos en muchos hospitales.
  • Altas de los hospitales a petición, o antes de lo recomendado.

Las madres con síndrome de Münchausen causan daño deliberadamente a sus hijos y luego mienten sobre el origen de las extrañas dolencias para satisfacer su enfermiza necesidad de llamar la atención, a veces para salvar su matrimonio o ganarse la simpatía de los demás apareciendo como víctimas.

En el hospital infantil Children’s Health Care de Scottish Rite, Atlanta, los doctores no lograban encontrar respuesta para los repetidos ingresos en el centro de niños con inexplicables enfermedades crónicas. El doctor David Hall, director del estudio, decidió hace cuatro años, instalar cámaras ocultas en 41 habitaciones con casos sospechosos.

Había por ejemplo niños que padecían infecciones bacterianas que durante meses eran resistentes a cualquier tratamiento. Las cámaras revelaron que la causa era la orina que sus madres les inyectaban a través de los catéteres intravenosos por los que les administraban los medicamentos.

La edad promedio de los niños era de 2 a 3 años, y de no haber sido por las cámaras ocultas muchos podrían haber muerto. En varias ocasiones, el equipo que controlaba los vídeos alertó a las enfermeras para que entraran en las habitaciones. Las madres paraban lo que estaban haciendo.

La enfermedad mental de Münchhausen es causa de muchas muertes infantiles en todo el mundo, sin embargo, todos advierten que es imposible dar con la cifra exacta, dada la dificultad con la que frecuentemente se topan los especialistas para diagnosticar el síndrome.

Cómo tratar el síndrome de Münchausen

Una vez reconocido el síndrome, es necesario proteger al niño y retirarlo del cuidado directo de la madre, a quien se le debe ofrecer ayuda más que acusarlo. Dado que esta es una forma de abuso infantil, se debe notificar del síndrome a las autoridades. Lo más probable es que se recomiende terapia psiquiátrica para la madre. Sin embargo, dado que este trastorno es raro se conoce muy poco sobre tratamientos efectivos.

Escrito por Mariaisabel Alcarraz

ACV: Saber de que se trata.. por el Dr. Facundo Manes.

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Enlace para leer artículo completo en:

ACV: Saber de qué se trata

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