¿Niños hiperactivos o adultos intolerantes? Saber entender y respetar la singularidad antes de etiquetar. Por Silvia Pérez Fonticiella

niños riendo

Dice el Zorro:  “Domestícame!!”

¿Y qué hay que hacer para domesticarte? dijo el principito.

principito y zorro 1

Hay que ser muy paciente – respondió el zorro.  Te sentarás al principio un poco lejos de mi, allí en la hierba. Te miraré de reojo y no digas nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada dia, podrás sentarte un poco más cerca.

Al dia siguiente volvió el principito.

-Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a que hora preparar mi corazón.

El Principito. Antoine de Saint-Exupery, 1980.

Este fragmento de una escena de encuentro, entre el zorro y el principito, nos evoca una serie de imágenes propias del niño que hoy día llamamos “hiperactivo”. El zorro prefiere una comunicación entre ellos no verbal: “las palabras pueden llevar a malentendidos”; del mismo modo, algunos niños no logran expresar correctamente en forma verbal lo que piensan y sienten; esto provoca fuerte frustración en los adultos por no entenderlos y considerarlos rebeldes o mal intencionados.

El zorro pide que lo domestiquen, pide que lo ayuden a adaptarse a un mundo de reglas, a cumplir objetivos, a poder planificar acciones y a tener conciencia de las consecuencias de las mismas, pide constancia  en el manejo del tiempo.

Esta demanda del zorro tiene relación con algunas de las condiciones que presentan la gran mayoría de los niños y adolescentes que son diagnosticados como  TDAH, (Trastorno de déficit atencional con hiperactividad), reconociendo una base neurobiológica que se entiende como una  disfunción de la corteza cerebral prefrontal-frontal, una alteración de las Funciones Ejecutivas y determinados patrones conductuales.

Pensemos ahora, en un niño cuyo relato de los papás se caracteriza por impulsividad, torpeza motriz, “estar en la luna”, romper o perder cosas, rebelarse ante las pautas familiares, “ser contestador”, y que comenzará su etapa de socialización secundaria, es decir la escolarización. Enfrentarse a un ambiente nuevo, el escolar, donde hay personas que no conoce, donde existen normas y deberes que cumplir y en el cual  la atención voluntaria y el ajuste y regulación de su conducta cumple un papel importantísimo.

La maestra explica, y el niño intenta escucharla, pero al mismo tiempo no logra abstraerse de lo que hacen sus compañeros, de los ruidos que vienen de la calle, de sus intereses particulares, de sus ganas de hacer otras cosas, de sus “tentaciones” de molestar y subertir el status quo del aula. Terminar sus trabajos, organizar las tareas, no perder los materiales, regular su conducta parecen ser desafíos muy grandes para este niño.

Si sumamos hiperactividad, a la dificultad para sostener la atención de acuerdo a lo esperado por los tiempos escolares, el niño se puede presentar como un torbellino de movimiento que va haciendo desastres a su paso. En la primaria, es más común verlo moverse en el asiento, agitando pies, manos y hablando en forma casi constante. En el recreo, no participa de los juegos adecuadamente, quiere imponer su voluntad, no respeta turnos, esto hace que tenga mala relación con los otros chicos y sea mal aceptado por el grupo. En general los docentes hacen enormes esfuerzos para “seducirlos” de modo que se incorporen a la dinámica áulica, que procuren finalizar al menos una de las propuestas temáticas del día, y sobre todo que no desaten un caos en la clase.

En la casa, los papás señalan que es inteligente y capaz para lo que él quiere,  desobediente y rebelde, desprolijo, distraído, e interpretan que hace todo esto porque es un “sinvergüenza” o comentan que “el padre era igual”, ambos enunciados presentados a modo de sentencia que parece posicionar al chico en un lugar del que nunca podrá salir.

¿Cómo ayudar a ese niño a adaptarse a estos ámbitos que le devuelven una imagen tan negativa de sus posibilidades y competencias?

¿Cómo lograr que adquiera pautas de autorregulación de su conducta, que contenga sus reacciones abruptas e impulsivas, que supere su apatia, y que  organice su tiempo?

El primer paso, es realizar un diagnóstico acertado de que causa en el niño esa conducta que linda con los disruptivo. El diagnóstico es complejo y requiere de la intervención de profesionales formados  tanto en áreas de la salud como de la educación con abundante experiencia clínica, ya que síntomas y signos similares pueden deberse a múltiples causas: psicológicas, biológicas, sociales.  Se ha constatado en los últimos años, un elevado número de chicos mal diagnosticados, etiquetados como TDAH, y hasta un uso descontrolado de medicación indicada por personas o profesionales no autorizados científica y legalmente para hacerlo.

Luego de realizar una valoración Clínica cualitativa y cuantitativa que modernamente se realiza dentro del marco de una evaluación neuropsicológica, y habiendo llegado a un diagnóstico positivo de TDAH, se pasa a elaborar un programa integral de medidas terapéuticas basadas en un enfoque bio-psico-social y a medida de la persona, sin “abrazarnos” dogmáticamente a modelos o recetas.

Esto implicará un compromiso por parte de  los profesionales a cargo del tratamiento del chico, asi como de los docentes y los padres, aunando voluntades y conocimientos para apoyarlo sobre todo en la modificación de su actitud ante la vida, en la revisión de sus estrategias de toma de decisiones, de enfrentamiento de conflictos y en el desarrollo conjunto de las adecuaciones cognitivas, conductuales, socio-emocionales, pedagógicas  y farmacológicas que sean necesarias, las  que requerirán ser evaluadas y ajustadas en determinados lapsos de tiempo, procurando mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno.

Este úlitmo punto es muy importante, las estrategias de trabajo que han dado buenos resultados para un período de tiempo, primeros meses, primer año de tratamiento, primer ciclo escolar, pueden ya no resultar efectivas para el siguiente período porque cada ser humano, especialmente en la infancia y adolescencia,  cambia, evoluciona, aprende y reacomoda sus estructuras cognitivas y afectivas a través de cortos períodos de tiempo. Con frecuencia, también puede resultar necesario cambiar de profesional,  porque también la empatía, “la conexión” del chico con su terapeuta puede cambiar, y conocemos muy bien el valor y el rol que cumple la “Transferencia” (en términos psicoanalíticos), en la posibilidad de intervenciones efectivas sea docente-alumno, terapeuta-paciente.

Es muy importante que los profesionales a cargo tengan frecuentes reuniones con los padres y los docentes de modo de retroalimentar el programa de tratamiento  creado “a la medida de ese niño”, respetando su modalidad de aprendizaje, sus necesidades de afecto, su singularidad.

De nuestra larga experiencia clínica con los chicos, niños, adolescentes, y sus familias,  podemos decir  que  es fundamental  construir  un camino de recorrido juntos, profesionales, niños, familia y docentes, establecer puentes, no temer las “paradas ” en el trayecto, incluso alguna vuelta atrás,   siendo necesario re-inventar el vínculo y  sabiendo poner límites con firmeza pero con afecto;  de este modo veremos que teniendo tolerancia y paciencia como pide el zorro:

“…la persona crece y al madurar, puede descubrir que las mismas cosas que le crearon tantos problemas en la infancia, eran justamente los rasgos que la condujeron a tener éxito en la vida adulta”.

Prof. Silvia Pérez Fonticiella.

Lic. Psicología

Lic.Psicopedagogía

Ing. de Sistemas

Especialista en  Neuropsicología.

CONSULTORA EN NEUROCIENCIA COGNITIVA.

NEUROCIENCIAS ARGENTINA

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“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…. “

Antonio Machado

Autor: IINNUAR INVESTIGACION DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO PSICOPEDAGOGÍA, NEUROPSICOLOGÍA, PSICOLOGIA, PSICOSOCIOLOGIA, NEUROLOGÍA

Diagnóstico , Tratamientos, Clínica individual e institucional : Neuropsicología - Psicopedagogía. Sociología clinica- Neurología - Consultoría Capacitación profesional Interconsulta y Supervisiones de Casos Clínicos . Asesoramiento y dirección de Tesis - Especialistas en aplicacion de NTics a la Educación. Cambridge Teaching with ICT award Investigación Consultoria Diagnóstico Tratamientos Evaluación Neuropsicológica - Estimulación Cognitiva Consultorio presencial y on-line

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