EL ABUSO SEXUAL INFANTIL Y SU IMPACTO EN EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO – Por Silvia Pérez Fonticiella y Mario Valdez

abuso

En situaciones de abuso sexual, el niño no posee la capacidad de  discernir con claridad sobre cuestiones de la realidad que desconoce, mucho menos cuando el abusador pertenece al círculo íntimo afectivo. El abusador manipula y confunde las referencias incorporadas del niño, a través de acciones e interacciones que no podrán ser asimiladas ni elaboradas, por lo que quedará inmerso en acciones pertenecientes a una forma de realidad que desconoce y que desviarán el normal desarrollo cognitivo; las consecuencias de estas acciones no asimiladas, dependerán de la etapa de desarrollo en la que el niño se encuentre al momento de ser abusado.

Cuando las acciones de abuso se producen en una etapa anterior a la edad de ocho años, será factible observar en el niño dificultades en la capacidad de establecer vínculos causales y una alteración de las etapas del desarrollo cognitivo. Es decir que los mensajes que constituían sus referencias para la elaboración del pensamiento, serán ahora contradictorios y sin la posibilidad de asimilar y acomodar, en términos de evolución piagetiana de la inteligencia.

Es importante tener en cuenta que el abusador es siempre portador de un mensaje conminatorio y a la vez negociador, siempre en procura de obtener el resultado esperado.  De esta forma perturba la jerarquía de los vínculos e induce al niño a errores de percepción, discriminación y juicio. El niño abusado, por otra parte, queda apresado en esta zona de significantes que no logra procesar y en general, presenta por ello dificultades para comunicar esta situación. Es por ello que muchas veces consiente la prosecución en el tiempo de estas conductas, pero la pasividad involuntaria puede explicarse por la influencia psíquica que ejerce el abusador, favorecido por el carácter de referente vincular que utiliza para su fin. Estas acciones dejan profundas heridas narcicistas y un sentimiento de injusticia a menudo irreparable.

El médico psiquiatra Reynaldo Perrone expresa que el abusador interviene de manera pragmática sobre tres áreas específicas, para provocar esta modificación de la conciencia del niño:

Para provocar este estado modificado de conciencia, el abusador interviene de manera pragmática sobre tres áreas: La identidad, a través de la efracción: se produce cuando el abusador penetra en el mundo del niño, tanto a nivel simbólico como real. La ruptura se desarrolla en su mundo fantasmático, en su espacio de niño (sus juegos, su habitación, su cama, su intimidad) así como en su cuerpo (tocamientos, caricias, masturbación, penetración), materializándose cuando existe coito. La efracción deja huellas más o menos indelebles, según la edad y la organización del pensamiento: si el vínculo causal no está elaborado, la experiencia psico-afectiva del abuso será congelada en la inmediatez sin emergencia de un juicio sobre lo vivido.

El cuerpo, a través de la captación: implica las vías que llevan directamente al aparato sensitivo y sensorial del sujeto. La apropiación del otro se hace por medio de la inmovilización y de la privación de su libertad. Las tres vías utilizadas son el tocamiento, la palabra y la mirada.

El tocamiento comprende todo tipo de gestos “indescifrables” que van desde la caricia tierna hasta los tocamientos con connotaciones sexuales, enmascarados siempre por la coartada de una amable dedicación. En estas condiciones, el niño no puede jamás clasificar las acciones de su abusador.

Con la palabra como vector de información y de categorización de la relación, el lenguaje presenta anomalías lógicas y está puesto al servicio de la mistificación y de la tergiversación de significados. Las palabras acompañan a las acciones, a los actos, tanto para distraer como para paralizar o inducir a error. Se refieren a numerosos campos semánticos diferentes, sin que el destinatario pueda decodificar correctamente a cuál de ellos pertenece.

Finalmente la mirada, como experiencia subjetiva perturbadora cuando transmite el deseo, la repulsión, la violencia, la nada o la muerte. Hay que señalar que todos los testimonios hablan de perturbaciones profundas provocadas por la mirada del abusador.

El psiquismo, a través de la programación, es organizado con el propósito de responder a las exigencias de quien ejerce la violencia sexual. Se trata más bien de una transferencia unidireccional de consignas y no de un aprendizaje interactivo. A través de la programación se transmiten los comportamientos que aparecerán posteriormente como pertenecientes al sujeto. Así podemos citar la erotización del cuerpo, la necesidad de proseguir la relación establecida con el abusador, el secreto, el pacto, la convicción de responsabilidad, el sentimiento de fatalidad, la vergüenza. La programación es la responsable de las retracciones, del silencio, de la aparente complicidad, de la excitación sensorial, de todas las contradicciones y paradojas que se manifiestan a través del comportamiento de la víctima. (1996:136)

Es dable encontrar que en niños que han sido víctimas de abuso sexual, las estructuras operatorias están profundamente alteradas. El inmovilismo en el que se sitúan estos niños, relega indefectiblemente la posibilidad de pensamiento operatorio. El pensamiento desarrollado se refiere sólo a los estados y las configuraciones; es estático y no reversible. Al no poder desarrollar la causalidad, la realidad se reduce a una sucesión de cuadros que se suceden sin vínculos entre ellos. Así emerge el pensamiento llamado figurativo. En consecuencia, si un niño ha sufrido perturbaciones por abuso, antes de los 6 años, su modo de aprender la realidad será deficitario, ya que operará una fijación en el pensamiento egocéntrico, sin la posibilidad de descentralización y en consecuencia, no tendrá la posibilidad de comparación y discriminación. En los años sucesivos, el niño guardará esta experiencia en forma fragmentada, revestida de un confuso sentimiento de culpa.

Para finalizar, es importante remarcar que, aunque cese el abuso, los trastornos provocados por el traumatismo del niño, tanto a un nivel afectivo como cognitivo, no desaparecen, por lo que es necesario procurar una intervención terapéutica y educativa, para evitar las secuelas posteriores y procurar la re-estructuración del pensamiento.

Autor: IINNUAR INVESTIGACION DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO PSICOPEDAGOGÍA, NEUROPSICOLOGÍA, PSICOLOGIA, PSICOSOCIOLOGIA, NEUROLOGÍA

Diagnóstico , Tratamientos, Clínica individual e institucional : Neuropsicología - Psicopedagogía. Sociología clinica- Neurología - Consultoría Capacitación profesional Interconsulta y Supervisiones de Casos Clínicos . Asesoramiento y dirección de Tesis - Especialistas en aplicacion de NTics a la Educación. Cambridge Teaching with ICT award Investigación Consultoria Diagnóstico Tratamientos Evaluación Neuropsicológica - Estimulación Cognitiva Consultorio presencial y on-line

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